Apoyar al sector agropecuario es imperativo para la economía nacional

Diana Mondino | UCEMA

Por Diana Mondino

Infobae. 1 de agosto de 2018.

De pequeños teníamos que escribir una composición sobre la vaca y todos los beneficios que nos reportaba. Parece que ya lo olvidamos. Sorprende en un país cuya principal recurso y capacidad de generación de riqueza y de divisas es el agro. Durante décadas se ha expoliado "al campo", como si fuera todo igual. Como si yerba mate, ovejas, peras o tabaco, soja o maní, fueran sectores donde todos tienen grandes beneficios. Por suerte el sector tiene una gigantesca capacidad de asentar población y de generar riqueza, pero no todos los productos y los productores son iguales. No es menos cierto que, a pesar de impuestos siderales, falta de infraestructura y un largo etcétera, la industria agropecuaria ha logrado ser de las más eficientes del mundo.

Olvidamos que el agro mueve básicamente conocimiento: en armar redes, en biotecnología, en circuitos para que miles de pequeños productores se asocien y puedan producir y exportar.

Por ejemplo, la industria automotriz argentina siempre está muy representada en la opinión pública, mientras que la industria de tractores, cosechadoras y otras maquinarias, donde Argentina exporta al mundo y tiene los máximos niveles de calidad, es olímpicamente olvidada. ¿Cuál es la razón?

Una posible explicación es la falta de representación en el Congreso o los medios por la gran atomización del sector, ya que hay cientos de miles de productores agropecuarios. Hay miles de productores de verduras. La última publicación del Senasa habla de 205.170 establecimientos ganaderos en 2017. Y sin embargo se sigue hablando de oligarquía, como si fueran menos de 10.

Otra posible explicación es que el capital invertido es muy grande, en tierra, maquinaria y capital humano. Por ello se suele considerar "ricos" a los del sector. Pero el productor tiene una enorme pérdida si abandona la actividad. Es difícil vender un establecimiento cuando todo el sector está al borde de la crisis.

Una tercera explicación es que si hay efectos catastróficos del clima, no se sienten tanto en la ciudad. Si llueve, un paraguas es suficiente, pero en el campo significa perderse la cosecha o los corderitos.

También podría ser que los políticos buscan atraer a la mayor cantidad de votantes urbanos, y se les ofrece una vida más fácil. Aquellos que no serán beneficiados tampoco pueden hacer mucho para lograr mayor representación.

Cualquiera que sea la razón, es necesario apoyar al sector agropecuario y no oprimirlo aún más. Estamos en un país que necesita divisas y el principal exportador es el agro. Asimismo, para generar ahorro para lograr inversiones, necesariamente tendrá que haber una tasa de interés real positiva y el impacto sobre un sector que realiza inversiones a larguísimo plazo será muy fuerte. Recuerdo al lector que cuanto más alta sea la tasa, más difícil será encontrar proyectos viables. Por ello es absolutamente imperativo que la rentabilidad del sector agropecuario se recomponga y que la infraestructura mejore. Generalmente pensamos en los caminos rurales (casi un oxímoron) o en el acceso a los puertos. Sin embargo, aún más importante es el acceso a salud y educación a lo largo y ancho del país. Si esas prestaciones básicas son de muy mala calidad, pues es más conveniente migrar a la ciudad. La migración interna genera inmensos costos con lo cual, ya lo sabemos, se encarece o deja de producir. Es un gol en contra: habrá más costos con menos recursos para solventarlo.

No hay un rincón del país donde no pueda haber una muy eficiente explotación agropecuaria: vinos o frutillas, aromáticas o cítricos, bananas o azúcar, hongos o equinos. Si reconocemos esta gigantesca oportunidad de producir, crecer y exportar, Argentina comenzará a resolver sus problemas genuinamente. Como decía mi maestra: la vaca nos da alimento y abrigo. Y también da trabajo, divisas y arraigo.

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