Por qué son claves las exportaciones del agro para que se recupere la economía

Manuel Alvarado Ledesma / UCEMA

Por Manuel Alvarado Ledesma

La Nación  12 de mayo de 2020

Cuánta necedad: todavía una parte de la dirigencia no logra (o no quiere) comprender que, desde el agro, además de la producción de commodities, se desarrollan eslabones aguas arriba, a través de la industrialización de insumos y bienes de capital, y eslabones aguas abajo, mediante distintas industrias como las de alimentos para el consumo final.

Pese a la aguda presión impositiva y el recelo de las autoridades, desde la década de 1940, las industrias conexas han experimentado un notable crecimiento y, simultáneamente, han contribuido a amortiguar la desigual distribución de la actividad a lo largo y ancho del país, derivada del proceso de industrialización por sustitución de importaciones.

Mediante batallones de lobbies, aquéllos en camino a ser perdedores han luchado para detener el cambio de la estructura económica. Dado que son muy pocos y concentrados, en comparación con aquellos que podrían ser ganadores, el resultado ha sido favorable a los primeros.

Una base ideológica acerca de la inelasticidad de la oferta agropecuaria, cuyos antecedentes provienen de David Ricardo, forma parte de tal convicción. Para Ricardo, la oferta de tierra cultivable era fija. Tenía razón, en su tiempo, a principios del siglo XIX. Pero, hoy es muy diferente; la productividad -que es la obsesión del agro- anula tal concepto. Si hay estímulos, la producción crece.

Se agrega a ello la idea del deterioro de los términos de intercambio que origina la estrategia de sustitución de importaciones. Se pensaba que los valores de los productos primarios quedaban relegados frente a los de los industrializados. Y como para echar nafta sobre el fuego, en la década de 1970, surgió una suerte de teoría: la "enfermedad holandesa". Se refiere al fenómeno que puede ocurrir cuando un país recibe una cantidad masiva de recursos económicos por exportaciones de fuertes ventajas comparativas, lo que detona una acentuada apreciación de su moneda. Fue el caso de Holanda. Sin embargo, en poco tiempo el problema quedó superado.

La historia económica muestra cómo muchos países no cayeron en este mal. EE.UU. Nueva Zelanda y Canadá son un buen ejemplo.

Por ello, no resulta lógico contraponer la visión industrial a la agraria. Porque el agro también es generador de industrias y, al contar con nuevas tecnologías, posibilita un gran crecimiento de la producción industrial y de las exportaciones. Sí, señores: de las exportaciones. Subrayen, por favor, esto.

En la actual encrucijada, agravada por la pandemia, las exportaciones agrícolas son la clave para comenzar a superar el cuadro; para generar riqueza y divisas. Acá está uno de los principales argumentos para alcanzar una renegociación interesante de la deuda soberana.

Hoy con la cuarentena y los daños que ésta logra provocar, es más importante que nunca la acción de las exportaciones ligadas al agro. Y si algo el mundo necesitará imprescindiblemente, una vez superado este flagelo, será la alimentación. Sin embargo, la política impositiva sigue ensañada con el agro. Y no se entiende, que en un proceso continuo de aumento de impuestos, llega un punto donde no solo baja la producción también lo hace el monto recaudado. La curva de Laffer muestra claramente este comportamiento. Cuando la presión impositiva llega a cierto nivel, baja la recaudación, pues se reduce la producción y/o se incrementa la evasión.

Lo obvio es difícil de advertir. Un maestro como George Orwell lo resumió así: "Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante".

El autor es economista y profesor de la Maestría en Agronegocios de la Ucema.

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Manuel Alvarado Ledesma

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