Si la educación importa, clases este verano y eliminemos los feriados

Edgardo Zablotsky

Por Edgardo Zablotsky

Clarín 5 de Diciembre de 2020

En febrero 2020 la educación argentina se encontraba frente a la crisis más importante de su historia. Los resultados de las evaluaciones PISA o de cualquier otra que el lector prefiera recordar así lo atestiguan. El coronavirus, el consiguiente cierre de las escuelas durante todo el año y las consecuencias que habrá de generar, nos pone a la puerta de una crisis terminal. Por ello, si la educación nos importa, no es posible perder un solo día más. El camino más largo comienza por el primer paso, es hora de darlo.

¿Cómo? Comencemos por utilizar este verano, aprovechando que la pandemia nos ha dado un respiro y eliminemos los feriados, de tal forma de no desaprovechar potenciales días de clase, lo cual frente a la tragedia que vivimos constituye un lujo que no podemos darnos. Veamos, para ilustrar su factibilidad, un par de ejemplos de otras latitudes.

Tres años atrás, en agosto de 2017, una nota del Jordan Times reportaba que miles estudiantes se encontraban matriculados en Jordania en el Programa de Escuelas de Verano, administrado por el Ministerio de Educación y apoyado por UNICEF, con el objetivo de proporcionarles clases adicionales para completar el año académico a los niños que habían perdido el primer semestre, en muchos casos por ser refugiados en virtud de la guerra en Siria.

El mismo ofrecía, durante dos meses, clases en todas las materias del plan de estudios jordano, de acuerdo a sus niveles académicos, con el fin de ayudar a los niños a pasar al siguiente grado mediante la aprobación de un examen que se llevó a cabo al terminar el verano.

La Ciudad de Buenos Aires desarrollará actividades consistentes con esta lógica mediante las denominadas Escuelas de Verano. ¿Por qué no replicarlo en todas aquellas regiones de nuestro país en las cuales el clima lo permita y apoyar a muchos chicos y jóvenes que sin duda lo requieren? ¿Complicado? Para nada, tan sólo es necesario tomar la decisión política de hacerlo.

¿Por qué no eliminar también los feriados y de tal forma ganar días de clase? No es una locura, en Holanda, por ejemplo, el Día de la Liberación de las atrocidades del régimen nazi, uno de los días más importantes de su historia, fue celebrado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta 1990 tan sólo una vez cada cinco años y, desde entonces, si bien se celebra anualmente, continúa siendo Feriado Nacional solamente cada cinco años.

Retornemos a nuestro país. En 2020, las escuelas primarias de la CABA, por ejemplo, tuvieron 14 días sin clases por feriados, sin tomar en cuenta los feriados religiosos, las vacaciones de julio, ni los cuatro días sin clases en virtud de jornadas del Espacio de Mejora Institucional (EMI). Para 2021, por fortuna, varios feriados caen en fin de semana, por lo cual serían 10 los días sin clases, a los cuales hay que agregar los feriados religiosos, las vacaciones de invierno y las jornadas EMI, las cuales podrían ser llevadas a cabo fuera de las horas de clase.

¿No sería preferible que durante varios años eliminemos todos los feriados no religiosos y que los niños y jóvenes realicen actividades alusivas en el horario escolar? Me imagino a Sarmiento afirmar que desearía que no hubiese ningún acto en su memoria, que ni siquiera un niño argentino recordase su existencia, antes que privarlo de un solo día de clases.

Dos simples iniciativas para considerar. Si la educación nos importa, no perdamos un día más, la vida futura de muchos chicos y jóvenes depende de las decisiones que hoy tomemos.

Edgardo Zablotsky es Miembro de la Academia Nacional de Educación y Rector de UCEMA

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