Cambio de rol, nuevo orden

Por Federico Vacalebre

Infobae 21 de Diciembre de 2020

Algunos empiezan a ver como algo beneficioso que los bancos centrales incrementen levemente su objetivo de inflación, para darle más aire a la política monetaria y proteger su credibilidad

Tras la pandemia y con esta como telón de fondo, la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, en inglés) cambió cierta parte del marco con el que lleva adelante su política monetaria, afectando, como es de esperarse, no sólo a EE.UU. sino a la economía global. El cambio es parte de una revisión de la estrategia de la política monetaria que había empezado el año pasado. Dada la sustancial influencia que las tasas de interés en EE.UU. tienen en los flujos capitales globales, y el valor de los activos financieros en general, es esperable que los ojos estén puestos allí.

Hemos visto que el presidente de dicha entidad, Jerome Powell, manifestó que la Reserva Federal de los EE.UU pasará a definir su objetivo de estabilidad de precios como una inflación promedio en torno al 2% anual. Por su parte, también modificó su objetivo respecto del nivel de empleo.

Para entender la decisión es necesario ponerla en contexto, la Fed nunca antes había definido numéricamente su objetivo de inflación hasta la crisis financiera global de 2008 (subprime). Cuestión que le resultaba práctica, dándole mayores grados de libertad, para influir en el ciclo económico. Sin embargo, con el objetivo de reforzar su política de forward guidance, la Fed decidió explicitar su target de inflación, medida por el deflactor del gasto de los hogares en general, no con la inflación núcleo.

En el caso del objetivo de empleo nunca se fijó un valor específico, como ocurre con la inflación. La Fed dio un marco más laxo y menos restrictivo a la definición de empleo. Así que piensan, desde la organización, que las tasas de desempleo cercanas o incluso superiores a lo que se considera pleno empleo (sin contar el desempleo friccional), no tendrán como consecuencia una política monetaria más restrictiva si no se verifica al mismo tiempo un impacto negativo en la inflación, o en otras variables.

Debido a estos cambios en materia de política monetaria, la economía de EE.UU registró cambios significativos en el comportamiento de algunas variables claves, tales como la inflación. Dicha variable, parece ser menos sensible al grado de utilización de la capacidad instalada. Más allá de esto, la baja sistemática de la tasa de desempleo observada en los últimos años no tuvo como consecuencia presiones inflacionarias, y la estimación de la tasa de desempleo consistente con la meta de inflación de 2% en el largo plazo bajó de 5,5% en 2012 a 4,1% a principios de este año.

Además, se observó una baja en términos de proyección de la tasa de interés real consistente con los objetivos de empleo y estabilidad de precios, que pasó de 2,25% a 0,5% anual. Esto significaría una caída de la tasa de fondos federales de 4,25% a 2,5% anual (teniendo en cuenta la meta de 2%). Esto le quita a la Fed capacidad de maniobra para bajar la tasa de interés de política monetaria ante shocks adversos de demanda.

Ahora bien, ¿qué hemos de esperar? Algunos empiezan a ver como algo beneficioso que los bancos centrales incrementen levemente su objetivo de inflación, para darle más aire a la política monetaria y proteger su credibilidad.

Dado este panorama no sería raro que las tasas de interés reales se mantengan muy bajas por un período prolongado, si es que uno estima que, por la crisis relacionada a la pandemia, la tasa de inflación este por debajo del 2%. Un colateral del cambio de la política monetaria, es que las tasas de interés reales bajas reducirían el costo en términos reales de la deuda pública emitida por el tesoro de los EE.UU. Lo que seguramente impacte en los emergentes, haciendo más potentes sus instrumentos de deuda por el diferencial de rendimiento.

Frente a las recurrentes burbujas financieras características de los ciclos económicos en EE.UU., y a las tasas de interés decrecientes por casi dos décadas, algunos sugieren que el estancamiento secular estaría asociado con una tasa natural de interés más baja, y esta a su vez tendría causas reales, como una caída de la inversión y de la productividad marginal del capital.

El uso de SWAP muestra un cambio importante en la política de la Fed como banquero global, aunque actualmente sea una política limitada a los intereses comerciales y geopolíticos de EE.UU. dejando de lado a los países en desarrollo, que son los que están más urgidos de contar con financiamiento internacional. Las motivaciones parecen estar relacionadas con el interés propio de los EE.UU. que hoy pasa por estabilizar su mercado de deuda, sostener bajos los tipos de interés, evitar el desplome de los flujos comerciales con sus principales socios y ejercer un liderazgo monetario responsable en su área de influencia geopolítica.

La pandemia, que ha generado la necesidad de mayor activismo fiscal a nivel global, con una recuperación lenta en los países avanzados, en EE.UU. y en Europa, nos lleva a pensar que los bancos centrales seguirán en camino de transformarse de nuevo en agentes fiscales. Siendo conveniente que los bancos centrales periféricos lo noten.

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