¿Mérito o meritocracia?

Manuel Alvarado Ledesma

Por Manuel Alvarado Ledesma

La Nación 9 de Diciembre de 2020

Detrás del término mérito se encuentra el gran problema de la humanidad: la distribución de ingreso nacional. Es decir, qué recibe de la torta cada persona. No existe forma de distribución que implique realmente equidad, pero sin dudas el mérito es un componente necesario para aproximarse a ésta.

La irreductibilidad del mérito como forma básica de justicia distributiva es central en el debate de la forma de repartir la riqueza. Obviamente, ello no significa que el mérito sea un valor absoluto. Porque no comprende la exclusión de otros aspectos del ser humano como, por ejemplo, la atención de las necesidades básicas o la seguridad. Hay cosas que están más allá del mérito.

No existe una definición intrínseca del mérito, aunque por siglos haya sido tema de discusión. Amartya Sen (Nobel en Economía) sostiene que la expresión mérito es poco clara y contingente, y depende de la concepción sobre lo que es bueno y justo en una sociedad determinada.

El notable economista escocés Adam Smith lo define como una acción ética. En su Teoría de los sentimientos morales (1759) se refiere al tipo de acciones que requieren aprobación o rechazo moral. Para ello, escribe sobre los sentimientos que nos incitan a recompensar (la gratitud) y los sentimientos que nos incitan a castigar (resentimiento). Entonces, el mérito y el demérito son las cualidades de merecer recompensa (reward) o castigo (punishment).

Por una razón Leloir recibió el Nobel en Química. Su tesón y esfuerzo lo condujeron hacia allí. La investigación científica fue su camino de espinas y satisfacciones, con delantal gris y sentado en una silla a punto de vencerse.

Hablar de mérito no es hablar de meritocracia. Michael Young acuña este término en 1958, en su libro El ascenso de la meritocracia, una crítica al modo capitalista. Una sátira. Y lo entiende como "un sistema político en el cual los bienes económicos y/o el poder se otorgan a los individuos sobre la base del talento, el esfuerzo y los logros". Se refiere al sistema donde aquellos que estén dispuestos a multiplicar sus capacidades son elegidos para asumir determinadas responsabilidades, desde las menores a las mayores.

Mientras el mérito es un valor, la meritocracia es una suerte de sistema y, como tal, no puede tomarse como algo ideal, pues más bien tiende a considerar los resultados personales por sobre todo. El primero se refiere a la conducta que hace al hombre merecedor de algo. En cambio, la meritocracia tiene aspectos positivos y negativos. En toda forma de distribución es imprescindible al aplicación del principio de subsidiariedad del Estado.

Pero cuidado con la intervención del Estado. Escribe Juan Pablo II: "Al intervenir directamente y quitar responsabilidad a la sociedad, el Estado asistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos".

En el Evangelio se lee la parábola de los talentos. Cuenta sobre un hombre de gran riqueza que, antes de ausentarse, entregó a sus empleados, conforme a sus capacidades, varios talentos. A uno, cinco, a otro, dos y al último, solamente uno. Mediante su trabajo, el primero ganó cinco más, el segundo los duplicó, en tanto que el último, escondió el talento. A su regreso, el señor quedó satisfecho con la respuesta los dos primeros. Pero, con la del último se desató su ira. Por la inactividad- a consecuencia del miedo, de la desconfianza en sí mismo o de la pereza - castigó a este último.

En el sistema económico, es necesario generar la cultura del emprendimiento y de la confianza en cada uno, como lo indica el amo a sus empleados para que miembro de la sociedad, conforme a sus capacidades, desarrolle sus talentos.

El mérito como forma de ordenamiento social justo y progresista puede ser discutible. Sin embargo, es un valor que, aunque no sea posible medirlo, enfatiza la virtud del esfuerzo. Y en el lenguaje de la calle significa ganarse lo que uno quiere y necesita, sin quedarse sentado aguardando la ayuda del Estado.

Mandela lideró los movimientos contra el apartheid y, tras una larga lucha y 27 años de cárcel, presidió en 1994 el primer gobierno posterior al régimen racista. Llegó a presidente de Sudáfrica con el reconocimiento internacional.

Hay expresiones del presidente Fernández que desorientan. Un ejemplo es cuando dijo que lo que nos hace evolucionar o crecer "no es verdad que sea el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años." Cuestionar la acepción que el sentido común marca sobre el mérito conlleva el riesgo de que sus palabras sean entendidas como una invitación a cruzarse de brazos. A la espera de que el Estado resuelva los problemas. A desligarse de la responsabilidad que acarrea la vida.

El mérito pondera, además del resultado, el camino para llegar a éste. Y en ello se basa la dignidad de la persona humana.

Persona
Manuel Alvarado Ledesma

Proximos Seminarios

Publicaciones

Programas relacionados