El problema de la economía no son las importaciones

Autor
Federico Vacalebre
Medio
Ámbito
Mes/Año
5 de julio de 2022

El desorden del Estado es de tal magnitud que hasta permite explicar la paradoja de que un ministro de Economía renuncie con precios internacionales inéditamente favorables.

La renuncia del Ministro de Economía llega en un marco de fuerte inestabilidad cambiaria y macroeconómica. Si bien un sector alega que la crisis tiene que ver con las importaciones, las evidencias muestran lo contrario. Que no hay excesos de importaciones, sino exceso de emisión monetaria por el desorden del Estado y es esto lo que presiona sobre los dólares. Se considera que estas (las importaciones) son el principal factor que explica la inestabilidad cambiaria y la situación de reservas en el BCRA. En función de ello, las autoridades intensificaron el cepo, aumentando las restricciones para que las empresas accedan a dólares oficiales.

Lo cierto es que las estadísticas del comercio exterior muestran que, en mayo, las importaciones fueron de u$s7.870 millones. Este es el máximo valor mensual observado en la serie que publica el Ministerio de Economía que arranca en 1992. Tomando la misma fuente, se vislumbra que las exportaciones, en mayo, fueron de u$s8.226 millones. Este monto es apenas un 2% inferior al valor de mayo del 2013, que fue el máximo en la serie del Ministerio de Economía. En pocas palabras, hay una cierta efervescencia del comercio exterior vinculada a los altos precios internacionales, más que a factores internos.

Asimismo, de hacer una evaluación más conducente, es posible observar la composición de las importaciones, según datos del INDEC. Tomando esta fuente, las compras en el exterior, en mayo del 2022, se distribuyeron en bienes de capital, bienes intermedios y repuestos de bienes de capital (que representaron el 67% del total), combustibles (otro 20% del total) y las importaciones de bienes de consumo y autos, que fueron el 13% restante.

En sí, prácticamente 9 de cada 10 dólares de importación son insumos de la producción local. Esto lleva a descartar la idea de que hay un masivo ingreso de bienes de consumo que compiten con la producción nacional. En efecto, y muy por el contrario, gran parte de las importaciones son imprescindibles para producir bienes argentinos. La principal consecuencia es que poniendo más restricciones se disminuyen las posibilidades de crecimiento interno.

Con más importaciones, se puede acelerar el crecimiento porque se tiene la posibilidad de contar con las mejores tecnologías disponibles en el mundo y la gente tiene más bienestar porque puede acceder a los productos de mejor calidad. Las importaciones en nuestro país son muy bajas (13% del PBI). Y este es un nivel muy inferior al de los países avanzados, factor que juega en contra del desarrollo económico.

El problema no son las importaciones ni la cantidad de ellas, sino que hay un Estado desordenado. El permanente déficit fiscal obliga a cometer excesos de endeudamiento y emisión monetaria. El exceso de pesos y de deuda pública se canaliza hacia la demanda de dólares, generando inestabilidad cambiaria y perdidas de reservas en el BCRA.

El contexto internacional está muy convulsionado y la situación más dramática la sufre Ucrania. Pero también son considerables los daños que padece Rusia, por las sanciones. La crisis energética de Europa tendrá su manifestación más concreta en el invierno con altos costos de la energía. Asia y África sufren el aumento del precio de los alimentos. Sin embargo, este contexto internacional es muy favorable para nuestro país que vende alimentos y podría vender energía. Pero son los déficits fiscales crónicos y una errante gestión pública que hacen que tengamos un presente más complejo al que sufre el resto del mundo. El desorden del Estado es de tal magnitud que hasta permite explicar la paradoja de que el Ministro renuncie con precios internacionales inéditamente favorables.