Un mundo sin superhéroes y con muchos villanos

Mariano Turzi

Por Mariano Turzi

Clarín 31 de Octubre de 2020

A la superposición de explicaciones contradictorias se suma una creciente confusión entre hechos y opiniones, saber y poder, debate y disenso, intelectuales e ideólogos, académicos y adalides. ¿Y ahora quien podrá defendernos?

¿Existe actualmente un paradigma ordenador del mundo que nos permita comprender su funcionamiento y nos guíe sobre cómo actuar en él? ¿O estamos condenados a un caos volátil, incierto y turbulento? A la superposición de explicaciones contradictorias se suma una creciente confusión entre hechos y opiniones, saber y poder, debate y disenso, intelectuales e ideólogos, académicos y adalides. ¿Y ahora quien podrá defendernos?

Para Carl Gustav Jung, un arquetipo es un recuerdo heredado representado en la mente por un símbolo universal que es observable en sueños y mitos.

Para Joseph Campbell, la humanidad necesita nuevos mitos que se transformen a medida que evolucionan nuestras sociedades y culturas. Estas reinterpretaciones del espíritu humano se vuelven más valiosas y necesarias ante transformaciones del entorno como: disrupciones tecnológicas, revoluciones del orden social y político, emergencias sanitarias o catástrofes ecológicas.

Todas ellas han caído sobre la humanidad en 2020. Y -como consecuencia- han interrumpido la normalidad interpretativa, desarticulando la estructura simbólica con la que interpretamos la realidad. Esto es lo que pasa cuando lo imposible se vuelve real. Los conflictos que los superhéroes nos hacen experimentar activan las imágenes en nuestro interior, trayendo a la superficie la experiencia personal individual o colectiva de la humanidad.

¿O acaso el derrotero de Superman no es el camino de construcción del orden internacional liberal y del rol de los Estados Unidos en él?: un farmer de Kansas que se encuentra que a la vez tiene superpoderes. Probidad y poder. El mundo como una nación, bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos.

Pero es ese mundo y ese Estados Unidos cambió, en especial su abandono de pretensión de ser un “faro de luz” para el mundo. ¿No nos resuena el conflicto interno de Aquaman (“Hijo de la tierra, rey de los mares”) con la dificultad que el mundo tiene de compatibilizar crecimiento de la economía con cuidado de la ecología; producción con conservación? ¿No podemos ver en la “rareza” freak de los X-Men todos los prejuicios, rechazos y odios que despiertan los 79.5 millones de refugiados que existen en el mundo?

Una globalización en la que hay más de 208 mil anfitriones de Zoom en un minuto muestra una velocidad de los asuntos mundiales explicable con Flash. Que los multimillonarios posean más riqueza que los 4.600 millones de personas que constituyen el 60% de la población del planeta convoca las imágenes de villanos plutócratas globales como Lex Luthor o Víctor Von Doom.

O nuestro Eternauta, cuya búsqueda de supervivencia simboliza la búsqueda de autonomía de América Latina en un mundo que no controla ni aspira a dominar. Juan Salvo no es super sino héroe: un hombre que no se salva por sí mismo sino con otros.

Todos tenemos un rincón en nuestro corazón infantil por los superhéroes. Ese rincón es eco de una historia que resuena en nuestra mente. En el año que derribamos la frontera digital-virtual, profesional-personal, oficina-hogar podemos integrar entendimiento con entretenimiento.

Mariano Turzi es profesor de Relaciones Internacionales (Universidad Austral y UCEMA). Autor de Cómo los superhéroes explican el mundo. Cine, cómics y política internacional (Capital Intelectual, 2020)

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