Se discuten objetivos económicos y no la forma de alcanzarlos

Diana Mondino / UCEMA

Entrevista a Diana Mondino

Revista Criterio. 28 de enero de 2020

Es economista egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, Master en Dirección de Empresas en la Universidad de Navarra, y obtuvo un Posgrado en Barcelona. Actualmente dicta clases de Finanzas en la Universidad del CEMA, donde también es directora de Relaciones Institucionales. Forma parte del Consejo del Banco de Alimentos en la Argentina, que atiende a casi mil instituciones y se entregan unas 100 mil raciones de por día. En diálogo con CRITERIO, analiza las principales dificultades que enfrenta la economía para superar sus sucesivas crisis y empezar a crecer.

¿Es adecuada la agenda de discusión económica del nuevo gobierno de Alberto Fernández?
En la Argentina suelen discutirse objetivos y no la forma de alcanzarlos. Tanto el Gobierno de Macri como el actual han hecho explícita la lucha contra la pobreza, existe un mandato y se trata de una asignatura pendiente. Sin embargo, los resultados son muy ineficaces y el problema crece de forma continua desde los años ’70. Hay una serie de precipicios en los márgenes de la economía argentina: el endeudamiento, del que se habla muchísimo, y otro tema del cual no se habla, que es el enorme déficit fiscal que tiene el Estado, pese a la gran recaudación impositiva. Pensando en solucionar la pobreza, al mismo tiempo se oprime o dificulta la actividad económica por la elevada cantidad de impuestos y la regulación, y porque hay actividades en las cuales el Estado compite con los privados. Las funciones básicas del Estado, desde siempre fueron defensa, seguridad y justicia. Sin embargo, todos los Estados modernos, por una cuestión de eficiencia, brindan muchísimas otras prestaciones: infraestructura, salud, educación, y un marco normativo de desarrollo de distintas actividades. En la Argentina, además, el Estado cumple varias funciones que probablemente son un lujo para una economía que tiene déficit.

¿Eso no es bueno para la democracia?
Desde Montesquieu tenemos mucho mejor establecidas las reglas con las que debe funcionar un Estado republicano, y hasta ahora no hemos encontrado nada mejor. En la Argentina, la democracia se ha desvalorizado porque creemos que sólo significa votar, y se ha diluido la representación. Por ejemplo, con las listas sábanas, y las decisiones de los gobiernos nacional, provincial y municipal que no están atadas a los recursos que ellos mismos generan. Con la coparticipación, las provincias y los municipios no son responsables de su propio nivel de recursos. Tenemos que ir ordenando todo este tipo de cosas; cuanto más rápido, mejor. Los que se benefician no dicen nada; los que se perjudican suelen ser bastante escandalosos: quieren defender lo que consideran un derecho. Esto incluye tanto a las empresas en contra de la apertura de la economía como los desempleados que exigen más ayuda social. La democracia permite que esos sectores estén representados en el Congreso a partir de la asignación de presupuesto.

¿Cree que hay mitos entre los argentinos que son nocivos para la economía, por ejemplo, el destino del dinero recibido por el acuerdo con el FMI?
El FMI le prestó a Argentina, al igual que le presta al resto de los países, para permitirle ganar tiempo y cumplir con compromisos previos. Ese dinero le alcanzaba para cubrir los pagos para todos los primeros acreedores hasta tanto se reorganizara la situación económica. Eso no se ha logrado por cien razones diferentes. El dinero del Fondo entraba y al minuto tenía que salir porque estaba destinado a pagar los primeros vencimientos. La ventaja era que la tasa de interés disminuía sustancialmente porque como todos los organismos multilaterales, el Fondo tiene mecanismos particulares, con tasas más bajas. Aclaremos que no hace caridad, simplemente tiene mejores condiciones y como contrapartida orienta sobre qué tipo de medidas espera para poder recuperar el dinero que prestó. En el caso argentino, el plan económico de Cambiemos tuvo una serie de falencias muy relevantes hasta llegar a la instancia en que no se consiguieron nuevos acreedores que a su vez sustituyeran al FMI. Pero el principal problema es que la Argentina tiene cerrado el crédito y sigue teniendo déficit. Para crecer se necesita bajar impuestos, y entonces tendríamos más déficit, y necesitaríamos más dinero, y ese dinero no está disponible hoy. Y el problema es igual de complejo en muchas provincias y municipios, que tienen un nivel de gasto superior a sus ingresos.

¿Cómo puede crecer la economía?
Tiene la inmensa oportunidad de fomentar las exportaciones, con un mercado que es el mundo, y sin embargo se habla mucho más del mercado interno. Además hay una enorme característica positiva: todas las provincias tienen al menos un producto de alta capacidad de inserción en el exterior, pensemos en la yerba en Misiones, el vino en Mendoza y San Juan, porotos y garbanzos en Jujuy y Salta… Si se impulsan las exportaciones se estará generando empleo, obteniendo divisas y sobre todo manteniendo el tejido social en cada provincia. En cambio si queremos mantener estructuras que difícilmente puedan ser competitivas, como algunas industrias que son protegidas, que además están muy concentradas geográficamente, el resultado es la migración desde las provincias hacia las grandes urbes, a un costo fenomenal que incluye proveer la infraestructura entera cuando ya existía en los lugares de origen. Además se torna necesario mantener subsidios o al menos condiciones favorables en determinados sectores porque no pueden competir con la pavorosa e impresionante competitividad de China o Alemania.

Otro de los mitos locales es considerar que si se exportan alimentos se está quitando la comida a los argentinos.

La gente se pregunta ¿cómo puede haber hambre en un país que produce alimentos? Lo que no se dice es que a veces el costo de la mano de obra para levantar una cosecha es más alto que el valor de la cosecha en origen. ¿El problema es que no hay comida o la improductividad de todo el conjunto? Cuando se vende un kilo de algo en el exterior, entra el dinero de ese kilo. Al productor le da lo mismo que se lo pague un argentino o un extranjero, pero en realidad el extranjero esté pagando más que lo que puede pagar un argentino. ¿Queda excluido el argentino de ese consumo? Tal vez sí, de ese producto en particular, pero tiene trabajo en l producción de ese producto. Imaginemos que los japoneses fueran los únicos en comprar los relojes que producen; tendrían que usar 50 cada uno. Si un país tiene la capacidad de producir más que lo que consume, lo lógico es que venda el excedente en el exterior. No podríamos consumir de ninguna manera la producción completa de uvas, de cereales o de frutas del valle de Río Negro, es claramente conveniente exportar todo el excedente. El discurso en contra de la exportación de alimentos es la excusa que tienen ciertos sectores para continuar con ciertas protecciones. ¿Por qué no podemos fomentar también conocimiento, software, genética, vacunas, distintos procesos electromecánicos, turismo, energía, minería?

¿Influye en este sentido el reducido número de patentes a los desarrollos científicos y tecnológicos?
La Argentina tenía excelentes procesos de investigación que a lo largo del tiempo han sido superados por otros países. Al no tener un sistema de reconocimiento de las patentes de afuera para producir de forma doméstica, tampoco podemos tener el reconocimiento de las propias invenciones. Cuando en la Argentina se inventa algo, es muy difícil patentarlo acá, por lo tanto eventualmente no se patenta, con lo cual no hay incentivos para investigar, o se patenta en el exterior. Por ejemplo, por la falta de una ley de semillas estamos perdiendo eventos tecnológicos que en otros países ya se están aplicando. Y los eventos que se han desarrollado en la Argentina tampoco pueden ser patentados. Ciertas decisiones tienen consecuencias virtuosas y otras nocivas.

Otro de los problemas es la administración de los recursos públicos. ¿Cuál es su visión?
El Estado tiene múltiples fuentes de financiación. A nadie le gusta pagar impuestos, pero creo que quizás el problema en la Argentina es la forma muy asimétrica de cobrarlos. Tengo la sensación de que por un lado están los que pagan todo y, del otro, los que no pagan nada, por eso me parece difícil hablar de porcentaje de evasión. Con el gasto ocurre lo mismo: todos estamos de acuerdo en que la Argentina tiene que mejorar sus sistemas de salud y de educación, el asunto es cómo hacerlo. ¿Con más personal? ¿Con más capacitación? ¿Con más instrumentos o sistemas para hacer el seguimiento de los recursos que ya tiene?

¿Cómo reducir el gasto del Estado?
Hay que pasar un peine muy fino para determinar qué actividades son necesarias y cuáles no, que es muy distinto a despedir gente. Lo que hay que conseguir es que el personal trabaje muy proactivamente en la función que tiene, lo mejor posible. Si un particular logra resolver un trámite en una sola oficina en lugar de pasar por quince, la cantidad de empleados en la oficina pública es la misma, pero el tiempo que le demanda el trámite a esa persona es menor y por lo tanto su tiempo es más productivo. Es una forma de ayudar al sector privado. Y si hay un exceso de empleados públicos en una actividad, pueden ser trasladados a realizar otras actividades, por ejemplo, ir a las escuelas a ayudar a los niños a hacer la tarea. Cualquier persona puede cumplir ese rol, como lo hace en su casa con sus hijos. Si hoy tenemos más de un 40 por ciento de la economía de la Nación, provincias y municipios que consume pero no genera, es necesario ir modificando esa relación para que el sector privado sea más productivo y vaya absorbiendo o diluyendo el tamaño del sector público.

¿Qué otras medidas son necesarias para que los privados sean más productivos?
Sería de gran ayuda un enorme blanqueo de regulaciones. Hay una cantidad de normativas que pueden o no tener sentido, pero lo que no tiene asidero es que estén dispersas. Si alguien quiere abrir una pyme, la cantidad de inspectores que recibe es enorme, y suponiendo la honestidad y calidad de trabajo de todos, es bastante difícil que alguien pueda cumplir con la totalidad de la normativa simplemente por desconocimiento. Como mínimo tendría que estar en un digesto de todo lo necesario, pero en la práctica se torna inevitable contratar un gestor. El Estado tiene que trabajar en reducirse a sí mismo, en parte en el costo propio, en parte en las actividades y en parte en la onerosidad de su propio funcionamiento respecto del sector privado.

Por otra parte, el sector público tiene, en muchas áreas, condiciones laborales que desalientan a quienes podrían desarrollarse profesionalmente en el sector privado.
Independientemente de su idoneidad, el empleado público en la Argentina tiene su estabilidad laboral garantizada, existen incluso algunos puestos hereditarios por definiciones sindicales que puede haber sido una magnífica idea hace un siglo, pero hoy mantenemos un sistema arcaico que es cada día más oneroso. Sería muy importante que el Estado se focalice en las actividades que sólo él puede hacer y no competir con los privados. Por ejemplo, las ferias itinerantes que organizan los municipios compiten con el verdulero que paga un alquiler y la tarifa de luz.

Distintos sectores de la actividad privada son muy críticos del sistema impositivo argentino. ¿Qué opina?
El sistema impositivo es muy gravoso no solamente por el porcentaje de impuestos que cobra sino por la forma en que lo cobra. Al tener anticipos y retenciones, independientemente de que el empresario gane o no, tiene que pagar. Algunos impuestos inclusive deben pagarse antes de cobrar al cliente, con lo cual tiene que hacer una inversión en la mercadería y en el dinero para cumplir con el Estado hasta tanto su cliente le pueda pagar. Lamentablemente hemos desperdiciado dos grandes oportunidades: en el gobierno de Menem y en el de Macri de haber utilizado el endeudamiento para enderezar este tema. El impuesto de Ingresos Brutos es destructivo para las pymes. La pyme vive de la especialización, es lógico que haga pocas tareas y lo mejor posible. Pero si cada vez que un producto pasa de una etapa a la siguiente el impuesto de Ingresos Brutos se encuentra con una escalada piramidal, entonces el producto termina siendo carísimo. Conclusión: en lugar de muchas pymes, termina haciendo el proceso una empresa grande. Asociado a lo anterior, si en un pueblo se quiere atraer la instalación de pymes, los intendentes deben brindar la infraestructura social básica, como una escuela y una salita, y eliminar algunos impuestos locales como Seguridad e Higiene o Abasto. Algo parecido pasa con las tarifas de servicios como el gas o la electricidad, que tienen un componente impositivo fenomenal en todas las instancias, incluidas las tasas municipales.

¿Qué medidas son urgentes?
Para poder pagar la deuda, se necesita superávit. Para tener superávit, se tienen que eliminar subsidios. Para eliminar subsidios, hay que reducir impuestos. Hay que tomar dos caminos que se bifurcan. Si no se va a pagar la deuda con el argumento que hay que esperar a crecer, no habría que poner retenciones para que la economía crezca rápido, se reúna el dinero y se pueda pagar. Si en cambio se decide pagar la deuda, hay que tolerar entre todos los retenciones. Lo que no tiene lógica es poner retenciones y dejar de pagar la deuda, porque estaríamos dejando de crecer y paralelamente agraviando a los acreedores. Tiene que haber consistencia en las medidas y un anclaje en el tipo de cambio, que habitualmente en la Argentina es ficticio.

En el panorama económico internacional, ¿cómo se inserta la Argentina?
La clave es tener la capacidad de producir lo que los otros no quieren o no pueden. La mano de obra tiene un salario muy bajo, pero su productividad es más baja que la de un empleado alemán o suizo. Lo que importa de la productividad es su relación con el capital, que es mala palabra en la Argentina: el que tiene una máquina más moderna y eficiente puede producir más que el que no la tiene. Y para comprar esa máquina necesita una tasa de interés muy baja. Como aquí sistemáticamente tenemos una tasa de interés muy alta, no puede comprar la máquina y la única opción es ser menos eficiente y por lo tanto pagar salarios bajos. En la medida en que la Argentina se aproxima a un escenario de default, la tasa de interés sube, y dificulta la inversión porque el costo es muy elevado. Es un verdadero error hablar de “timba financiera” o aumentar impuestos al capital que ya es muy escaso en la Argentina. Si no se logra reducir rápidamente ese costo de capital, renegociando bien la deuda, ¿cómo mantenemos las inversiones ya existentes?
¿Cree que el Gobierno de Alberto Fernández tiene el consenso necesario para tomar estas medidas?
La coalición gobernante está conformada prácticamente por todos los gobernadores y los distintos sectores del justicialismo. Los equipos económicos de los gobiernos anteriores y del actual no son ingenuos, el asunto es si tienen la capacidad de tomar las medidas que son necesarias. Si van aplicando de a una, que es la dificultad que enfrentó Macri, no llegarán a tiempo de que se vean los efectos. Deben explicar muy claro las pequeñas acciones que son necesarias. Por ejemplo, que es muy importante que haya clases todos los días para que todas las madres puedan ir a trabajar. El ejemplo de las clases es muy evidente para advertir cómo afecta una huelga docente a la productividad del resto de los sectores. Y como estas medidas, muchas otras que mejorarían la actividad productiva general de la Argentina.

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