La Argentina de Alberto en un mundo (des)ordenado

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Por Mariano Turzi

Clarín. 6 de diciembre de 2019

El mundo hoy estira los límites conceptuales: el constructor del orden internacional liberal de posguerra es el principal proteccionista, el régimen comunista más grande del planeta se aparece como el principal defensor del libre comercio, el proyecto cosmopolita más grande y profundo se desintegra bajo la polarización de sus sociedades y las naciones de la Patria Grande son fagocitadas por sus propios fantasmas internos.

Tomemos dos dimensiones para pensar el lugar de la Argentina de Alberto que nos ofreció hace tiempo ya Helio Jaguaribe: permisibilidad internacional y viabilidad nacional. A nivel internacional, la democracia es asediada por liderazgos extremistas, iliberales o antisistema, el comercio internacional amenazado por el aislamiento, la integración regional jaqueada por el separatismo desde arriba y la impugnación desde abajo y la estabilidad global desequilibrada por la amenaza de guerra convencional, no convencional y nuclear. A la inestabilidad política global se suman las inseguridades o “amenazas sin enemigos”: crisis económicas prolongadas, desastres naturales, pobreza persistente, epidemias y falta de acceso a agua, alimento, energía y vivienda.

En el plano regional, también la permisibilidad estará fuertemente restringida: por medio de las urnas (Argentina, Uruguay), los conflictos entre poderes (Perú, Paraguay) o a través de la fuerza (Bolivia, Chile, Ecuador, Venezuela), las impugnaciones a los gobernantes se extendieron por toda América Latina. A todo esto se suma un escenario político brasileño incierto con la liberación de Lula. La integración con Brasil ha fijado el modelo de desarrollo nacional, estabilizando la inserción internacional y morigerando las diferencias relaciones regionales. ¿Quiénes serán los interlocutores en la región de Alberto Fernández? ¿Cuáles serán los límites y alcances de la cohesión de ideas, intereses e instituciones sobre las cuales poder asentar un mínimo de coordinación regional? Las respuestas a estas preguntas son de crítica importancia para: diseñar e implementar estrategias de posicionamiento y negociación con China, Estados Unidos, la Unión Europea; definir posiciones y resistir presiones de manera conjunta en foros internacionales como el G-20 o Naciones Unidas.

La incertidumbre global e inestabilidad regional perfilan para el gobierno del Frente de Todos amenazas estratégicas concretas que habrá que sortear. La creciente competencia entre Washington y Beijing puede transformarse en confrontación en 2020. Aún si el conflicto no escala entre ellos, el deseo de mantener la ventaja llevará acciones retaliatorias, como la imposición de aranceles a Brasil y Argentina por parte del presidente Trump en diciembre de 2019. La interdependencia de la hiperglobalización aumenta la probabilidad de “cisnes negros”: eventos de baja probabilidad pero alto impacto. Así, los sectores productivos y los actores dirigentes verán impactadas sus estrategias de modo inesperado y disruptivo en lo que constituirá la nueva normalidad del (des)orden económico internacional.

 

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