A mayor avance tecnológico, más posibilidades laborales

 

Por Cristina Minolli

El Economista. 27 de julio de 2018.

El mundo es del ser humano y el del trabajo en un contexto digitalizado, también: sólo hace falta enfrentarlo y dominarlo, como siempre ha sido.

El avance inusitado de la tecnología que se ha producido en los últimos treinta años parece poner en jaque el mundo del trabajo tal y como se lo conoce hasta el presente. Múltiples análisis, notas periodísticas, estudios científicos y opiniones de expertos vaticinan la escasez de posibilidades para los humanos que parecen estar destinados a ser reemplazados, en breve, por máquinas que harán el mismo trabajo que cada uno hacía hasta ahora pero de manera más eficiente y con mayor eficacia.

El ser humano, sin embargo, es posiblemente (sobre la tierra) el ser que mayor adaptabilidad ha demostrado en su larga existencia como especie y que también, más ha evolucionado. Las personas tienen una gran maleabilidad vital que hace que puedan adaptarse a circunstancias increíbles, diversas, inesperadas, fortuitas o no tanto, dificultosas, sorprendentes o habituales, sea cual sea el escenario donde éstas se presenten – desde una cueva en un agreste lugar a una moderna oficina situada en una torre inteligente de alguna ciudad del primer mundo – y sea cual sea la condición en que se encuentre cada uno en un momento determinado, desde un grupo de jóvenes e inexpertos adolescentes futbolistas vestidos con equipos deportivo a avezados hombres de negocios rodeados de múltiples herramientas técnicas y tecnológicas.

Los trabajadores –como parte de esta especie singular que es el ser humano– no escapan a estas posibilidades de adaptación, sino que, muy por el contrario, pueden y desarrollan efectivamente condiciones de subsistencia necesarias que los hacen dueños de habilidades y aptitudes que, sin lugar a dudas, podrán poner en juego para beneficiarse de los avances tecnológicos. Todas las profesiones tradicionales, tal y como hoy se las conoce, ofrecen márgenes de libertad creadora para que sus representantes mejoren sus posibilidades laborales a la vez que contribuyan a mejorar la calidad de vida de la especie.

Como muestra de estos conceptos basta mencionar algunos ejemplos, a saber: el uso de la realidad virtual por parte de los psicólogos para tratar fobias entre otras enfermedades psíquicas; el desafío para los expertos economistas y financieros de encontrar nuevas maneras de evaluar las criptomonedas con parámetros a tal afecto, la utilización de la moderna tecnología disponible por parte de los médicos para avanzar en la medicina personalizada y para combatir diversos problemas físicos que surgen de la masivización de la tecnología, la demanda a arquitectos para crear espacios orientados al co-working y otras modernas formas de trabajar, la necesidad de que los psicopedagogos generen nuevas técnicas de enseñanza-aprendizaje que el cerebro de adultos y niños requiere, el aprovechamiento de las infinitas nuevas posibilidades de expresión artística que a músicos, pintores, escultores, etc., se les abren como la tan difundida música electrónica, por ejemplo. La necesidad de los abogados de reglamentar modalidades de interacción interpersonal diferente, por ejemplo, a través del uso de redes sociales y la de los contadores de mostrar en sus registros la importancia del capital intelectual de las empresas y…la lista podría continuar.

Finalmente, es necesario destacar que la creatividad, que es una capacidad específicamente humana, no discrimina entre ricos y pobres, ni entre gente más o menos instruida. Más aún, es un capital que posiblemente se encuentre en más cantidad entre la gente con menos recursos. Recuerdo al respecto un pequeño cuadro que estaba colgado en el patio de mi casa –de la infancia– que decía “la necesidad es madre de toda invención”. La posibilidad de crear oportunidades y utilizar recursos propios como la imaginación, la proactividad, la adaptabilidad, el uso de la intuición, la diversidad de perspectivas y la creatividad no hacen diferencias: son activos de cada persona que se potencian en el encuentro con los otros. El mundo es del ser humano y el del trabajo en un contexto digitalizado, también. Sólo hace falta abordarlo y dominarlo…como hasta ahora, como ha sido siempre.

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Cristina Minolli

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