Shocks, empresas y crecimiento: el costo del capital es nuestra debilidad

Diana Mondino

Por Diana Mondino

Revista UCEMA 14 de septiembre 2020

En el Centenario de la Revolución de Mayo en 1910 la potencia económica argentina podría verse en un simple ejemplo: la venta por correo de vino de Mendoza requería de vides, bodegas, procesos, botellas, etiquetas, diseño, transporte, medios de publicidad, un sistema de pagos y entregas a distancia para una población con buen gusto y disponibilidad de fondos para comprar estos productos. El país crecía.

La Primera Guerra Mundial comenzó el 28 de Julio de 1914 y dos semanas después, el 15 de Agosto, se inauguró el Canal de Panamá. Esto fue un golpe terrible para Argentina. Hasta ese momento había un enorme tráfico marítimo por el Cabo de Hornos, y los barcos recalaban necesariamente en Buenos Aires, como destino final o etapa intermedia. Esto permitía un muy eficiente y barato sistema de comunicaciones y transporte entre Argentina y el resto del mundo. Personas y mercaderías viajaban con muy bajo costo, y las redes de comunicación se extendían dentro de Argentina. Con los efectos de la prolongada guerra y el desvío de transporte por el Canal de Panamá el puerto de Buenos vio abruptamente reducida su importancia y tráfico, lo que redundó en un gran aumento de costos.

Estas dos breves historias ponen de relieve la importancia que para que haya comercio (intercambio voluntario entre las partes) se necesita todo un tejido de actividades, habilidades e inversiones para lograrlo… y pueden surgir shocks o hechos fuera de nuestro control. Son ejemplos los mencionados que convirtieron en debilidad nuestra distancia a los principales destinos comerciales, o actualmente la Pandemia de Covid-19. Cuanto más frágil es la economía, más fuerte es el impacto de los shocks. Sin embargo, hay otra gran debilidad mucho más importante y que surge de las decisiones y funcionamiento de nuestras propias instituciones: el costo del capital.

El costo del capital se identifica con una alta tasa de interés y falta de crédito. Hay diferentes razones y la fundamental es que no se respetan los contratos. Vamos por el noveno default, fruto de los sistemáticos problemas fiscales que Argentina cubre con mayor emisión o con endeudamiento. Tanto la inflación como los defaults tienen un efecto devastador sobre el costo del capital y tanto el país como sus empresas están condenadas a la falta de crédito. Con alta tasa de interés son inviables muchos proyectos de inversión. Si el Estado ofrece altas tasas y absorbe la escasa capacidad de ahorro, deja sin financiación al sector privado. Una alta tasa de interés es un veneno para la capacidad de crecimiento de una economía. En forma similar, una tasa de interés real negativa desalienta el ahorro y no hay medios para invertir.

Robert Solow, Premio Nobel de Economía 1987 identificó la llamada Regla de Oro: la máxima tasa de interés que se puede pagar es similar a la tasa de crecimiento de un país. De lo contrario, la deuda continúa creciendo o se afecta el presupuesto. De forma similar, Modigliani y Miller (Premios Nobel 1985 y 1990) demostraron que una empresa no debería tomar deuda a una tasa (neta de impuestos) mayor que la rentabilidad de sus activos. Son dos conceptos -uno de Macroeconomía y el otro de Finanzas de Empresas- que el gobierno y empresas argentinas se empeñan en desafiar.

La falta de respeto a los contratos es un gran problema. Los Gobiernos hacen sorprendente alarde de su capacidad de interferir en las decisiones privadas determinando precios máximos, asignando subsidios, cobrando impuestos sobre stocks y flujos simultáneamente o limitando el comercio exterior. Tristemente el sistema republicano de “checks and balances” es tan ajeno que hasta su traducción como “pesos y contrapesos” nos es ajena.

Con elevado costo del capital el Largo Plazo no nos resulta relevante. No me refiero a la frase de J. M. Keynes que “en el largo plazo estamos todos muertos”. Es simplemente que todos los flujos futuros que se espera recibir en un futuro tienen hoy poca importancia. Tenemos así un círculo vicioso: hay gran incertidumbre sobre el futuro, y tenemos grandes urgencias en el presente, castigando aún más el futuro. Las decisiones del Estado, empresas y familias valoran aún más el momento presente. Se buscan satisfacciones inmediatas (populismo, altos precios y mala calidad, o poca educación, por ej) al no dar importancia a lo que tal vez nunca llegue.

Pero el futuro siempre llega. Por miopes o costosas decisiones en el pasado no hay capacidad de ahorro ni instituciones republicanas firmes. Con escaso capital es difícil aumentar la productividad, y los salarios no pueden subir. La pobreza no puede reducirse.

A nuestra realidad debemos sumarle un shock como el de la Pandemia que expone las debilidades de todos los países. En nuestro caso sumamos el default por lo que habrá un fuerte déficit fiscal por bastante tiempo y nulo acceso a financiación. Las empresas estarán muy exigidas con el escaso capital propio que puedan haber conservado luego de la prolongada cuarentena y será muy difícil reconstruir las cadenas de pago.

Los cambios en el mercado de trabajo serán agudos, no sólo por temas tecnológicos sino porque será necesario reorganizar a las empresas, lo que –paradójicamente- es una gran oportunidad. Cambiarán los productos y servicios que se brinden y la forma en que se brinden. No hay empleados sin empresas. El empresario debe detectar qué producir y al mismo tiempo, la forma de hacerlo. Internamente se toman muchas decisiones, que no están determinadas por el mercado sino por la habilidad del empresario para organizar su empresa, como mostrara Ronald Coase (Premio Nobel 1991). Sus opciones están limitadas por el costo del capital y las infinitas regulaciones argentinas.

La pandemia obliga a grandes cambios: ¡macro y micro!. Por ej. con trabajo a distancia la localización de los empleados puede ser inclusive en otro país. Surgen entonces nuevos interrogantes: ¿Quienes aportan al sistema de seguridad social? ¿En qué moneda se paga? ¿Cuál sistema impositivo impera? ¿Se descentralizan las decisiones? Mas aún: Si la recaudación impositiva se desmoronó ¿por qué no hacerla más eficiente?. Espero que quienes trabajamos estos temas podamos llegar a tiempo con posibles soluciones.

Para que Argentina vuelva a crecer serán necesarios enormes cambios. La gran mayoría se traducirán en el costo del capital. No desperdiciemos la gran oportunidad que nos brinda esta tristísima crisis.

Persona
Diana Mondino

Proximos Seminarios

Publicaciones

Programas relacionados