Impuesto a la riqueza: algunos conceptos

Diana Mondino

Por Diana Mondino

Infobae 24 de Noviembre de 2020

En Argentina ya está gravada tanto la renta como los activos, a nivel nacional, provincial, municipal y se agrega una nueva gabela que nos empobrece a todos

Aburriré al lector con algunos puntos teóricos sobre el Aporte Solidario Extraordinario que todos llamamos Impuesto a la Riqueza. Claro que a nadie le gustan los impuestos, pero son necesarios para que un Estado funcione. Lo relevante entonces es ver cuál es el tipo de impuesto apropiado y que tenga los menores efectos negativos posibles. Este es un impuesto que con variantes, ha sido abolido en todo el mundo hace años, y en Argentina tendría varias particularidades.

Simplemente para clarificar, es un impuesto a los activos, porque no considera las deudas. Lo mismo ocurre con el impuesto a los Bienes Personales.

Hay diversos temas que la Oficina del Presupuesto del Congreso (OPC) debería analizar. Deberían ver la progresividad, si hay o no doble o triple imposición, si hay discriminación entre contribuyentes y jurisdicciones, el uso de los fondos y cuáles son sus efectos. Aquí sólo mencionaré algunos temas conceptuales sin entrar en los detalles.

El argumento que recaería sobre muy pocos contribuyentes tiene un sabor muy amargo: olvidamos que los impuestos se trasladan a precios, a menor valor de los activos por menor rentabilidad, o ambos efectos. Es decir, este impuesto lo pagamos todos.

Claramente un mayor impuesto genera mayor recaudación. Algo que aprendí hace años es que todo nuevo impuesto financia el gasto de menor importancia. Eso es así porque si el nuevo impuesto no pudiera cobrarse, entonces algún gasto debería dejar de realizarse. Si todos los restantes gastos continúan, quiere decir que aquello a lo que se destinaría el nuevo impuesto es menos importante. Esto se comprueba con la aprobación del presupuesto plurianual aprobado la semana pasada, en la que este impuesto no estaba considerado. Mis profesores tenían razón.

Los impuestos por definición pueden afectar su propia base imponible. Es decir, ante un impuesto baja el valor o el consumo de dicho bien. Por eso una casa o auto con altos impuestos vale menos que una que esté exenta o para reducir el consumo hay impuestos a los cigarrillos o juegos de azar.

Los impuestos pueden ser progresivos, es decir mayor alícuota ante mayor valor de la base imponible. Esto suele considerarse algo positivo en el sentido que “paga más quien más gana o tiene”. Como todo en economía, hay otro costado: si el impuesto es elevado, desincentiva aumentar la base gravable.
Adicionalmente, hay otro efecto mucho más importante: nada indica que el uso que se le dará al impuesto es mejor para la economía que el que le daría el contribuyente. Si una persona gana más podrá decidir en qué gastar –por ejemplo, una maestra de inglés para su hijo-, pero si paga muchos impuestos, tal vez no pueda hacerlo y la maestra tendrá menos ingresos aunque alguna otra persona tal vez tenga más. Quizás el gasto hubiera sido en la actividad o provincia X y el gobierno lo dirige al lugar o actividad Z. Argentina no tiene ningún tipo de sistema informativo que permita saber cuál será el mejor uso, ni mucho menos, cuál hubiera sido el que hubiera tenido.

El impuesto a la riqueza o, repito, a los activos, no existe en otras partes del mundo por un tema de equidad entre jurisdicciones. Es más lógico que cada municipio grave distinto tipo de activos o propiedades en su jurisdicción a que las grave la Nación. Así, el municipio tiene incentivos – ¡y recursos! para tener la mejor infraestructura (caminos, seguridad, educación, etc.) posible que a su vez valorizan las propiedades lo que a su vez aumenta los recursos. En nuestro país las provincias y municipios y algunos otros entes públicos ya cobran impuestos en función del valor del bien.

Asimismo, un impuesto al activo debiera considerar el flujo que el mismo genera. Una máquina que sirva para hacer tornillos vale mucho más que los tornillos. Si se pone un impuesto a la máquina, ese mayor costo puede generar pérdidas o será necesario subir el precio de los tornillos.

Otro efecto a considerar es que los activos rara vez son líquidos. Un campo, una industria, una casa, una empresa no tienen disponible un % de su valor. Por ello es una ley de difícil cumplimiento. Las personas pueden tener liquidez, que estará invertida. Si fuera en activos argentinos, la venta para cumplir con el impuesto podría hacerlos bajar, empobreciendo a todos los argentinos, y particularmente al ANSES que es el principal tenedor de bonos y acciones de Argentina.

No conozco las razones para gravar con mayor alícuota bienes en Argentina o el exterior. Lo que sí puedo afirmar es que no es un incentivo para liquidar los que están en el exterior y traerlos a Argentina, porque lo que importa es la carga tributaria total, incluyendo todos los demás impuestos que ya de por sí son elevados en Argentina.

Al ser un impuesto a los activos, se aplicará sobre una inversión que ya está hecha – es un gravamen definido expost -. Es algo odioso que puede dificultar que se realicen nuevas inversiones al demostrar –una vez más- poca estabilidad fiscal

En resumen: en Argentina ya está gravada tanto la renta como los activos, a nivel nacional, provincial, municipal y se agrega un nuevo impuesto. El capital es – por definición- móvil y eventualmente podría ir a otro país. Un nuevo impuesto que ni siquiera reduce el déficit no nos ayudará a crecer. Todo impuesto reduce el valor de los activos sobre los que se aplica, y/o se traslada a precios. Perdón si le aburrí, estimado lector. Debería ser al revés y sobresaltarnos al saber que un impuesto a la riqueza nos empobrece a todos.

* La autora es economista - Universidad CEMA

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