La necesidad de un alineamiento fiscal y monetario

Por Federico Vacalebre

El Cronista 4 de Diciembre de 2020

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec) reflejan el nivel de actividad económica (que en abril tocó un mínimo histórico) sobre el mes de Septiembre. En términos interanuales, el dato nos indicó una contracción del 6,9%, aunque, a la vez, implicó un crecimiento de 1,9% en relación al mes de Agosto. Considerando el acumulado al mes de Septiembre de 2020, el descenso fue del 11,9% con relación al mismo período pero de 2019.

Los efectos de la pandemia se siguen viendo ya que hotelería y gastronomía mostro una caída del 59,5%, con una contracción acumulada muy significativa (47,3%) en lo que va del año. Seguido por la construcción, donde la caída fue del 28,1% y un acumulado de más de 33,6%. Aunque dicho sector tenga números positivos en el índice sintético de la construcción (ISAC) gracias a la compra de insumos que, por la brecha cambiaria, se vio beneficiada. Asimismo, y vinculado al nivel de actividad, hemos visto que las ventas en los mercados mayoristas treparon casi un 5% en términos reales, respecto de Septiembre de 2019, aunque en supermercados cayeron 2,3%. Por otra parte, hubo caídas superiores al 70% anual a nivel nacional, lo que deja un acumulado de 50% de caída, para lo que se refiere a los centros comerciales.

En los últimos días también, tuvimos datos que reflejan la realidad del sector externo. Con un superávit comercial del mes de Octubre, vimos un leve incremento (US$ 30 millones) con respecto a Septiembre. Las importaciones volvieron a contraerse a casi un 3% anual y las exportaciones incrementaron su caída hasta 21,6%, lo que arroja hoy un resultado acumulado de u$s 12.171 millones.

Por su parte, en los últimos días, el BCRA volvió a girarle al Tesoro $ 30.000 millones, siendo que este le devolvió los $ 101.000 millones de adelantos hacia fines de Octubre. Y del otro lado del campo, Economía utilizará los $ 344.000 millones que le restan en utilidades para lo que queda del año.

El Tesoro, además, colocó tres letras de deuda en pesos, captando $ 81.000 millones mientras que buscaban unos $ 90.000 millones para concretar los pagos que enfrenta, por lo que deberá recurrir nuevamente a otra vía de financiamiento. Y la Comisión Nacional de valores redujo las restricciones para la operatoria de dólar bolsa. Ahora solamente serán necesarios dos días hábiles de tenencia de bonos (parking) los que deberán tenerse en cartera antes de poder concretarse una operación de contado con liquidación cuando antes esa restricción se encontraba en 5 y luego en 3 días. 

Todo esto vino y viene sucediendo en un contexto donde hay una fuerte disputa entre la Ciudad y la Nación por el recorte del 1,18 de la coparticipación ($ 53.000 millones menos), que se traducirían en recortes en el gasto público (suspensión obras, revisión contratos basura, mantenimiento de espacios públicos, servicios de vigilancia) y en aumento de impuestos (impuesto de sellos en tarjetas de crédito del 1,2% para los consumos en Capital que afecta el Ahora 12 y los débitos automáticos). Con este último punto, la Ciudad espera recaudar $ 7.000 millones y así palear la situación. Pero también, es acá donde está el punto más importante del conflicto a mi manera de ver, con los $ 12.000 millones de recaudación entre intereses y pases mediante un impuesto del 7% (Ingresos Brutos) para las LELIQS.

SI bien esta discusión se viene dando en el ámbito de la Legislatura Porteña, los bancos hoy cobran el 38% nominal anual de las LELIQS. Con el 7%, el BCRA tendría que subir la tasa de referencia unos 2 o 3 puntos. La única alternativa de los bancos, al no poder bajar las tasas de los plazos fijos, es encarecer los créditos para compensar el pago del impuesto. Dicha disputa es más que importante de cara al 2021 no solo porque tendría un impacto a nivel nacional y en la política monetaria en sí sino porque podría generar un debate acerca de la política de coparticipación.

Las metas fiscales y monetarias plurianuales jugarán un rol clave. El propio ministro de Economía, en su exposición en las Jornadas Monetarias y Bancarias del BCRA, manifestó que en nuestro país, por su carácter bimonetario, parte de la liquidez inyectada para paliar la crisis se canalizó en la demanda de dólares y sumó presiones cambiarias. Por eso, es vital trazar un sendero de progresivo recorte del déficit primario, que en 2020 rondará el 7% y (con la eliminación del IFE y el ATP mediante) el año que viene el Presupuesto se proyecta en 4,5% del PBI. El Fondo reclama un ajuste mayor, al 3,5%. Lo recaudado con el impuesto a las grandes fortunas buscaría cerrar esa brecha y es, por ello, que ahí está el otro foco de conflicto. Por las consecuencias que tendría y por quien realiza el ajuste en sí.

Se identifican con total claridad las necesidades de financiamiento actuales y futuras pero también debería haber una señal de alerta y cuidado en las demandas sobre BCRA. Que las exportaciones crezcan de una forma consistente se vuelve algo imperioso de cara al 2021 y con el nivel de importaciones que el crecimiento de la economía demanda. Y al mismo tiempo una política fiscal razonable y sensata para no ponerle una presión excesiva a la política monetaria. Lo que será sin dudas el gran desafío del 2021 y también una deuda de años dentro de la política económica Argentina.

* Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.

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