Pese a que la inflación es la madre de la pobreza, no se ven cambios en el rumbo

Manuel Alvarado Ledesma

Por Manuel Alvarado Ledesma

Infobae 9 de Diciembre de 2020

La estrategia de frenar algunos precios tendrá sus consecuencias y se van a sentir el año que viene

Un año ha pasado desde la asunción del presidente Alberto Fernández. En esta circunstancia uno se pregunta si ha mejorado o no la economía del país.

Permítanme resaltar lo que considero es el peor error del Gobierno. A esta altura de la evolución del capitalismo, todas las escuelas económicas están de acuerdo en algo: la inflación es, fundamentalmente, el resultado de un mal manejo monetario. ¿Cuál es éste? Si se mantiene un déficit fiscal como una parte importante del PBI, financiado con emisión de dinero por un período considerable –digamos tres o cuatro meses, para el caso nuestro–, necesariamente, habrá inflación, de dos dígitos.

La inflación es ni más ni menos que un impuesto a la tenencia de dinero. En consecuencia, la gente no quiere el dinero. Es decir, la demanda de pesos tiende a desaparecer. Porque los pesos “queman”. Su poder adquisitivo se evapora más rápido que el agua.

La gente sólo los quiere para realizar transacciones prácticamente instantáneas. No sirven para ahorrar ni tampoco como unidad de cuenta en forma inter-temporal. Si la nuestra fuera una economía de trueque, en lugar de aceite de oliva o sal, utilizaríamos, como medio de cambio, algo similar a la manzana, que rápidamente se pudre. El peso es una suerte de manzana.

Por eso el papel de Banco Central es decisivo: las expectativas condicionan el valor de los pesos. Y la gente mira al Banco Central para saber si va a permitir el aumento de la cantidad de dinero.

Pero el Presidente del Banco Central opera como si fuera un ministro más. La mejor señal para detener las expectativas de aumentos de precios se efectiviza cuando éste actúa como freno a los problemas de expansión del gasto. El comportamiento del Banco Central es la muestra más clara de la ausencia de institucionalidad en nuestro país, algo que viene de años.

"La inflación es ni más ni menos que un impuesto a la tenencia de dinero. En consecuencia, la gente no quiere el dinero. Es decir, la demanda de pesos tiende a desaparecer"

Para paliar las consecuencias de la pandemia, en vez de dirigir toda la atención al déficit fiscal, se hizo lo contrario, aunque en rigor de verdad esta política de aumento del gasto público había comenzado apenas asumido el nuevo gobierno. En una suerte de keynesianismo “berreta”: se pretendió reactivar la economía con un aumento del gasto público, con financiamiento por emisión monetaria. Y acá no nos referimos a los subsidios realmente imprescindibles para la coyuntura.

Ergo, la velocidad de circulación del peso, se acentuó. La velocidad de circulación tiene el mismo efecto inflacionario que un incremento de la masa monetaria.

Nadie quería (ni quiere) tener pesos en sus manos. Así el dólar aceleró su recorrido ascendente, lo que llevó en varias ocasiones a una brecha cambiaria de 150 por ciento.

"La inflación es ni más ni menos que un impuesto a la tenencia de dinero. En consecuencia, la gente no quiere el dinero. Es decir, la demanda de pesos tiende a desaparecer"

La inflación, para este año, será de aproximadamente un 37 por ciento. Podrá parecer menor que la del 2019. Sin embargo, no es así precisamente. ¿Por qué? Porque en el 2020, muchos servicios como el transporte, los alquileres, y la telefonía, entre otros, se mantuvieron congelados. Y una variada gama precios de alimentos estuvo “pisada. Esta estrategia de frenar algunos precios tendrá sus consecuencias, a sufrirse el año que viene.

Para fin de año, el valor oficial de nuestra moneda habrá sufrido una depreciación, en términos de dólar, cercana al 42%, con un nivel de reservas internacionales en franca caída y un elevado nivel de desempleo. No hay indicio alguno que muestre que para el año entrante la situación mejorará.

Con este cuadro, no puede sorprender el terrible dato de pobreza, que es sin dudas la mayor vergüenza nacional. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA, calcula la pobreza no solamente por el nivel de ingresos, tal lo como efectúa el INDEC, sino también por mediciones multidimensionales de la pobreza. Y afirma que, a octubre, el 44% de la población, 20 millones de personas, están bajo el nivel de la pobreza.

La inflación es el impuesto más regresivo y perverso. Los resultados están a la vista.

El autor es economista

Persona
Manuel Alvarado Ledesma

Proximos Seminarios

Publicaciones

Programas relacionados