Inflación, dólar, tarifas y la posibilidad de un reordenamiento

Por Federico Vacalebre

Clarín 1 de agosto de 2022

Desde la renuncia de Martín Guzmán hasta acá, los anuncios tienen sabor a poco.

El sistema político adhiere a que el equilibrio fiscal no es imprescindible porque la inflación es un fenómeno multicausal. Lo cierto es que el enorme desorden del Estado es la principal causa de las recurrentes crisis inflacionarias. Desde que renunció el exministro Martín Guzmán, la crisis se profundizó con una fuerte aceleración inflacionaria y del dólar paralelo que pasó de $ 238 a fines de junio a $ 338. Esto no es el resultado de un cambio de ministro, sino la acumulación de presiones derivadas de las políticas que el exministro aplicó.

El entonces ministro avaló e impulsó la idea ampliamente compartida, especialmente en la coalición gobernante, de que la inflación es un fenómeno multicausal. Por ende, puede ser controlada sin necesidad de equilibrar las cuentas públicas. En efecto, se argumentó que una estrategia de austeridad fiscal podría atentar contra la recuperación económica luego del confinamiento. Y, como alternativa, permitió que se apliquen medidas tales como controles de precios y salarios y el control sobre el tipo de cambio y el atraso en las tarifas (que ayudaron a reprimir el crecimiento del índice de precios, a costa de generar profundas distorsiones).

Para tener algún tipo de medida o perspectiva, se puede apelar a datos del BCRA y el INDEC y ver la represión inflacionaria derivada de estos instrumentos. Entre diciembre del 2019 y junio del 2022, según estas fuentes, se observa que la inflación, sin considerar los precios controlados de la energía, fue del 192%, el tipo de cambio oficial subió un 60% y las tarifas de gas y luz que pagan las familias subieron un 50%. En sí, estos datos muestran que mientras los precios tienen una fuerte presión al alza, el tipo de cambio y las tarifas energéticas se usan para tratar de contener dicha presión. Lo concreto es que la inflación fue tres veces más alta que el ajuste del dólar oficial y cuatro veces mayor que la actualización de las tarifas energéticas. El hecho que el dólar oficial crezca debajo de la inflación genera pérdidas de reservas porque desalienta las exportaciones y estimula las importaciones y compras en el exterior. Que la energía crezca muy por debajo de la inflación obliga a más emisión monetaria para cubrir los subsidios y demanda dólares oficiales porque se importa energía.

Tal panorama forzó a hacer explícita la necesidad de reducción del déficit fiscal. Al margen de ello, las medidas anunciadas hasta ahora son insuficientes por la precaria sostenibilidad política y porque su impacto será muy limitado. Se anunció la segmentación de las tarifas, pero se menciona que habrá que esperar varios meses para lograr ahorros. La actualización en la valuación de los inmuebles (otro ejemplo) para aumentar la recaudación tributaria tendrá impactos a mediano plazo (si se logra implementar). Y, por otra parte, poner cupos a la ejecución presupuestaria de los organismos públicos difiere gastos, pero a la larga son gastos que se hacen igual. En definitiva, nada nuevo bajo el sol.

Aún con el supuesto de un sostén político robusto para un paquete de equilibrio fiscal, los resultados seguirán siendo insatisfactorios. Resolver el problema del déficit fiscal (o intentar hacerlo) con medidas rudimentarias e improvisadas generan más descontento e impopularidad, que soluciones. Hay que tomar la crisis como la oportunidad para un ordenamiento integral del Estado, en lugar de repetir los ajustes fiscales tradicionales. Y con esto, se incluye ordenar el sistema previsional, simplificar impuestos, una correspondencia fiscal entre la jurisdicción que ejecuta el gasto y la que recauda y eliminar superposiciones de gastos entre nación, provincias y municipios.

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Federico Vacalebre