La necesidad de contar con un plan económico

Manuel Alvarado Ledesma

Por Manuel Alvarado Ledesma

PPI. 24 de julio de 2020

No se ha terminado la negociación de la deuda soberana; el fantasma del default sigue merodeando los mercados. No se ha finalizado la cuarentena y, lógicamente, la economía sigue en caída.

Como si ello no fuera suficiente, el presidente revela una alarmante falta de sentido común.  "Francamente, no creo en los planes económicos", dice Alberto Fernández a Benedict Mander, corresponsal en el Cono Sur del Financial Times.

Cuando uno lee estas palabras, lo primero que piensa es en el término “necedad” que viene del latín “nescius” derivado del negativo “scire” que significa “saber”.

Resulta incomprensible la afirmación del presidente. En un supremo intento por entenderlo, sólo se me ocurre que, envuelto en tantas paradojas y contradicciones que van desde su origen como candidato, y resuelto a salir del  paso con el uso del lenguaje, cae en la imprudencia. Sus continuos vaivenes discursivos   responden a la postura de quien debe sujetarse a fuerzas de distinto origen.

Y se muestra como un necio. La pregunta es si se trata realmente de necedad o de debilidad para lograr un mínimo  consenso dentro la coalición que lo ha llevado  al poder para establecer un plan.

Quien no tiene un plan, está a la deriva. Y los  agentes económicos no tienen una orientación mínima. La gente camina sobre un flan donde la dirigencia política opera sobre la improvisación.

Un plan económico supone fijar un objetivo y los instrumentos básicos, con determinado consenso, que comprometa a buena parte de la sociedad en su logro, mediante una adecuada difusión.

Cualquiera sea la razón para ello, negar la existencia de un plan es un acto que se asemeja al suicidio.  Y, lo peor es su justificación sobre la base argumentativa de formato tipo "vamos viendo".  Al no explicitarlo, adopta la actitud del Chapulín Colorado, cuando al tropezar, sostiene: “Todos mis movimientos están fríamente calculados".

Resulta inaudito que, al hablar sobre los fracasos de los planes en el pasado, olvide nombrar la debilidad de las instituciones que, de crisis en crisis, arrojan al país a la coyuntura y dificultan los acuerdos multipartidarios y multisectoriales con dirección al futuro.

Si de fracasos se habla, vale recordar que los planes no aseguran el éxito, pero la ausencia de ellos asegura el fracaso.

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Manuel Alvarado Ledesma

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