Finanzas y ambiente: crónica de una relación anunciada

Autor
Pablo Cortínez
Medio
Ámbito
Mes/Año
22 de junio de 2022
Pablo Cortínez

El sector financiero puede originar fondeo destinado a actividades que incorporen criterios ambientales, sociales y de gobernanza. Es así como han surgido los Bonos Temáticos.

La relación entre las finanzas y los temas vinculados con el cambio climático, por lo general, resulta difícil de ser percibida. Esto ocurre tanto de un lado como del otro. Sin embargo, ya en 2009 había surgido el compromiso de los países desarrollados (aun no cumplido en su totalidad) de proveer fondeo a los países en desarrollo con el fin de acelerar la transición de los últimos hacia economías menos contaminantes.

Por otro lado, bajo la óptica del riesgo ambiental, cuando Pacific Gas and Electric (PG&E) cayó en desgracia en tan sólo un par de meses debido a los incendios en el norte de California consecuencia de fallas en equipos ‘apalancadas’ por los efectos de la sequía y los vientos, estos temas llamaron irremediablemente la atención del sector financiero. Lo que fue considerada la “primera gran víctima corporativa del cambio climático”, ocasionó pérdidas humanas, y millonarias pérdidas materiales. Luego del derrumbe de sus acciones (en cien días el equity de PG&E cayó al 13% de su valor de fines de 2018), las indemnizaciones totales reclamadas a la mayor empresa de servicios públicos de California representaban seis veces la capitalización de mercado de la compañía. A las invaluables pérdidas humanas, se le sumaron una cascada de pérdidas materiales, distribuidas entre numerosos stakeholders.

Desde propietarios de casas residenciales y propietarios de empresas del área geográfica directamente afectada, hasta enormes pérdidas de las compañías aseguradoras, y de miles de inversores (institucionales e individuales) que tenían en sus portfolios acciones y/o deuda de una empresa emblemática. A esto debe sumarse la pérdida indirecta de los futuros jubilados, y de inversionistas de diversas latitudes. Luego de este hecho trágico, la vinculación entre las finanzas y el cambio climático quedó crudamente expuesta.

Lo anterior muestra las consecuencias financieras de un tipo de riesgo sobre el cual el Foro Económico de Davos viene advirtiendo desde hace años. Y un claro ejemplo de un riesgo ambiental que efectivamente derivó en pérdidas económicas. Dentro de los riesgos climáticos, el “riesgo físico” es aquel derivado de los desastres naturales extremos: fuego, inundaciones, sequías, tormentas fuertes, huracanes, entre otros. Las estadísticas muestran que en los últimos 50 años, se ha registrado un número creciente de eventos climáticos extremos, y que los daños sufridos son cada vez mayores (medidos en muertes y en pérdidas económicas).

El Acuerdo de París, firmado siete años atrás, fue uno de los acotados éxitos que la diplomacia climática puede adjudicarse en varias décadas. Negociado principalmente por las dos mayores potencias mundiales, que coinciden con los mayores países contaminantes, el acuerdo incluye una sección generalmente pasada por alto que menciona expresamente las finanzas y los temas ambientales. En este caso, el punto de contacto es el artículo 2.1, que incluye la necesidad de alinear los flujos financieros con un desarrollo global bajo en carbono. En 2020, la OCDE había estimado que, a nivel global, se requería unos 6,3 trillions de euros por año, para alcanzar los objetivos del acuerdo sellado en la capital francesa. Si consideramos que el conjunto de bonos “climáticos” sumaron sólo un trillion de euros en 2021, la brecha augura un relacionamiento por muchos años más entre los sectores ambiental y financiero.

La lectura debería ser interpretada en dos sentidos: por un lado, es necesario acotar los riesgos ambientales de diverso tipo, identificando, ponderando y mitigando este tipo de riesgo. Este enfoque focaliza en el riesgo ambiental que debe ser incorporado por el sector financiero y que, con el tiempo, ha ido anexando adicionalmente aspectos sociales y de gobernanza, conformando lo que hoy se conoce como criterios ASG.

Por otro lado, el sector financiero puede originar fondeo destinado a actividades que incorporen estos criterios ambientales, sociales y de gobernanza. Es así como han surgido los Bonos Temáticos, caracterizados por la asignación específica de fondos. Dentro de ellos, los Bonos Verdes financian energías renovables y eficiencia energética; construcciones y transportes limpios, agricultura inteligente; ganadería sustentable; residuos y agua, entre otros.

Sólo un esfuerzo conjunto entre el sector financiero en su conjunto, y el sector de la economía real, actuando bajo adecuados incentivos y regulaciones que incorporen de manera progresiva los criterios ASG de manera clara y transparente, permitirá cerrar esa brecha. El objetivo debe ser transformar una relación aun distante en un puente que facilite un desarrollo acorde al que merecen las generaciones futuras, y al que demanda la comunidad internacional en estos tiempos tan desafiantes.