La sustentabilidad, dos caras de la misma criptomoneda

Por Iván Buffone

La Nación 1 de septiembre de 2021

Para Alberto Fernández, las criptomonedas son una posible estrategia contra la inflación; para los libertarios, son una oportunidad de descentralizar y tener mayor autonomía; y para el presidente de la Cámara de Valores de los Estados Unidos, un riesgo para el lavado de dinero. Las opiniones siguen, pero en lo que todos concuerdan es que se trata de un fenómeno imposible de soslayar.

Mirado con esperanza por algunos y con recelo por otros, hay una faceta fundamental de las criptomonedas que se posiciona como una de los debates más relevantes para su desarrollo: el impacto ambiental. Si bien la sustentabilidad forma parte de la conversación pública más reciente sobre el tema, las oportunidades y lecciones que dejan para la Argentina aún no fueron desarrolladas.

La primera parte es la más conocida: el proceso de creación digital de una criptomoneda demanda una enorme cantidad de energía. Según el Índice de Consumo de Electricidad de Bitcoin de la Universidad de Cambridge, la minería de la criptomoneda -como se llama habitualmente a este proceso- consume 151,16 teravatios-hora (Twh) por año en todo el mundo, que es más que lo que gasta la Argentina durante ese período. Esto trajo consecuencias muy concretas, como la decisión de China de prohibir la minería de criptomonedas en varias de sus provincias o que Elon Musk deje de considerarlas como medio de pago para Tesla.

De lo que se ha hablado menos es que este impacto ambiental negativo esconde una rendija para algunos países con un enorme potencial en energías renovables como la Argentina. El mercado está abierto y es millonario. La demanda crecerá, si se tiene en cuenta que hasta ahora China concentraba por lo menos el 60% de la minería.

Quien demuestre que puede reemplazarlo de forma sustentable podrá capturar ganancias de un fenómeno que llegó a valer 645 mil millones de dólares. Por ahora, esto es una promesa que habrá que hacer realidad. Establecer un agresivo plan de energías renovables que atraiga a inversores para minería de criptomonedas es un camino no exento de dificultades en un país que en los últimos 15 años tiene polémicas alrededor del suministro.

El potencial de energías renovables está. Eólica, solar, hidroeléctrica... la Argentina está entre los países con mejores condiciones a nivel mundial para cada una de ellas, y acelerar el incremento de su capacidad traerá beneficios a la economía en su conjunto. Durante 2020, el 9,7% del total de la demanda de energía eléctrica del país fue abastecida a partir de fuentes renovables y durante la madrugada del 10 de julio de este año se alcanzó un pico histórico del 24,11%. El potencial en minería cripto también está si consideramos que hace unos días Bitfarms se transformó en el primer unicornio nacional especializado en el tema.

Aunque naturalmente se las asocia con la volátil y popular bitcoin, las criptomonedas son una herramienta tecnológica mucho más amplia, que -para decirlo de manera muy simplificada- incorporan tecnología blockchain al intercambio financiero promoviendo una economía descentralizada. Este nuevo servicio para las transacciones digitales tuvo inversiones de 77,1 millones de dólares en América Latina solo durante 2020 y se estima que mantendrá el crecimiento del 45% hasta 2023, según un informe de Ametic, con la colaboración de ICEX y Realsec.

Mientras las cotizaciones continúan en alza y cada vez más argentinos lo escogen como método para derivar sus ahorros, se abre ante nosotros un nuevo desafío: atravesar el mundo cripto con la sustentabilidad y aprovechar esa oportunidad para nuestro desarrollo.

Licenciado en Ciencias Políticas (UCA) y posgrado en Bonos Verdes y Finanzas Sostenibles (Ucema)

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Iván Buffone

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