Los objetivos y recursos de los nuevos ministros

Diana Mondino / UCEMA

Por Diana Mondino

Clarin. 17 de diciembre de 2019

Una vez nombrados, los nuevos ministros y sus equipos deben entender qué se ha hecho y porqué, qué queda por hacer y cuantas de las decisiones tomadas hay que mantener, suspender o acelerar. Nadie puede quedarse quieto. Todos deberán trabajar intensamente para coordinar las actividades. Especialmente, deben reconocer cual es el verdadero objetivo de su gestión.

Los ministerios cuentan con algo parecido a un presupuesto que es la herramienta fundamental para ver qué recursos se disponen en cada área. Los gobernadores participan mucho en su armado, por lo que todo cambio implica una negociación.

El presupuesto ha mejorado mucho –al menos es más completo- respecto a lo que pueda recordar Alberto Fernández de su anterior gestión. La complementariedad entre varios ministerios es la forma elegante de decir que hay laberintos burocráticos que aún no han desaparecido. Lo mismo cabe a cada provincia.

Para determinar los objetivos es importante reconocer que la principal restricción es de fondos. Si mantenemos el déficit, ¡necesitamos más fondos! Haya o no renegociación amigable de la deuda, a estas alturas será imposible lograr equilibrio fiscal por lo que hay que reducir gastos. Descarto que pueda aumentarse la presión impositiva, y la idea de aplicar retenciones es sencillamente ingenua. Con retenciones los fondos que recibirán los exportadores serán menores por lo que difícilmente puedan subir los salarios reales de sus empleados o pagar mejor a sus proveedores.

En otros términos: todo lo que se recaude por retenciones lo pierde el sector privado en su conjunto y no solamente los exportadores. Si cuentan con menores ingresos toda la cadena de valor se resiente. Nada nuevo bajo el sol: todo lo que se paga de impuestos –ojalá bien utilizados- son menores recursos para las personas y empresas.

Para poder negociar la deuda es indispensable poder comprometer cierto flujo o nivel de pagos. El ministro que deba negociar la deuda tiene que tener la seguridad que los demás ministerios gastarán menos y modificarán sus complejas regulaciones para que la economía se saque la mochila de piedras que la agobia y pueda crecer. Sin crecimiento ningún nivel de deuda es sostenible.

Este crecimiento se puede dar por todos o cualquiera de los 4 componentes del PBI: consumo, inversión, gasto, y/o saldo comercial. Convengamos que es difícil que aumente el consumo con un nivel bajo de salario real, que habiendo tanta capacidad ociosa habrá pocas inversiones y sólo en determinados sectores, y que el gasto público debe reducirse.

Sólo las exportaciones pueden crecer con el beneficio adicional que en todas las provincias argentinas hay excelentes oportunidades de exportación. Recordemos que para exportar es indispensable que también las provincias y municipios eliminen barreras arcaicas y costosas.

El verdadero objetivo de la gestión debiera ser enfocarse en reducir gastos y apuntalar exportaciones. Tendremos así buenas posibilidades de crecer, honrar nuestras deudas (algún día) y mejorar calidad de vida de todos reduciendo la pobreza. Concentrarse en esos dos objetivos ayudará a tomar decisiones para que Argentina salga de su laberinto.

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