El "Gran Hermano" digital para luchar contra la amenaza global del coronavirus

Juan Battaleme

Participación de Juan Battaleme

Perfil. 22 de marzo de 2020

 

China, Corea del Sur, Israel, Singapur y Francia analizan metadatos y la huella digital de los usuarios para controlar que no violen la cuarentena. Riesgos de un mundo orwelliano.

China, Corea del Sur, Israel, Estados Unidos, Francia y Singapur, entre otros países, apelan a un “Gran Hermano” digital para combatir la pandemia del coronavirus, cruzando datos de los ciudadanos que  regresaron del extranjero en las últimas semanas, presentaron síntomas o dieron positivo en los test y fueron aislados. El objetivo de los gobiernos es rastrear y mapear la propagación del brote, controlar que los enfermos cumplan con la cuarentena y saber con qué personas estuvieron en contacto antes de ser recluidas.

El Covid-19, un “enemigo invisible” para las autoridades, y la falta de cooperación de algunos sectores de la sociedad pusieron en el centro de la escena a la cibervigilancia, los metadatos, el reconocimiento facial, el uso de drones y otras herramientas para controlar a la población. El primero en hacerlo, y que menos tabú tuvo, fue China, pero pronto lo imitaron las democracias asiáticas y occidentales. Francia anunció ayer que la policía utilizará helicópteros y drones para vigilar que la gente respete el confinamiento. 

Además de las capacidades tradicionales de las fuerzas de seguridad, los Estados apelaron a las compañías tecnológicas para recopilar datos que permitan entender la propagación del coronavirus. Según informó The Washington Post, el gobierno de Donald Trump negocia con Facebook, Google y otros gigantes de Silicon Valley el rastreo y cibervigilancia de sus usuarios con el objetivo de combatir la pandemia. El proyecto implicaría almacenar y analizar información sobre la ubicación de los teléfonos inteligentes para mapear la propagación de la enfermedad y predecir necesidades médicas urgentes.

Los gobiernos asiáticos también echaron mano a un arsenal de tecnologías innovadoras pero intrusivas, como brazaletes electrónicos, mensajes de texto de advertencia a personas en cuarentena, y la búsqueda digital de itinerarios de casos sospechosos. “Se han desplegado todo tipo de tecnologías existentes desde controles biométricos, uso de vehículos remotos con sensores de temperatura, monitoreo mediante apps, grandes datos, y analítica de datos específicos”, explicó a PERFIL Juan Battaleme, profesor de la UCEMA y la Universidad de Buenos Aires (UBA). Hong Kong coloca brazaletes, similares a las tobilleras electrónicas que portan los detenidos con prisión domiciliaria, a las personas que regresaron del exterior; Taiwan vigila a los pacientes en cuarentena con celulares con GPS y la aplicación de mensajería Line; y Singapur estudia la huella digital de los pacientes para identificar con quiénes se reunieron si violaron la cuarentena. 

“Esta estrategia es sumamente útil. El mejor ejemplo de ello es Corea del Sur. El Ministerio del Interior desarrolló una app que comunica a los que están en cuarentena con personal sanitario y a la vez son rastreados para evitar que violen el confinamiento”, afirmó Andrei Serbin Pont, director ejecutivo de Cries.

Riesgos. La amenaza a la salud global legitimó la utilización de técnicas de vigilancia, denunciadas en 2011 por el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense Edward Snowden. “Esta es una pandemia con redes sociales y datos. Legítimo o no, conscientes o no, ya estamos en una era de Gran Hermano global. En definitiva, podremos hacer que su avance sea más lento pero no por ello inevitable”, afirma Battaleme. 

“El mayor riesgo es que a futuro exista la intención de usar los mismos mecanismos utilizados durante la epidemia para lidiar con otras “emergencias”. Israel ya ha anunciado el uso de herramientas de contraterrorismo para usarlas en el monitoreo de personas sospechadas o confirmadas de tener Covid-19, lo que es un claro ejemplo de la superposición de mecanismos de seguridad y de sanidad”, consideró, por su parte, Serbin Pont.

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