Curiosamente, la pandemia está deprimiendo la inflación

Ucema

Por Manuel Alvarado Ledesma

Perfil. 15 de mayo de 2020

Es más que llamativa la forma de entender la economía por parte de los argentinos.

Es común hablar de “la suba del dólar”, cuando en rigor se trata de la baja del peso. En tal caso, habría que preguntarse ¿por qué pierde valor nuestro peso? O, ¿a qué se debe la inflación?

No resulta estrictamente cierto que la inflación sea el aumento en el nivel general de precios. Tal definición es la comúnmente difundida así como, también, es usual hablar de la salida del sol, cuando el mundo es el que se mueve.  La inflación es un fenómeno de raíz monetaria, derivada de la depreciación sostenida del peso en un considerable período. Por eso la baja en el valor de la moneda se cristaliza en el aumento de los precios, al menos en el mediano-largo plazo.

Hay distintos factores que podrían incidir en la inflación, pero la causa fundamental se encuentra en el continuo exceso de oferta monetaria, por emisión monetaria y/o disminución de la demanda de pesos, durante un período de cierta extensión.

La demanda se refiere al deseo de la gente para guardarlos pesos, en el cajón de la mesa de luz o en el banco. El grave problema argentino es que nadie quiere retenerlos porque pierden poder adquisitivo de forma continua. La gente sólo los quiere para realizar transacciones prácticamente instantáneas. No sirven para ahorrar ni tampoco como unidad de cuenta en forma inter-temporal. En una economía de trueque, se asemejaría a una fruta por lo rapidez en pudrirse. Por algo, los antiguos utilizaban como moneda el aceite de oliva o la sal.

La actualidad no es precisamente crítica.  Es realmente terrible. A la fragilidad de nuestra economía arrastrada por años se ha unido el flagelo de la pandemia. Las medidas del Gobierno para paliar sus efectos están provocando una intensa emisión de pesos.

Hay una súper-emisión monetaria por parte del Banco Central (BCRA). La apuesta se dirige a asistir al Tesoro, por lo que el circulante -más claramente, los pesos circulando en la calle- se ha incrementado prácticamente de forma exponencial en lo que va del año.

Según el Banco Central (BCRA), el circulante en poder del público aumentó, en abril, un 8,5% en términos reales (en moneda constante) y sin estacionalidad, y los depósitos a la vista mostraron un incremento promedio mensual de 15,5%.

Cuando la gente se da cuenta de que el peso pierde valor cada vez más rápidamente, entonces se aboca a desprenderse de éste más aceleradamente y tiende a gastarlo con rapidez o cambiarlo por dólares u otros valores estables. Nadie guarda los pesos bajo el colchón y así circulan velozmente. También, los depósitos bancarios rotan rápidamente. La velocidad de circulación de los pesos tiene el mismo efecto inflacionario que un incremento de la masa monetaria.

Pero, a consecuencia de la cuarentena y del temor a la pandemia, la opción hoy no apunta tanto a la compra de bienes y servicios sino a la de dólares. Así hoy, a través del mercado de tipo “blue”, se necesitan más de $135 para llegar a un solo dólar. No es muy distinta la  situación para el contado con liqui ni el dólar bolsa.

Pese a ello, no todo el dinero en  la plaza se está yendo al  dólar; porque todavía hay cierto nivel de demanda de pesos por motivos precautorios. Tampoco lo hace desesperadamente a la compra de cosas o de inversiones. Así se explica, la reducida tasa de inflación de abril respecto al nivel usual, según la reciente estimación oficial. El efectivo en los bolsillos genera una precaria tranquilidad frente la incertidumbre prolongada.

El problema estructural es el nivel de, gasto público. Demasiado alto y de baja calidad.

La violenta entrada al país de la pandemia, encontró a la economía en fragilidad extrema. Con este cuadro, el Gobierno está recurriendo a la de la emisión, a un ritmo aún mayor al que venía desarrollando, con un cuadro de debilitamiento en la recaudación impositiva.

La tasa de inflación todavía no ha aumentado: la cuarentena y la propia pandemia están deprimiendo la velocidad de circulación del peso.

Por ahora…

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Manuel Alvarado Ledesma

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