Esperando a Joe “El Che” Biden

Fabián Calle

Por Fabián Calle

Infobae 8 de Octubre de 2020

Algunos sectores de la política argentina fantasean con la idea de que, en caso de imponerse el candidato demócrata, EEUU virará hacia el más abierto progresismo. ¿En qué se basan?

En los últimos largos meses, en especial a partir de que el Covid-19 afectara la economía de los EEUU y eso le diese impulso a la campaña de los demócratas para llegar a la Casa Blanca, en ciertos sectores políticos, militantes y mediáticos de la Argentina comenzó a aparecer la idea de un cambio agudo y hacia el más abierto progresismo en el caso de que se imponga Joe Biden.

La línea argumental caracteriza al veterano ex senador y ex vicepresidente de Barack Obama como un activo socialdemócrata, ecologista, comprensivo con Cuba, Venezuela, el populismo latinoamericano y la heterodoxia económica, así como impulsor de un FMI humanitario y compresivo, alejado del proteccionismo económico de Trump, propenso a abrir las fronteras a inmigrantes de buena voluntad y decidido a desescalar los supuestos mal entendidos que han llevado a un fuerte nivel de hostilidad entre Washington y Beijing. El pequeño inconveniente en este relato son los 50 años de carrera política del Biden, que en noviembre cumplirá 78 años. Una somero repaso por su carrera política y sus innumerables discursos como legislador y vicepresidente nos llevarían a matizar fuertemente muchos de esos supuestos cursos de acción que ordenaría en caso de llegar al poder. Sus votaciones y proyectos en sus tiempos de senador siempre lo colocaron como un duro en temas de proteccionismo, inmigración ilegal, consumo de drogas y política exterior. Sin olvidar los innumerables vídeos donde sus actitudes irritaron a sectores feministas por lo que en lenguaje coloquial se denominaría hoy actitudes machirulas.

Asimismo y yendo a temas relacionados con la Argentina, cabe recordar, entre tantos otros, dos hechos puntuales. En 2011, durante el primer mandato de Obama-Biden, el entonces gobierno argentino confiscó material bélico que traían en un avión del Pentágono efectivos militares estadounidenses que habían sido invitados para maniobras conjuntas. Un incidente de extrema gravedad en la visión de la Casa Blanca, que estuvo por dar de baja la categoría de Aliado Mayor Extra OTAN obtenida por nuestro país en 1997. En Washington algunos interpretaron que esa intempestiva acción habría estado motivado como una señal amistosa a Irán, país con el cual se comenzaba un diálogo bilateral con vistas a firmar un par de años después un memorándum de entendimiento.

El otro, se dio en el 2014, cuando la actual vicepresidenta ocupaba la primera magistratura y en un discurso frente a funcionarios y militantes advertía que había una estrategia de desestabilización de su Gobierno y que en el caso que le pasara algo, se debía mirar hacia el norte para encontrar el responsable. Todo ello, durante el segundo mandato de Obama-Biden.

Volviendo a la actualidad, el Biden que han inventado algunos en su imaginación tendería moderar el actual conflicto económico y geopolítico con China y de esa forma sería más sencillo un más estrecho acercamiento de nuestro país al gigante asiático. El problema con este argumento es que en el caso de ganar el candidato demócrata su estrategia de política exterior sobre China tendrá un perfil igual o aún más duro que el de Trump. Ello se explica por un motivo estructural y otro más ligado a temas personales. Con lo primero nos referimos a que existe ya un amplio consenso en las élites políticas, empresariales y académicas americanas sobre que la puja por la primacía global con Beijing ya no tiene vuelta atrás y que está llamada a durar las próximas largas décadas. En otras palabras, si antes el crecimiento chino era funcional al capitalismo estadounidense y mundial, a partir de ahora en adelante es más una amenaza dado que le brinda más poder y recursos al régimen comunista, en lo político y de mercado en lo económico, para fortalecer su capacidad militar y política exterior centrada en tener el control de puertos y nodos logísticos claves a lo largo del mundo, incluyendo América Latina en general y Argentina en particular. Tal como nos enseña la historia, cada vez que una potencia extra regional intentó hacer pie firmemente en nuestra región, la Casa Blanca y todas sus agencias desarrollaron fuertes contramedidas. Se dio en los años 30 durante la presidencia de Franklin Delano Roosevelt contra la influencia de la Alemania Nazi en Argentina y el sur de Brasil. Luego, en los años 60, con la revolución comunista en Cuba y la decisión de John Fitzgerald Kennedy de lanzar la Alianza para el Progreso. Pocas dudas caben de que los EEUU ven a China como el protagonista de una tercera situación de este tipo y que por lo tanto la segunda presidencia de Trump o la primera y única, por su edad, de Biden tendrán a cargo seguir los pasos de esos dos míticos mandatarios que signaron la política mundial en el siglo pasado.

Yendo al plano más personal, el hecho de que durante esta campaña política hayan surgido fuertes ataques republicanos sobre los vínculos comerciales de las empresas del hijo del candidato demócrata con China hará que cualquier gesto de acercamiento hacia Beijing sea descodificado bajo ese fantasma de connivencia. Se repetirían así en cierta medida los problemas que tuvo Trump en estos años para desarrollar una política pragmática y de acercamiento a la Rusia de Putin (factor clave para una exitosa política de contención de largo plazo sobre China): cada vez que lo intentaba, los demócratas lo señalaban como una medida ligada a la supuesta, y nunca comprobada, ayuda de Moscú para ganar las elecciones de 2016. Si Trump tuvo que sobreactuar su dureza con Rusia, Biden se verá obligado a hacerlo con China y con aquellos países que por relatos ideológicos y/o negocios hagan de cabecera de plaza a la expansión del poder de Beijing en América Latina. Asimismo, y yendo al plano de las finanzas internacionales, pocas dudas caben que Wall Street y su bancos y fondos de inversión tienen su apuesta a favor de Biden como en el pasado lo tuvieron con Hillary Clinton.

En otras palabras, es poco probable que el candidato demócrata se vuelque contra estos poderosos actores. Mala noticia para los que esperan una refundación más humanista del capitalismo post Covid-19. Finalmente, es de esperar que esta visión de Biden como la encarnación del progresismo, la tolerancia, la paciencia y el dejar hacer no pase de un relato por parte de nuestros gobernantes para dejar contentos y motivados a sus núcleos militantes más intensos.

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