Adam Smith sobre ventajas comparativas
David Ricardo tiene un pasaje memorable en el capítulo 7 de sus Principios donde describe el intercambio de vino y tejidos entre Portugal e Inglaterra. En su ejemplo, los ingleses son menos productivos en todo, ¡incluso en la producción de tejidos, después de que Inglaterra picó en punta con la Revolución Industrial! No obstante eso, a los ingleses les conviene comerciar con Portugal vendiéndoles tejidos para conseguir vino más barato y, me imagino, de mejor calidad.
El lugar común es que Adam Smith creía en las ventajas absolutas: cada país tiene que especializarse en producir aquello en lo que es más eficiente que los demás. Adam Smith claramente pensaba en términos de lo que Jacob Viner llamó la “regla del siglo XVIII”. En el libro IV, capítulo 2, luego de hablar de los precios de mercado como una mano invisible que guía la asignación de recursos, agrega que, así como un padre de familia prudente nunca haría en casa lo que es más barato comprar, un país prudente compraría en el extranjero lo que es más caro producir internamente. Esta máxima, sin embargo, no implica ventajas absolutas, es también compatible con ventajas relativas.
Hay un debate académico sobre si David Ricardo, en 1817, o Robert Torrens, en 1815, tienen prioridad sobre el descubrimiento de la ley de ventajas comparativas en el comercio internacional. Torrens menciona que a Inglaterra le podría convenir importar trigo de Polonia aún si Inglaterra fuera más eficiente en su producción, porque dependía de si era todavía más productiva en otras cosas como las manufacturas. Ricardo también menciona, además del vino de Portugal y los tejidos de Inglaterra, el trigo de Polonia y los productos de ferretería de Inglaterra. ¿Qué tenían en común Ricardo y Torrens, como la abrumadora mayoría de los economistas del siglo XIX? Ambos habían leído y estaban familiarizados con la Riqueza de las Naciones (RN).
En el arranque de RN, en el capítulo 1 del libro I, hay un pasaje que aparece justo después del célebre estudio de caso de la fabricación de alfileres donde dice que mientras diez hombres pueden producir cada uno el equivalente a 4800 alfileres mediante la división del trabajo, si cada uno tratara de hacer todo por sí solo apenas podría producir 20 alfileres por día. Smith luego dice que en otras artes y manufacturas las consecuencias son similares a esta industria tan sencilla, pero que la división del trabajo puede avanzar mucho más en las manufacturas que en la agricultura. A renglón seguido, compara Inglaterra con Francia, que ha visto, y Polonia, sobre la que ha leído. Y elige productos concretos para compararlos: el trigo, por un lado, los tejidos y productos de ferretería (hardware), por otro, que son mencionados también por Torrens y Ricardo.
En su ilustración, Smith explica con el grado de avance de la división del trabajo por qué Inglaterra es más productiva en todo que Francia (exceptuando productos como la seda, que por cuestiones de clima no se podían producir en Inglaterra), y Francia más productiva en todo que Polonia. Pero como la división del trabajo, según la información empírica disponible en ese momento (1776), había avanzado mucho más en las manufacturas, Inglaterra tenía una mayor ventaja sobre Francia en las manufacturas, mientras que Polonia no tenía casi manufactura alguna. A pesar de ser menos productiva en todo, Polonia podía rivalizar con Francia e Inglaterra en la exportación de trigo.
Si bien no hay en RN un ejemplo aritmético simple que salte a la vista, como los cuatro números mágicos de Ricardo que están basados en la teoría del valor trabajo, Smith no está haciendo economía de pizarrón: nos abre una ventana a la Europa del siglo XVII. Además, no solo está el ejemplo que luego van a elaborar Torrens y Ricardo: hay una lógica teórica, el grado diferencial del avance de la división del trabajo en diferentes sectores productivos.
Estas ideas siguen siendo relevantes para la Argentina actual, para toda nuestra región, en la medida en que el avance de la división del trabajo depende del tamaño de los mercados. Los dos países de la región que tienen los recuerdos más positivos de las políticas de substitución de importaciones, México y Brasil, son también los dos países con mayores mercados internos. Pero incluso ellos están revisando sus políticas porque sus mercados son chicos comparados con Estados Unidos, la Unión Europea o China. Mientras nosotros todavía tenemos un debate abierto sobre vernos como un país grande o pequeño, sobre apuntar a la independencia económica o a la integración internacional, en Chile hay un consenso en las últimas décadas sobre su pequeño tamaño económico y por ello el país optó por ser una economía abierta.
Hay economistas que consideran que no hay teoría en Smith. Otros piensan que no hay ninguna innovación teórica. Estoy más cerca de Deirdre McCloskey, que hace la señal de la cruz cuando menciona a Smith. Por eso, ¡felices 250 años a la Riqueza de las Naciones!
Jorge M. Streb
Profesor e investigador full time, Ucema.