De vuelta a la cuarentena estricta: ¿renacerán las empresas fundidas?

Diana Mondino / UCEMA

Por Diana Mondino

Infobae. 26 de junio de 2020

Ante la pandemia muchos países optaron por restringir actividades, lo que afectó notablemente la economía. El objetivo de la Fase 1 era ganar tiempo para disminuir la tasa de contagios hasta tanto los sistemas de salud pudieran fortalecerse para atender mayor cantidad de gente, o por lo menos la misma cantidad de gente que antes pero espaciada en el tiempo. En el caso argentino, daba además tiempo para definir cómo salir de nuestras múltiples emergencias.

Las restricciones de actividad fueron compensadas parcialmente de diferentes maneras en cada país. En Argentina cada lector sabe y juzga qué se ha hecho y cómo le afecta a sí mismo y a su entorno. Muy brevemente comento tres temas: el efecto sobre la economía en general, sobre si ha muerto el capitalismo y la importantísima discusión sobre cambio climático.

Al reducirse actividades, muchas empresas y personas han padecido económicamente. En muchísimos casos esas empresas no podrán volver a abrir ya que ya no cuentan con financiación: han perdido su capital de trabajo, posiblemente hayan perdido su capital personal, y se ha desmembrado su organización. Aún cuando mágicamente hubiera fondos ilimitados, es muy difícil volver a generar los procesos y métodos que tuvieran, el entrenamiento del personal, sus proveedores pueden haber desaparecido, o lo más triste… pueden haberse “rendido”. Cualquiera de esas razones es devastadora.

La vida sigue y habrá algún día otras empresas, pero no las que tuvimos. Aunque volvamos atrás con las medidas, las pymes que desaparecieron ya no vuelven. Esperemos que las que sobrevivan sean más fuertes, más innovadoras, con más suerte para que –con el tiempo- puedan volver a generar suficiente crecimiento para absorber el devastador desempleo que tendremos. Esas empresas necesitarán mucha ayuda de todo tipo, ya que sin empresas no hay trabajadores. ¡Y viceversa! Los trabajadores necesitarán ayuda de todo tipo, ya que sin trabajadores no hay empresas.

Esa ayuda sólo puede venir del espíritu creativo de los argentinos, y de una reducción de la mochila de piedras que significan los miles de regulaciones que tenemos. Del lado de las empresas, cuando no hay dinero hace falta creatividad. Del lado del Estado será necesario permitir que las empresas puedan tener alguna ganancia para que puedan crecer. Eso es el capitalismo: creatividad para lograr ganancias para que haya incentivos para crecer. Esta crisis muestra en el mundo entero que cuando se limitan actividades económicas, las que sean, sufrimos todos: por algo existían esas actividades y había alguien dispuesto a pagar por ellas.

Otra consecuencia, esta vez positiva, es la notable reducción de gases de efecto invernadero. Por menor consumo de combustibles fósiles se han limpiado los cielos. La pandemia fue muchísimo más efectiva que cualquier acuerdo internacional. De todos modos, prestemos atención al fenomenal costo en actividad que esto significa. La transición hacia combustibles más limpios tal vez no pueda ser más rápida porque será difícil pagar su mayor costo. En Argentina deberíamos aprovechar las oportunidades que tenemos introduciendo un gran avance tecnólogico: gas, biomasa, bioetanol, solar, etcétera. Como siempre, el problema es cómo lograr esas enormes inversiones antes de que los países que siguen avanzando reduzcan los precios internacionales.

Más medidas parecidas a Fase 1 no es volver el tiempo atrás. Cuando terminen las cuarentenas más duras no renacerán las empresas fundidas. Las empresas que cayeron ya no volverán. Veamos entonces cómo hacemos para generar incentivos para que las que sobrevivan ¡y otras nuevas! puedan tomar su lugar.

La autora es economista de la UCEMA

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