El factor humano en el agro argentino

Marcos Gallacher

Por Marcos Gallacher

Clarín 20 de Diciembre de 2020

El autor afirma que una mayor inversión en capital por trabajador resulta en mayor productividad y en mayor bienestar para la población.

Existen enormes diferencias en la intensidad de uso del factor trabajo en distintas producciones. En las extensivas (trigo, soja, maíz) el costo laboral representa menos del 5-8 por ciento de costo total, valor que aumenta a 50 – 60 por ciento o más en las intensivas como las hortalizas y algunos frutales.

El grado de especialización requerido para distintas producciones también varía mucho e incluye desde tareas relativamente simples hasta otras de considerable complejidad. Algunas tareas son “generales” en el sentido que pueden eventualmente ser realizadas (con algún entrenamiento) por alguien ajeno al sector, otras en cambio son altamente específicas y requieren habilidades que solo se obtienen luego de considerable experiencia práctica (por ejemplo, trabajo en ganadería de carne o tambo). La relativa especificidad de las distintas tareas define el grado en que la empresa agropecuaria puede eventualmente incorporar trabajadores cuya experiencia es ajena al sector.

Algunas habilidades “se van perdiendo” y serán cuellos de botella en el futuro. A diferencia de lo que ocurre en otros sectores de la economía argentina el sector agropecuario muestra sostenidos incrementos en la productividad laboral a lo largo del tiempo. En las dos décadas comprendidas entre el 2000 y el 2020, la producción de los principales granos aumentó un 80 por ciento, mientras que el número de trabajadores ocupados empleado en producción primaria se redujo en aproximadamente 30 por ciento. Como resultado de lo anterior, la producción por trabajador se más que duplicó, cifra de enorme magnitud. Para poner este resultado en perspectiva, imaginemos cual sería hoy la producción argentina si en lugar de haber experimentado un estancamiento en la producción por persona, esta fuera más de dos veces superior a la de hace 20 años.

Varios factores explican los incrementos de productividad laboral. Uno de ellos es el “cambio tecnológico”, entendido este como el aumento generalizado en la productividad. Otro es la sustitución de trabajo por distintas formas de capital. Pese a los vaivenes ocurridos en la economía argentina, datos de los Censos Agropecuarios 2002 y 2018 indican que entre estos años el stock de maquinaria se incrementó un 8 por ciento en la región pampeana, y un 10 por ciento en la región extra-pampeana. Mayor stock de capital y (especialmente) cambios en el tipo de capital (aumento en el tamaño medio de las máquinas) permitieron considerables ahorros en lo relativo al factor trabajo.

¿Qué impacto puede tener el incremento en el precio del trabajo en relación al del capital en cuanto a la cantidad de trabajo y capital empleado? Estimaciones realizadas en la UCEMA muestran que la “elasticidad de sustitución” entre capital y trabajo oscila entre 1 y 2 lo cual indica que un 10 por ciento de aumento del precio del trabajo en relación al capital resultará en un aumento de entre el 10 y el 20 por ciento en la cantidad de capital empleado por trabajador.

Pese al pobre desempeño de la economía argentina, para los trabajadores del sector la historia reciente (período 2000-2020) muestra incrementos reales de remuneración de más de 30 por ciento. Este hecho lleva a las empresas a aumentar la cantidad de capital empleado por trabajador.

Para algunos observadores la sustitución de capital por trabajo es vista como una amenaza -- el temor es al desempleo generalizado. Este temor es infundado: el desempleo es resultado de mal manejo económico y (en especial) de rigidez en el funcionamiento del mercado laboral. Alta litigiosidad y baja flexibilidad en las formas de contratación atentan contra la creación de empleo.

En contraste con lo anterior, mayor capital por trabajador resulta en mayor productividad y – en última instancia – mayor bienestar para la población. La solución no es mantener empleo de baja productividad, sino invertir capital y eventualmente ayudar a que trabajadores migren de empleos de menor a otros de mayor productividad. Este, en última instancia, es el “secreto” del desarrollo económico y de la reducción de la pobreza.

Nota de redacción: el autor es profesor de UCEMA

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