Las instituciones y su incidencia en el éxito o fracaso de las naciones

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Por Diana Mondino

La Nacion. 21 de marzo de 2019 

En 2012, se publicó el fascinante libro Por qué fracasan los países, de Acemoglu & Robinson. El subtítulo da una clara indicación del contenido: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Su tesis central es que "las instituciones son la causa fundamental de las diferencias en el desarrollo económico". A lo largo de múltiples ejemplos, datos e historias, muestran que para ellos el gran problema de la economía -por qué algunos países son ricos y otros pobres- no es uno estrictamente económico, sino político.

No intentaré resumir aquí las 600 páginas del libro. Basta decir que los autores no identifican a la cultura, a la geografía o a las fallas de mercado, sino a las instituciones económicas y políticas como principales razones para lograr el desarrollo. Otros autores desde hace 250 años hablan de "pesos y contrapesos" (checks and balances) no solo como parte esencial de una república, sino también dentro de cada organización.

Los autores destacan que el éxito o fracaso de las naciones depende de sus instituciones políticas, las que a su vez determinan las instituciones económicas. ¡En la Argentina solemos creer que es al revés! No es la dotación de recursos la que determinó que Buenos Aires sea el principal foco económico, sino la decisión política de constituir la Aduana como principal fuente de recursos del país, y que fuera Buenos Aires prácticamente el único puerto desde la colonia hasta hace pocas décadas.

Siguiendo con ese análisis, las instituciones pueden ser de dos tipos: "inclusivas" y "extractivas". Las instituciones económicas inclusivas "posibilitan y fomentan la participación de la gran mayoría de las personas en actividades económicas que aprovechan mejor su talento y sus habilidades y permiten que cada individuo pueda elegir lo que desea". Las instituciones económicas inclusivas ofrecen una garantía a múltiples derechos, un sistema jurídico imparcial y un conjunto de servicios públicos que proporcionan igualdad de condiciones para la educación, la salud, la libertad de comercio y contratos, la libertad de elección en las profesiones, etcétera. Esas cuestiones recaen sobre el Estado, inexorablemente entrelazado con las instituciones económicas. De este tipo, son las instituciones de países que hoy consideramos desarrollados.

Se considera una institución política inclusiva cuando es pluralista y está suficientemente centralizada. Si algunas de estas condiciones no se cumplen, las instituciones políticas serán extractivas, que concentran el poder en manos de una élite reducida, fijando pocos límites al ejercicio de su poder. Dicha élite ejerce presiones para que las instituciones económicas les garanticen la extracción de recursos del resto de la sociedad.

Las famosas pujas distributivas y de poder se expresan a través de conflictos sobre y dentro de las instituciones, y lo que allí suceda dependerá de qué personas o grupos ganen en el juego político. Aquí tiene importancia nuestro sistema electoral: los diputados y senadores no representan directamente a los ciudadanos, sino a sus partidos o las provincias. Tal vez por ello el sector exportador no tiene la representación que su importancia para la economía debiera concederle.

Otro interesantísimo autor es Jared Diamond. También analiza los éxitos y fracasos de las sociedades. Cito tres de sus libros: Armas, gérmenes y acero (1997), Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (2005) y Upheaval: Turning Points for Nations in Crisis (2019, aún no lo he visto traducido). Diamond analiza el progreso de diferentes civilizaciones y el predominio de la cultura de Europa occidental. Estudia cómo y por qué algunas naciones se extinguen y las razones por las que solo algunas naciones logran recuperarse de grandes traumas.

Estos análisis del fracaso de las naciones podrían servirnos de guía. Claramente nuestras instituciones políticas no son estables y tengo muy serias dudas de que sean realmente inclusivas. Tuvimos golpes de Estado y cambios abruptos en el sistema impositivo, una Justicia lenta y no siempre se respetan todos los derechos. Sin entrar en detalles, tenemos una economía extremadamente regulada y cerrada que dificulta crecer. No tenemos instituciones que les den una voz a quienes pudieran producir más o mejor.

Llegar con nuestros productos a más mercados es el resultado de empresas eficientes e innovadoras. Si también logramos mantener instituciones más eficientes, tendremos la base para crecer. Lo estamos intentando.

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