La demanda de dólares no es un problema cultural

Por Nicolás Cachanosky

Infobae 7 de Diciembre de 2020

Desde que Perón nacionalizó el BCRA en 1946, la inflación promedio anual ha sido del 60 por ciento

A diferencia de lo que diversos funcionarios del gobierno sostienen, la demanda de ahorros en Argentina no es un problema cultural. Es un problema de subsistencia ante un Estado históricamente voraz. La fuerte demanda de dólares hace que el tipo de cambio sea una variable muy sensible en el ámbito político. Como bien saben los argentinos, una crisis cambiaria puede terminar en una crisis de gobierno. Apelar, sin embargo, a un cambio cultural para deshacerse del problema del dólar no es solución.

Desde que Perón nacionalizó el BCRA en 1946, la inflación promedio anual ha sido del 60 por ciento. Este crónico fracaso en la política monetaria es importante, ayuda a entender que lo cultural no explica la demanda de dólares, es la demanda de dólares lo que explica lo cultural. La gente no demanda dólares porque el tipo de cambio aparezca en los medios, es el interés de la gente por el dólar lo que lleva a que el tipo de cambio aparezca en los medios.

Ante esta historia inflacionaria, ¿qué opciones de ahorro hay? Depósitos en bancos con una tasa de interés que le gane a la inflación no son una opción segura. El estado argentino se ha ganado la buena reputación de confiscar depósitos (incluidos los de retiro como las AFJPs). El ahorrista argentino queda desprotegido, ni el Congreso ni la Justicia cumplen el rol republicano de proteger al individuo frente al poder del estado. De golpe, cualquier ciudadano de bien se puede enterar por lo medios que sus ahorros de toda una vida ya no le pertenecen. A cambio recibirá bonos de un tesoro que no sólo tienen la costumbre defaultear sus deudas, también tiene la costumbre de maltratar a los bonistas.

Ahorrar en inmuebles también presenta dificultades. Más allá de los costos de mantenimiento de un inmueble, estos bienes son ilíquidos. Vender un inmueble no es una transacción inmediata, lleva tiempo. Más allá de estas dificultades, adquirir inmuebles tampoco es una inversión segura. O uno queda desprotegido ante tomas de tierras, o uno queda desprotegido ante leyes de alquileres que terminan generando más daños que beneficios.

Ante falta de opciones de ahorro y de seguridad jurídica, es natural (más que cultural) que se ahorre en dólares, ya sea en el exterior o bajo el colchón. El estado argentino ha dado repetidas muestras que no puede ofrecer una jubilación digna. También ha dado repetidas muestras de ir por los planes privados de retiro. El dólar no es una “moneda popular” como sostiene un reciente post del BCRA, es el resguardo del ahorrista ante una moneda que hace más de 70 años tiene una inflación promedio del 60 por ciento. Tan importante es el dólar como resguardo de las políticas del gobierno que los mismos funcionarios públicos que piden un “cambio cultural” tienen sus ahorros en dólares en el exterior. El responsable del bimonetarismo en argentina no es el ahorrista que busca proteger su futuro como puede, es la propia voracidad fiscal del estado.

Sin embargo, hay que reconocer que sí hay una veta cultural en el tema dólar. El ángulo cultural es la política de argentina, donde se prioriza la dádiva y el clientelismo político por sobre el mérito y la seguridad jurídica. Una cultura política que ha llevado a un estado tan grande que en los hechos es un salvavidas de plomo. Una cultura política que prefiere combatir el capital en lugar de ver al mercado como fuente de riqueza y oportunidades de crecimiento. En la medida que haya una cuestión cultural en el tema dólar, el mismo no es de los ahorristas, es de la dirigencia política.

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Nicolás Cachanosky

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