¿Por qué se van las empresas de la Argentina?

Diana Mondino

Por Diana Mondino

Perfil 11 de septiembre de 2020

El capital va donde hay oportunidades, huye de donde hay controles y prohibiciones irracionales.

Les Luthiers tiene una Pieza en forma de Tango donde lamenta que se vaya su gran amor, y le dice “pocas cosas te pedía”. Termina diciendo “¿qué tiene él que yo no?”. Spoiler alert: ¡es la madre quien se va!

Algo similar ocurre en la economía argentina. Empresas que estaban radicadas aquí prefieren trasladarse a otros países. Las razones son varias: mayor carga impositiva, mayor litigiosidad, cambios abruptos en reglas de juego, dificultades para conseguir insumos, saltos en costos, créditos fiscales irrecuperables, compleja logística, etc. Posiblemente ninguna de estas dificultades en sí misma sea definitoria, pero la suma de todas las restricciones destroza la rentabilidad.

Pensemos que trasladarse implica perder un gran capital que ya estaba afianzado aquí. No sólo conlleva malvender máquinas o galpones, la inversión que se haya hecho en marcas o desarrollar un canal de distribución.

Lo más difícil de lograr en cualquier empresa es la propia organización: armar un grupo de trabajo que colabore y trabaje eficientemente. No es cierto que al contratar a alguien sea inmediatamente eficiente, sea gerente u operario raso. Ese gran capital que significa tener un grupo de trabajo se pierde también. Es decir que para tomar la decisión de dejar de producir en un país y trasladarse a otro las ventajas tienen que ser muy grandes, o, tristemente, los costos de continuar aquí serían imposibles de sostener.

Para reducir los costos de producir en Argentina hay muchos temas que dependen del gobierno de turno y otros que son propios de la sociedad. Piquetes, aprietes, cortes de ruta, son temas que están más bien vinculados a cómo nos tratamos entre los argentinos. Los malos caminos, la elevada carga impositiva y los saltos en los costos o el tipo de cambio son responsabilidad del gobierno.

Asimismo consideremos que muchos países tratan de atraer inversiones e inversores. Todos tienen problemas pero compiten intentando generar un ambiente amable, regulaciones lógicas y cargas impositivas que no eliminen la rentabilidad. Más importante aún, las inversiones conservan su valor.

La competencia por atraer inversiones en todos los países consta de varios elementos: menores impuestos nacionales y exenciones o hasta subsidios al nivel de las provincias y municipios. En Argentina no tenemos esa competencia.

Un tema muy importante es que la gran eficiencia en logística y formación de cadenas de valor globales de las últimas 2 o 3 décadas permite una gran especialización. Miles de empresas pequeñas pueden proveer a empresas aún a grandes distancias.

Sin embargo en Argentina no podemos aprovechar ese gran beneficio de la globalización ya que tenemos el impuesto a Ingresos Brutos, que es lo mismo que decir que se grava la totalidad de la venta. Esto hace que sea difícil especializarse porque si hubiera muchas etapas para producir algo, los IIBB encarecerían brutalmente el producto.

Estas dificultades han estado durante muchos años, no es nuevo.

¿Por qué la notable salida de empresas ahora? No es por la pandemia, que está en todos lados y –cruzo los dedos- será pasajero. Lo que se ha hecho muy notorio es que además de los costos impositivos ha aumentado notablemente la intervención estatal.

Las prohibiciones, cepos y restricciones han infligido un costo irrecuperable para las empresas.

El capital va donde hay oportunidades, huye de donde hay controles y prohibiciones irracionales.

Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.

* Economista Universidad del CEMA

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