Argentina en la Guerra Fría 2.0: ¿cuál es hoy nuestro verdadero interés estratégico?

Juan Battaleme

Participación de Juan Battaleme

El Cronista 9 de septiembre de 2020

Argentina tuvo dos momentos melianos, con su decisión de permanecer neutral en la Segunda Guerra Mundial, y al avanzar con la Guerra de Malvinas pese a advertencias.En ambos momentos históricos, las opciones al país eran presentadas de forma clara, pero no saber o no querer leer las señales tuvo un costo profundo que aún seguimos pagando.

En su libro Destinados a la Guerra (2016), Graham Allison planteó si China podían escapar a la tragedia que tuvo como protagonistas a Esparta y Atenas entre el 431 y el 404 AC, cuando pelearon en la llamada guerra del peloponeso, la cual tuvo consecuencias nefastas para ambos poderes, y efectos sobre todas las ciudades estados griegas a lo largo de dicha conflagración.

La historia y la gloria fue repartida por partes iguales entre atenienses y espartanos, sin embargo desde el sur del mundo y en 2020, releer dicho enfrentamiento tiene significado especialmente si lo analizamos a partir de la suerte que tuvo un pequeño aliado de los Lacedemonios, los Melos: quedar en el medio de dos titanes no suele ser aconsejable ni prudente.

La llamada “trampa de Tucídides” es estructural. Aparece cuando se manifiestan transiciones de poder entre quienes compiten por hegemonía. Activada dicha trampa, las consecuencias las sufren de manera inmediata los aliados o quienes estan cercanos de uno u otro bando. Los Melos eran afines a los lacedemonios, pero tenían una gran distancia geográfica con sus socios, situación dificil de resolver de manera inmediata.

Una lección clara se extrae de las hojas del historiador griego en las pocas ocasiones que reflexiona sobre las consecuencias que tienen los poderosos sobre los más debiles. La combinación producida por el cálculo errado de capacidades que se disponen para dar respuesta a la presión de los Grandes Poderes, los limites operacionales de las alianzas, la posición geopolítica, y aquello que llamamos el cuadro amplio de situación tiene consecuencias trágicas para quien circunstancialmente o voluntariamente decide quedar envuelto en el medio de una competencia hegemónica. Los Melos pasaron a la historia como ejemplo gráfico de aquello que no hay que hacer.

Política doméstica y política internacional se entrelazan de diversas formas. Desatender a ambas supone no solo la eventual desaparición del liderazgo político, también puede acarrear la finalización de la independencia. Saber cuándo actuar es una de las situaciones más complejas de la política. De ahí la idea por la cual la prudencia es una virtud cardinal en ambos frentes. Los Estados tienen una gama de opciones de política exterior que pueden ir desde la oposición al acomodamiento pasando por la resistencia y la neutralidad. Ese no es el problema en los asuntos mundiales, todos conocen que opciones tienen disponibles.

La cuestión central es determinar cuándo corresponde efectuar una determinada política, ya que no siempre lo que es necesario, se encuentra disponible. Vale decir, los Melos deseaban permanecer neutrales en un conflicto cuando este tocó a sus puertas y los atenienses fueron claros: solo aceptarían el acomodamiento a la nueva realidad. Cuando optaron por resistir, sellaron su destino.

Argentina tuvo dos momentos melianos. Su decisión de permanecer neutral en la Segunda Guerra Mundial, tuvo altos costos para el bienestar y la seguridad del país. EE.UU. sensiblemente más poderoso toleró la neutralidad y sus actos de resistencia durante la guerra, para luego en tiempos de estabilización, volcar sus recursos contra el país, contribuyendo a su pérdida relativa de poder, tal como lo retrata Carlos Escudé en su libro Gran Bretaña, EE.UU. y la Declinación Argentina 1942-1949 (1983).

El otro fue la Guerra de Malvinas, retratado en aquel diálogo breve y honesto entre Ronald Reagan y Leopoldo Galtieri, donde el presidente norteamericano en un acto de amistad y realismo sin precedentes le pide al entonces presidente argentino que no vaya a la guerra según relata Juan B. Yofre en su libro 1982 (2011). En ambos momentos históricos, las opciones al país eran presentadas de forma clara, pero no saber o no querer leer las señales tuvo un costo profundo que aún seguimos pagando.

Con esa historia a cuestas, los argentinos debemos considerar hoy cuál es nuestro verdadero interés estratégico. En las últimas horas se conoció un informe de Bloomberg que sitúa a nuestro país como la segunda economía más miserable del mundo, solo detrás de la venezolana. Con este indicador en mente, es difícil no ver a las claras que Argentina necesita volver a la senda del crecimiento económico y el desarrollo social. Sin embargo, esta consigna de simple identificación tiene ribetes complejos de ejecución.

Estados Unidos (e incluso Occidente como un todo), está dejando de tener primacía gravitatoria y China, vuelve a ocupar un lugar de preponderancia. El futuro polar de Francia, Inglaterra, Rusia, India, Japón y Alemania no es tan claro, aunque sí su relevancia. De ahí una idea no del todo correcta, pero sí vigente, como la de “nueva Guerra Fría”.

Con mercados profundamente interconectados, con una población récord sobre la faz de la tierra y con arsenales a disposición de ambos contendientes, con la capacidad de desaparecer no a una pequeña población como los Melios, sino a cientos de millones en segundos, es mejor considerar una Guerra Fría 2.0, que ya se encuentra desplegada en múltiples ámbitos de la política internacional.

Miremos Asia en general. Todos aquellos actores importantes pero menores en la distribución de poder esperan evitar su momento meliano. Mientras se equipan para enfrentar eventualmente a China, tienen una relación cordial con los contendientes. Cuanto más cerca geograficamente es más urgente resolver los efectos de la disputa. Nosotros pensamos que estamos lejos, pero la trampa de Tucídides ya llegó y, en cierta medida, la acercamos nosotros en el año 2011. Observemos, sino, la reciente actualización de la política de defensa de Brasil.

La tentación tan argentina de ver el mundo únicamente desde la conveniencia política local, puede significar hoy no solo una pérdida mayor de relevancia en el tablero internacional, sino lo que es peor: quedar en medio de una disputa abierta, con consecuencias imprevisibles para el mundo, y quizá trágicas para un país tan vulnerable al escenario internacional como el nuestro. La conquista de nuestros objetivos no deviene únicamente de una sobreactuación de nuestra política internacional alineada con uno de los contendientes ni tampoco de una neutralidad que podría provenir de la falsa ilusión de estar en las periferias de este enfrentamiento.

Los melios no eligieron aquel día que los atenienses desembarcaran en sus costas y los conminasen a una decisión. La geografía y el destino los puso a decidir sobre una situación aun cuando hubieran querido no hacerlo. Decidieron mal. Al rescatar la prudencia como virtud, encontraremos las mejores decisiones que nos conduzcan por el camino de un país soberano, pacífico y en crecimiento.

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Juan Battaleme

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