Por qué Argentina integra el G20

El detrás de escena de cómo el país accedió a un club de poderosos

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Entrevista a Roque Fernández. Clarín. 29 de noviembre de 2018. 

“No movimos ni un dedo para ingresar al G20. Nos invitaron”.

Eso lo primero que se le viene a la cabeza a al exministro Roque Fernández cuando se le pregunta lo que a muchos se les cruza por un instante en estos días de la cumbre del G20 en Buenos Aires. ¿Cómo llegó un país como Argentina a un club donde están los más poderosos del mundo? ¿Qué miraron los organizadores o tuvieron en cuenta? ¿El tamaño del PBI, algún compromiso que hizo la Argentina? ¿Qué fue?

Por un lado, hoy la pertenencia de Argentina en el G20 parece algo lejana. Su economía enfrenta desafíos macroeconómicos que el resto de sus miembros superó. Y la principal alternativa política al gobierno de Mauricio Macri en 2019, Cristina Kirchner, es crítica de estos foros y lugares de encuentro. El país bajo el mandato de los Kirchner siguió ligado al grupo pero con un rol más secundario que cuando Argentina había sido invitada por Estados Unidos a fines de los noventa.

Por otro lado, el país manifiesta hoy en día una visión sobre la globalización más en línea con la del resto, o al menos, a la que exhibía su mayoría previa llegada de Donald Trump o Theresa May. Macri, desde ese aspecto, no desentona en el G20. Ni en términos de cómo piensa la administración de su país ni en resaltar las virtudes del libre comercio como mecanismo de prosperidad.

Precisamente esto último explica no sólo el rol de Argentina este fin de semana. También cómo Argentina entró al G20: una señal de las potencias a las políticas de Carlos Menem de haber integrado la economía argentina al mundo a través de la apertura comercial y la globalización financiera de los 90.

También vale poner en perspectiva lo siguiente. Resulta que había sido tal la magnitud de aquel acercamiento de Menem al mundo financiero que, en la antesala de su reelección en 1995, los capitales empezaron a huir y la Argentina salió disparada a los brazos del FMI para firmar un acuerdo. ¿Le suena? Fue hace 23 años y se llamó efecto Tequila. Similar a lo que vivió la Argentina hace unos meses: una crisis en la balanza de pagos. 

El FMI prestó dinero, Menem ganó y Argentina siguió con sus reformas estructurales. Para el mercado el país había pasado un test. Corría el año 1997.

Sin embargo los sacudones en el mundo financiero a escala global no cesaron. México, Tailandia, Rusia. Entonces Estados Unidos dijo basta porque si la situación seguía así los paquetes de ayuda saldrían costosísimos y los riesgos de contagio, como por ejemplo con la Argentina, irían en incremento. Según el ex secretario de Finanzas Guillermo Nielsen la Argentina fue invitada a integrar el G-20 "no por virtud sino por defecto: el excesivo endeudamiento que había acumulado y el riesgo que ello conllevaba para las economías emergentes".

El tiempo le daría más tarde la razón a Washington. Cuando Argentina dejó de pagar la deuda (default de 2002), el G-20 cumplió un rol. "El G-20 fue clave en la negociación de las salida del default y del canje del 2005 y aunque trabajoso, nos permitió llevar nuestro punto de vista a quienes le dan las instrucciones al FMI", cuenta Nielsen, quien recuerda teleconferencias todas las semanas con los países en los años más críticos del default.

Larry Summers fue la pieza clave para armar un primer bloque que abrazara al G7 y a los países emergentes luego de la crisis financiera de México”, recuerda Roque Fernández.

Eso que cuenta el ex ministro de Economía data ya hace más de 20 años. En 1997, Summers era el subsecretario del Tesoro. Luego sería su secretario. “Summers y su jefe, Robert Rubin, convencieron a Bill Clinton de que otra crisis como la mexicana podría llegar a tener consecuencias severas sobre la estabilidad de los mercados financieros. Fue así”.

Hoy Fernández da clases en el CEMA. Recuerda mucho de aquellos diálogos y el armado del grupo. Una cosa es hablar y enseñar economía. Otra muy distinta hacer política económica. “El armado del G20 no fue inmediato. Su construcción llevó tiempo”.

Fernández nombra al arquitecto por el lado argentino. Alguien que también hoy se desempeña en la academia. Pablo Guidotti, profesor de la UTDT. Por aquel entonces era el secretario de Hacienda y uno de sus asesores era Nicolás Dujovne“Los ministros de Economía de los países que se reunían en ese momento se parecían más a lo que era Guidotti que lo que era yo”, dice Fernández, en referencia a los perfiles técnicos que ya reclutaba aquel grupo en sus inicios.

En esas primeras reuniones técnicas de lo que después sería el G20 trabajaron figuras que manejaron luego y aún manejan los hilos de las finanzas globales. Por ejemplo Timothy Geithner, un asesor de Summers que años más tarde sería el secretario del Tesoro de Barack Obama. Geithner recopiló la lista y variables para cada país integrante. También Mario Draghi, hoy presidente del Banco Central de Europa, entonces representante del gobierno italiano en la antesala del G20 que era más bien un G22.

En un trabajo sobre la evolución del G20, Guidotti cuenta que la primera cita no fue un G20 sino un G22. Se reunió por primera vez en 1998. Y después un G33. “El grupo fue compuesto por las principales economías avanzadas y aquellas emergentes relevantes desde el punto de vista sistémico.

El grupo nació y se desarrolló al calor de las crisis financieras de los 90 de manera tal que se conformó de manera informal y enfocado exclusivamente en tratar cuestiones financieras. El G20 no tiene un estatuto o un reglamento. Sus declaraciones no funcionan por votación sino por consenso.

En septiembre de 1999, Bill Clinton encabezó la primera reunión de lo que aún era el G22 de ministros de Economía y responsables de los bancos centrales. Fue en Washington, en paralelo a un evento del FMI. Argentina fue representado por Roque Fernández y Pedro Pou, entonces titular del BCRA.

Pasarían diez años para que los presidentes corrieran a los economistas del podio y se subieran ellos. Fue cuando quebróLehman Brothers, Wall Street cayó y la economía global registró la peor depresión desde 1930. Eso fue en 2008. Desde entonces, las reuniones del G20 ya no reúnen sólo a los ministros de Economía sino a los líderes de los países. Y el rango de temas se amplió a cuestiones climáticas, derechos humanos, igualdad de género y crisis humanitarias. Hoy el G20 atiende cuestiones más geopolíticas que económicas-financieras.

“Argentina se arrimó al G20 por los valores y criterios de una economía de occidente”, recuerda Roque Fernández. La paradoja es que al G20 parece costarle cada vez más representar aquellos valores de occidente que Fernández señala y dieron origen al grupo en los 90.

 

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