Reflexiones acerca de la IA agéntica como transformadora de la profesión jurídica como actividad económica

Autor
Cecilia Lanús Ocampo
Medio
La Ley
Mes/Año
28 de agosto de 2026
Cecilia Lanús Ocampo

I.    A modo introductorio. IA agéntica como colaborador de la abogacía.

El nuevo socio legaltech  del abogado es un agente IA, deja de sugerir y crear para transformarse en un novedoso partner jurídico.

Una de las principales características de la inteligencia artificial agéntica es su capacidad para pasar de la generación de respuestas a la ejecución autónoma de tareas orientadas a objetivos. Y esto nos desafía a una transformación particularmente relevante para la profesión jurídica.

En los últimos años hemos sido testigos de una innovación tecnológica en el campo legal a una velocidad difícil de comparar con épocas pasadas.

Hace apenas algunos años comenzábamos a hablar de inteligencia artificial. Luego aparecieron herramientas capaces de responder consultas de manera inmediata, asistir en la búsqueda de información y generar contenidos. El desafío parecía estar, en gran medida, en aprender a formular un buen prompt, es decir, en saber cómo pedirle a la herramienta aquello que necesitábamos.

Hoy estamos ingresando a una nueva era de la mano de la IA agéntica, el foco comienza a desplazarse hacia la ejecución de procesos completos y autónomos. Ya no se trata únicamente de pedirle a una herramienta que realice una tarea puntual, sino de establecer un objetivo para que un agente pueda planificar una secuencia de acciones, utilizar distintas herramientas, analizar resultados y avanzar hacia el cumplimiento de ese objetivo, siempre dentro de los límites y mecanismos de supervisión previamente establecidos.


Este cambio es particularmente significativo para la profesión jurídica porque no estamos simplemente incorporando una nueva herramienta de trabajo. Estamos comenzando a modificar la manera en que se organizan las tareas, se distribuyen las responsabilidades, se gestionan los procesos y se generan los resultados dentro de una organización jurídica.
Esta transformación tecnológica también contribuirá a redefinir los estándares con los que se evalúan la eficiencia, la accesibilidad, la calidad y la ética en el ejercicio de la profesión jurídica.


II.    ¿Qué es la IA agéntica?

Brevemente un agente de IA es básicamente un software (léase una aplicación) con acceso a herramientas creadas y potenciadas por la IA que permite al agente operar de forma autónoma para completar tareas o facilitar flujos de trabajo.

Una IA agéntica, no solamente comprende el contexto y el lenguaje, sino que debe ser capaz de decidir para emprender acciones en nombre del usuario. Esto significa acceder a herramientas, ejecutar flujos de trabajo y colaborar con otros sistemas. No sólo da respuestas, ejecuta y completa tareas con una intervención humana mínima, pero siempre ha de estar presente la supervisión del letrado, del profesional, eso ojo experto e idóneo que reúne conocimiento, sentido, ética y estrategia.  

Su poder radica en reducir la carga cognitiva, eliminar los pasos repetitivos y permitirle centrarse en la estrategia jurídica y el impacto en el cliente. Presenta una optimización de los recursos y una mayor agilidad en la resolución de casos.

Entre las aplicaciones más frecuentes de estas tecnologías se encuentran los agentes de investigación jurídica, capaces de localizar y analizar jurisprudencia, doctrina y normativa, así como asistir en la elaboración y estructuración de escritos legales.

A su vez, las herramientas de Legal Operations permiten gestionar plazos y expedientes, realizar tareas de seguimiento de casos, monitorear procesos de compliance y generar reportes de manera automatizada.

También comienzan a desarrollarse agentes orientados a la atención del cliente, capaces de responder consultas, proporcionar información y facilitar el seguimiento de determinados asuntos jurídicos. Estas son solamente algunas de las tareas que pueden ser automatizadas mediante inteligencia artificial.

En este contexto, la transformación tecnológica también está dando lugar a nuevos perfiles y modalidades de trabajo en el ámbito jurídico, lo que exige que quienes aspiran a incorporarse a estudios jurídicos y organizaciones profesionales desarrollen no solo conocimientos jurídicos sólidos, sino también la capacidad de comprender, utilizar e integrar críticamente estas nuevas herramientas en su práctica profesional.

En este punto surgen algunos temas vinculados a la gestión de un estudio, la estructura de la organización y la una redefinición del rol y las competencias de los abogados.

III.    La transición que no se ve ¿estamos gestionando la educación en derecho para la innovación legal? ¿estamos pensando y preparando profesionales para el mercado jurídico por venir?

Permítanme hacer un punto aparte y preguntarnos dónde estamos hoy frente a herramientas que transforman tanto el ámbito laboral, el mercado jurídico y la economía de la profesión jurídica.

Estamos frente a transición hacia nuevos formatos laborales, nuevas formas de gobernanza de las empresas de servicios jurídicos. Nuevos modelos de negocios y de creación de valor.

Llamo la transición que no se ve, para describir el pasaje de quienes están estudiando derecho hoy preparándose para el futuro lo hacen bajo currículas o programas de estudios pensadas para el siglo pasado, hay una brecha significativa. Marcar una agenda al futuro, desde el punto de vista de observadora de alumnos que ingresan a la carrera de abogacía o que están en un posgrado en derecho observo que son muchos los cambios y es importante que puedan comprender las herramientas y hacer un buen uso de ellas.

Existe una asimetría de conocimiento sobre las posibilidades que ofrece esta tecnología que debe ser abordado mediante estrategias de actualización profesional y programas de formación especializados.

En este nuevo y apretado escenario comienzan a surgir también nuevos roles dentro de los estudios jurídicos. Por ejemplo, el Head of Legal Operations puede asumir la función de coordinar y supervisar el uso de herramientas y agentes de inteligencia artificial, asegurando que su utilización responda a los objetivos y estándares del estudio. El abogado especializado en prompting puede traducir las necesidades jurídicas y el criterio del socio en instrucciones adecuadas para estas herramientas, mientras que el abogado estratégico concentra su valor en aquellas tareas que requieren análisis, negociación, toma de decisiones y comprensión integral del negocio.

Estos cambios no se limitan a la incorporación de nuevas herramientas, sino que también generan nuevas áreas de especialización jurídica, particularmente vinculadas con la gestión de los riesgos derivados del uso de inteligencia artificial. Esto implica comprender y diseñar procesos basados en gestión de riesgos, establecer mecanismos de supervisión y control de los agentes y determinar quién es responsable de las decisiones.

Al mismo tiempo, en este contexto volátil y cambiante, adquieren especial relevancia cuestiones tradicionales de la profesión, como el secreto profesional, la confidencialidad y la protección de los datos de los clientes.

La incorporación de inteligencia artificial agentica obliga a los abogados a preguntarse qué información puede ser introducida en estas herramientas, cómo se almacena y procesa, quién puede acceder a ella y qué mecanismos deben implementarse para evitar usos indebidos o filtraciones. Por ello, la gestión responsable de los datos y la protección de la información confidencial se convierten en componentes esenciales del ejercicio jurídico en la era de la inteligencia artificial.

Finalmente, hay un aspecto que, aunque puede parecer intuitivo, adquiere una enorme relevancia por las consecuencias económicas y profesionales que puede generar: los errores y las denominadas “alucinaciones”. Una respuesta incorrecta o una cita jurisprudencial inexistente puede tener consecuencias para el abogado, el cliente y el propio estudio jurídico. En consecuencia, el uso de estas herramientas exige establecer marcos de actuación, protocolos y políticas claras de supervisión y control.

Todo esto nos lleva necesariamente a una pregunta fundamental: ¿cómo debemos formar al abogado del futuro? La transformación tecnológica plantea la necesidad de revisar las competencias que requiere el ejercicio profesional. El criterio jurídico continuará siendo el pilar fundamental de la profesión: comprender el derecho, interpretar las normas, argumentar, evaluar los riesgos y tomar decisiones seguirá siendo una responsabilidad esencial del abogado.

Pero, frente a este cambio de paradigma, ya no alcanza con un sólido criterio jurídico. Se requiere también desarrollar un criterio tecnológico: comprender cómo funcionan estas herramientas, saber cuándo utilizarlas, cómo utilizarlas y, fundamentalmente, cuáles son sus limitaciones y riesgos.

No se trata simplemente de “saber usar IA” y expresarlo en un CV. Se trata de conocer y dominar críticamente las herramientas, identificar sus puntos débiles, reconocer cuándo pueden equivocarse y establecer mecanismos de verificación que permitan que la tecnología sea un instrumento confiable al servicio de la práctica jurídica.

En esta nueva realidad, están surgiendo nuevos perfiles profesionales y nuevas responsabilidades dentro de los estudios jurídicos. Así las cosas, el abogado deberá combinar conocimiento jurídico, comprensión tecnológica, visión estratégica del negocio y capacidad para gestionar los riesgos asociados al uso de estas herramientas. El desafío para las universidades y para la profesión será, precisamente, formar abogados capaces de integrar estas competencias sin perder aquello que constituye el núcleo de la profesión: el criterio jurídico, la responsabilidad profesional y la capacidad de tomar decisiones con fundamento y ética.

Existe profusa producción académica sobre el impacto de la inteligencia artificial en el derecho y sobre los desafíos que estas tecnologías plantean para el ejercicio de la profesión. Sin embargo, ha de advertirse que todavía es incipiente la atención dedicada a analizar la industria, cómo estas herramientas están transformando la profesión del abogado y su actividad económica.

La incorporación de la IA agéntica innova los modelos de prestación de servicios, la organización de los estudios jurídicos, la estructura de costos, los perfiles profesionales requeridos, la relación con los clientes y, en definitiva, la forma en que se genera y se captura valor en el mercado de servicios legales.

Considero que existe un espacio que merece mayor desarrollo: las áreas de vacancia en la currícula de la carrera. El desafío ya no consiste únicamente en formar abogados capaces de comprender el impacto jurídico de la inteligencia artificial, sino también profesionales preparados para desenvolverse en un mercado legal en transformación, comprender las nuevas dinámicas de trabajo e integrar estratégicamente estas tecnologías en el ejercicio profesional.


IV.    Palabras finales: la IA agentica y los desafíos para la profesión jurídica y para la formación del abogado.

Más allá de los chatbots, de los asistentes y aplicaciones jurídicas de IA que se ofertan por doquier, entender el rumbo que ha tomado la profesión y comenzar a dilucidar los nuevos formatos laborales y práctica de la abogacía es crucial. Entender cómo cambia la organización del trabajo jurídico cuando determinadas tareas pueden ser ejecutadas por agentes de inteligencia artificial. Y es precisamente aquí donde comienza uno de los grandes desafíos para la profesión jurídica y para la formación del abogado.  

Las herramientas son herramientas, y la clave es estar preparado para utilizar esta nueva caja de innovación y futuro.

Señalamos como la implementación de los agentes IA está provocando uno de los mayores cambios en la profesión legal de las últimas décadas La inteligencia artificial jurídica reduce drásticamente ese tiempo. Su aplicación en el campo jurídico debe abarcar tres ejes principales: la mejora de la gestión y desempeño de las instituciones público y privadas judiciales, el fortalecimiento del acceso a la justicia y la consiguiente incorporación curricular en la formación del abogado.

En alguna oportunidad escuché la idea que: “la calidad del trabajo de los profesionales en la era de las inteligencias artificiales será la aptitud del entrenamiento y la devolución de la tarea dependerá, en gran medida de cuan asertivo es en el criterio profesional que prime detrás de cualquier tecnología”. Esta transformación profunda en la profesión jurídica y la modalidad en que los abogados planifican y ofrecen sus servicios.

A futuro los mejores abogados serán necesariamente quienes mejor sepan combinar la solidez del conocimiento jurídico, sus valores, experiencia práctica y tecnología. Hoy nos referimos a la IA agéntica como partner de la abogacía.

Los tiempos venideros de la abogacía se muestran como la necesidad de construir modelos de integración que permitan tomar los beneficios de las capacidades legaltech sin desplazar aquellas dimensiones propias y fundamentales del ejercicio jurídico que requieren criterio profesional, responsabilidad y juicio ético.

La implementación tecnológica está cambiando el mundo del derecho, dando lugar a nuevos modelos de prestación de servicios legales, más ágiles, interdisciplinarios y adaptados a los desafíos de la era digital. La creación de valor y pensamiento crítico adquieren más relevancia.

Para quienes son abogados y para quienes sueñan serlo: “Ser abogado hoy es combinar inteligencias y atreverse a vivir tiempos de cambios sumamente desafiantes, creativos e interesantes”.