Energía y finanzas: ¿qué proyectos de generación elige el país y por qué?

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Por Regina Ranieri

TN. 7 de septiembre de 2019

Sin duda. los proyectos de energía son de los favoritos del sector financiero. El principal anzuelo es la seguridad de repago de la deuda (enmarcado en lo que “seguridad de repago” significa en Argentina), ya que los proyectos de generación, en su gran mayoría, perciben contratos en dólares por largo plazo, que resultan atractivos para los actores financieros conservadores.

Las agencias de inversión y la banca multilateral y de fomento visualizan los desarrollos energéticos como pilar clave para el crecimiento de los países emergentes y la generación de empleo, básicamente por la relación directa entre el PBI y el crecimiento de la demanda (salvo que se apliquen políticas de incentivo a la eficiencia energética, o se perciban grandes aumentos en la tarifa).

Ahora bien, primero lo primero. Hoy, Argentina enmarcó las líneas de transmisión eléctrica dentro de las famosas PPP (participación público privada) y a la fecha es difícil pensar en inversiones en nueva generación si no hay capacidad eléctrica para despachar la energía. Es decir hoy la inversión favorita, deberían ser las obras de infraestructura nacional eléctrica que precisa la Argentina para poder llevar los electrones que generan las centrales hasta las líneas de distribución que “reparten” la energía a las casas e industrias.

Resolviendo primero lo urgente, se pasa a lo importante que es el sector de generación. Acá, tenemos un debate entre renovables e hidrocarburos no convencionales (vaca muerta), ya que la energía nuclear e hidroeléctrica son proyectos mucho más particulares, de largo plazo, que tienen otra “forma” financiera, casi siempre enmarcada entre acuerdos bilaterales entre países, como Rusia, China, Canadá, Uruguay, Brasil, etc.

En principio, Vaca Muerta viene prometiendo ser el principal salvavidas de Argentina para lograr el autoabastecimiento energético, y las tendencias indican que lo sería. Lógico que, como cualquier proyecto de inversión, tiene su curva de aprendizaje. No solo en la inversión que requiere la investigación y el desarrollado aplicado a los proyectos, sino la readecuación en las refinerías, los gasoductos necesarios para su transporte y luego el nivel industrial para lograr una economía de escala en producción masiva que posibilite la exportación. Así que los hidrocarburos no convencionales siguen su rumbo, son un mercado atractivo para el sector financiero, pero requieren un poco más de tiempo.

En contraparte, se posicionan las energías renovables. Aunque las inversiones son más rápidas, las rentabilidades son menores que en proyectos términos (y servicios asociados) pero juega a favor la importancia de estas fuentes limpias de generación, por la conciencia medioambiental y el compromiso de los países ante el cambio climático. Es entonces que la banca ante un portfolio de emprendimientos, tendrá que priorizar aquellos que sean más amigables con el medio ambiente. Inclusive, las empresas y los Estados pueden adquirir “bonos verdes” para reforzar su compromiso medioambiental y de esta forma incentivar los proyectos limpios.

Por otra parte, ciertas instituciones de la banca local, han tenido un rol clave como banca local para promover proyectos de bioenergías. Esto es principalmente porque los emprendimientos no tradicionales -como eólico y solar- son propios de cada tipo de emplazamiento, de cada actividad agrícola o ganadera, y son las que naturalmente posibilitan mayor número de empleo por la logística de los emplazamientos.

Si uno visualiza los rendimientos del mercado bursátil en los últimos años, las empresas de energía lideran el ranking, y ello se debe a la política de promoción en obras de inversión e infraestructura eléctrica que ha promovido el Gobierno.

La consulta del sector (y para ser honesta, la del país completo), es qué pasará si hay cambio de mando en las próximas elecciones con los contratos a largo plazo en dólares que ha asumido nuestro país. Y cuál será la política energética, sobre todo en referencia a la tarifa eléctrica residencial. Pese a los ajustes tarifarios que se han venido desarrollando, las tarifas eléctricas siguen desfasadas y hay aún una gran participación de subsidios que no permiten sincerar la transferencia de precios en el mercado.

Hoy, el mundo está mirando otra película, como es la optimización de costos en baterías de litio y otros sistemas de almacenamiento, la incorporación masiva de autos eléctricos, y el crecimiento de la energía distribuida residencial. Aunque tarde, Argentina se está sumando a estas tendencias y también tienen sus productos particulares para el sector financiero.

(*) La ingeniera Regina Ranieri es directora de la Diplomatura en Desarrollo y Financiamiento de Proyectos de Energía Renovable, UCEMA.

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