Tasa de interés: ¿y si funciona al revés?

Para reducir la inflación se considera que la tasa de interés real elevada encarece el crédito y tiene un efecto contractivo sobre la economía, con lo que se logra reducir la inflación. Eso puede ser verdad cuando las empresas tienen márgenes positivos, fácil acceso al crédito o están con planes de expansión. Así lo indica la experiencia de décadas de otros países y los libros de economía.

Me atrevo a sugerir un efecto diferente del aumento de tasas: no reduce sino que aumenta la inflación. En Argentina las empresas casi no tienen márgenes positivos, tienen enormes restricciones de capital de trabajo y deben recurrir a crédito de cortísimo plazo o a descontar cheques de proveedores. Por ello, un aumento en la tasa es un verdadero costo adicional, ya que no pueden dejar de descontar cheques para pagar a sus proveedores. Si, por el contrario, la empresa tuviera una situación financiera mínimamente holgada, le conviene invertir esos fondos en activos financieros de corto plazo, por ejemplo, Lebacs, en lugar de utilizarlos para mejorar o expandir su producción o dar mejor crédito a sus clientes.

Por ello, una tasa real elevada asfixia financieramente al que necesita los fondos para continuar operando e inhibe de usos productivos al que tiene excedentes. El costo del crédito es obviamente un ítem relevante y termina impactando en precios. ¡Al revés del efecto buscado! Dicho de otra manera: la empresa intentará subir precios para absorber ese costo. Tendremos el doble efecto de recesión e inflación.

Recalco que hablo del efecto sobre capital de trabajo. Es cierto que las inversiones no se analizan con este nivel de tasas nominales, sino con tasas reales. Pero como para que la restricción monetaria tenga efecto, la tasa de interés real debe ser muy alta, tampoco hay inversiones atractivas y aún peor es en un entorno donde la empresa no puede crecer justamente por sus elevados costos.

Los créditos subsidiados que muchas empresas reclaman no son una solución. Alguien debe asumir el costo (¡más déficit fiscal imposible!). Por otra parte, se suelen otorgar para inversiones, cuando en realidad las empresas tienen un ahogo financiero importante y necesitan sanear esas finanzas mucho antes que pensar en crédito para inversiones. Es importante no olvidar que el sistema financiero asume riesgos muy grandes prestando a tasas muy altas y simplemente no presta, que es aún peor que soportar tasas altas.

Asimismo, una tasa alta tiene efectos en el mercado de capitales y hace muy difícil asumir el riesgo de invertir en acciones. Se genera una espiral descendente: a mayor tasa por más tiempo, menor atractivo de invertir en acciones y menores precios. El costo del capital aumenta exponencialmente. Los mercados se destruyen.

La tasa de interés elevada también se utiliza para contener el dólar. Bajarla pudiera generar cambios no deseados y abruptos sobre el tipo de cambio. Solo si la economía crece y aumenta su productividad (¡ambas condiciones!) este riesgo se reducirá. Pero los economistas sabemos que no se debe utilizar un solo instrumento con dos objetivos.

Las posibles soluciones a este enredo son muy pocas y lentas: las provincias podrían eliminar el régimen de percepciones y retenciones de impuestos, que sería un gran desahogo financiero para las empresas. La empresa pagará lo mismo, pero solo después de haber cobrado a su propio cliente. ¡Un cambio no menor! Ya son muchas las provincias que tienen situación financiera holgada, ¿por qué seguir asfixiando a sus empresas locales?

De la misma manera, el Estado nacional podría devolver el crédito fiscal de IVA o al menos permitir su uso para el pago de otros impuestos en forma generalizada (hoy solo admisible en casos muy particulares). Devolverlo sería efecto de "base caja", pero que no aumenta el déficit fiscal; solo se trasladaría el momento del cobro en unos meses. Con o sin costo fiscal, no puede seguir existiendo el crédito fiscal proveniente de alícuotas diferenciales.

Aun cuando las medidas sugeridas tuvieran algún costo fiscal, que de todas maneras ya existe, es más que compensado con el ahorro en intereses a pagar y, ojalá, con evitar la quiebra de múltiples empresas.

Los montos involucrados en ambas propuestas son mínimos y reduciría parcialmente el "empuje" sobre costos e inflación. Creo que sería suficiente para quitar palos en la rueda y ponerla en marcha nuevamente.

Persona
Diana Mondino

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