Impuesto a la riqueza: ¿Más impuestos o más empresas?

Diana Mondino

Por Diana Mondino

Perfil 17 de Noviembre de 2020

Se está discutiendo poner un impuesto a la riqueza, llamado elegantemente Aporte Solidario Extraordinario de las Grandes Fortunas. El tema tiene muchas aristas.

Argentina tiene un déficit fiscal importante, ya que gasta más de lo que recauda. Este impuesto no contribuirá a reducir el déficit fiscal ya que está previsto que sus fondos tengan asignación específica para ciertos y determinados gastos.

No debemos encandilarnos con que son objetivos valiosos; si lo fueran, estarían en el presupuesto que acaba de ser aprobado. Por otra parte el impuesto es por única vez por lo que son objetivos que se espera terminar o que desaparezcan en un año.

Tanto la Nación como las provincias y municipios ya están gravando los bienes de diversas maneras. Ya existen el impuesto a bienes personales, a las ganancias de capital, a la transferencia de inmuebles o autos u otros bienes registrables, el impuesto inmobiliario, la tasa de mejoras, la tasa de seguridad, para caminos rurales, para canales, etc., y todos se calculan en base al valor de un bien.

Hay impuestos por “tener”, por “hacer”. Muchos de esos impuestos tienen gran sentido porque permiten brindar los servicios que una comunidad necesita. Que la calidad de esos servicios no sea buena será porque hay despilfarro o alguna otra razón, pero el impuesto o tasa, como tal, ya existe.

Se espera gravar en forma diferente los bienes en Argentina que en el exterior, pero si se trajera un porcentaje de esos fondos, la alícuota se reduce. Esto llama la atención porque es difícil que se pueda traer un porcentaje de una casa o de una fábrica.

Si fueran acciones o bonos ya están a su vez gravadas en los llamados impuestos cedulares que aunque funcionan de una forma diferente, gravan el mismo concepto.

La tasa es progresiva lo cual parece tener sentido ya que implica mayor riqueza. Pero la rentabilidad de la inversión es la misma por pequeña que por mucha riqueza, tal vez generando una inconsistencia.

Se consideran sólo los activos y no los pasivos, con lo cual una máquina comprada a crédito, o un campo hipotecado, pagarían de la misma manera que si ya fueran –por fin- del deudor. Haya o no pasivos, los fondos ya están invertidos en algo, y sólo se puede pagar el impuesto entregando parte de esa inversión. El Estado sería entonces un socio que retira parte del capital.

Vayamos ahora al verdadero problema de Argentina que es la pobreza, y no la riqueza.

La justificación que el que más tiene debe ayudar a los más desfavorecidos tiene a mi parecer mucho mérito, como lo demuestra la gran cantidad de ONGs y Fundaciones que reciben innumerables aportes todos los años.

Este gravamen parte de un doble error: es un enfoque de corto plazo, y olvida que la forma de ayudar es generando más riqueza y no repartiendo lo que alguna vez ya se creó.

Este y otros impuestos –directa o indirectamente- succionan la poca rentabilidad de las empresas que difícilmente puedan crecer y generar más empleo, invertir en investigación y desarrollo o incorporar tecnología.

Por ello, languidecerán, y –repito- no podrán crecer. Si no hay crecimiento no hay posibilidad de lograr más valor que siempre, por definición, se distribuye entre todos. Si no hay más trabajo no podrá reducirse la pobreza. Si no hay más empresas no habrá quien pague más impuestos en el futuro. Si no hay crecimiento no podremos absorber ni siquiera el crecimiento de la población.

El impuesto recae sobre “los ricos” que tendrán pocos incentivos para dedicar sus fondos en nuevos proyectos, que generarían a su vez más oportunidades y posibilidades de desarrollo. Si debe pagarse sobre el valor de sus empresas, sólo puede hacerse retirando capital. En cualquier caso, no hay incentivos –¡ni fondos!- para crecer. Pensemos que en el mundo una rentabilidad es hoy casi nula, y aquí esperamos cobrar la posible rentabilidad de varios años… toda junta.

La riqueza es el acumulado de buenas ganancias. Para ello alguien alguna vez trabajó y luego de pagar sus gastos, guardó su excedente. Si miramos sólo la foto, lo que hoy hay, corremos el riesgo de no ver la película que es cuánto puede llegar a haber mañana. Sin ganancias las personas y empresas no invierten. Sin inversión no hay empresas, no hay más empleo. Tal vez algunas empresas puedan llegar a cerrar. Qué preferimos, ¿más impuestos o más empresas?

* Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.

* Economista Universidad del CEMA

Persona
Diana Mondino

Proximos Seminarios

Publicaciones

Programas relacionados