Chile y la paradoja de Huntington

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Por Emilio Ocampo

Blog personal. 11 de diciembre de 2019

Hace 50 años el politólogo Samuel Huntington escribió “Political Order in Changing Societies“, una obra que tuvo gran influencia en la teoría política y la sociología. En este libro Huntington argumentó que el desarrollo económico y social eran perdurables sin un orden político estable. De aquí surge uno de los conceptos esenciales del libro: “la paradoja de la modernización”. Según Huntington, cuanto más se desarrolla económicamente un país más probable es que este desarrollo genere frustración social que si no puede ser canalizada por un sistema institucional igualmente desarrollado inevitablemente desemboca en la violencia y posiblemente también en un cambio de régimen político.

“El desarrollo económico en sí mismo es un proceso altamente desestabilizador… los mismos cambios que se necesitan para satisfacer las aspiraciones de hecho tienden a exacerbar esas aspiraciones… la violencia y la inestabilidad son en gran parte el resultado del rápido cambio social y de la intensa movilización política de nuevos grupos, junto con el lento desarrollo de las instituciones políticas”

La crisis chilena parece confirmar la tesis de Huntington. Ningún otro país de América Latina ha tenido mejor desempeño económico y social en las últimas tres décadas. Sin embargo, la violencia desatada en los principales centros urbanos ha puesto en duda la viabilidad del modelo chileno.

Resulta aparente que el desarrollo de la economía chilena no estuvo acompañado por un similar desarrollo del sistema institucional sobre el que se sustenta la democracia. En parte parecería que esta divergencia fue producto de decisiones tomadas por el propio gobierno chileno. En 2009, a iniciativa de la presidenta Bachelet, se aprobó una enmienda constitucional que derogó la obligatoriedad del voto y la reemplazó con la inscripción automática y el voto voluntario.

Como consecuencia directa de esta medida en las elecciones presidenciales y legislativas desde 2010 la participación electoral cayó abruptamente de un promedio histórico de alrededor de 90% a menos de 50%. La caída fue mayor en los jóvenes. En la últimas elecciones legislativas y presidenciales sólo votaron, en promedio, un 20% de los chilenos de entre 18 y 24 años. Es decir la reforma de 2009 profundizó el sesgo etario en el voto: hoy en promedio votan los más viejos. Aunque la evidencia no es contundente a nivel país, en la región metropolitana también hay un sesgo socio-económico en el voto. Es decir, la participación aumenta con el nivel de ingresos.

Básicamente dos grandes grupos de chilenos –los más jóvenes y los más pobres– se auto-excluyeron del sistema democrático. No sorprende entonces que lo cuestionen abiertamente y hayan canalizado su frustración y sus demandas a través la protesta callejera, la movilización social y la violencia.

En 2009 cuando se debatió la reforma en el Congreso chileno, el senador Pablo Longueira (UDI) advirtió: “Para mí es claro lo que se va a decir cuando existan voto voluntario e inscripción automática y sufrague la mitad de los chilenos (creo que este será el porcentaje aproximado de votantes): habrá todo un cuestionamiento a la democracia, a las instituciones, a las autoridades y se producirá un debilitamiento democrático”. Ambas predicciones resultaron proféticas: cayó la participación electoral a la mitad y se cuestiona la democracia.

A nivel mundial, casi un 85% de los países tienen sistemas electorales con voto no obligatorio. La participación electoral es en promedio 7% inferior en estos países en relación a los que tienen voto obligatorio, pero esto no parece haber sido causa de disturbios y violencia. Sin embargo, en el caso chileno, con una democracia aun poco consolidada y una constitución heredada del régimen de Pinochet, la baja participación electoral parece ser uno de los factores que explicar la inusitada violencia de las movilizaciones recientes.

Otro factor importante para explicar la crisis actual en Chile, es la incongruencia que existe entre sus instituciones económicas y las creencias de la mayoría de la población. Hace varios años el historiador Carlos Newland elaboró un índice de mentalidad capitalista (FMMI) basado en las respuestas al World Valúes Survey. Según los cálculos de Newland, el valor de este índice para Chile es relativamente bajo y de hecho similar al de Argentina. Esto significa que una proporción significativa de la población chilena no cree en los valores sobre los que se sustentan aquellas instituciones. Esto se puede ver en los dos gráficos siguientes.

El primero muestra para una muestra 60 países la relación entre el FMMI y el índice de Libertad Económica para 2019 que publica la Heritage Foundation anualmente.

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El segundo gráfico muestra para los once países más importantes de América Latina la relación entre la mentalidad anticapitalista (medida en este caso como el % de los encuestados que creen que la economía de mercado es el mejor sistema para su país según Latinobarómetro) y el índice de libertad económica de la Heritage Foundation. En ambos casos se trata del promedio de los últimos cinco años. Desde Tocqueville hasta North, pasando por Mill, Alberdi, Hayek y Buchanan han enfatizado que difícilmente puedan perduran las instituciones de la libertad en sociedades que no comulgan sobre los principios sobre las que estas se sustentan. Como decía Alberdi, “no se puede imponer la libertad de un sablazo, es el parto lento de la civilización”.

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En su ensayo sobre el gobierno representativo, Mill advirtió que para que las instituciones de un país sean perdurables se deben cumplir tres condiciones: una mayoría de la población debe a) aceptarlas voluntariamente, b) hacer todo lo que sea necesario para mantenerlas, y c) todo lo que ellas exijan para poder alcanzar sus objetivos. La evidencia sugiere que actualmente en Chile estas condiciones no se cumplen.

Lo antedicho de ninguna manera le quita importancia al papel que han jugado grupos minoritarios de extrema izquierda cuyo objetivo es derrocar al presidente Piñera. Este el factor subjetivo de la revolución al que se refería Lenin. Pero sin yesca no es posible hacer un gran incendio. Los piromaníacos evidentemente han encontrado condiciones objetivas, al decir de Lenin, para promover una revolución. Tomado por sorpresa el gobierno no ha sabido como responder ante esta grave situación.

Es difícil saber como saldrá Chile de la presente crisis. Sin embargo, en países con democracias poco consolidadas una alta participación electoral es clave para mantener la armonía social. Un paso en la dirección correcta será derogar la enmienda de 2009.

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