El RIMI y el desafío de las Pymes argentinas

Autor
Francisco Pertierra Cánepa
Medio
Data Clave
Mes/Año
26 de junio de 2026
Francisco Pertierra Cánepa

La experiencia argentina muestra que solo los incentivos tributarios no alcanzan.

El RIMI nace con la ley 27.802 para incentivar la modernización, incorporación de tecnología y renovación de capital en el sector pymes mediante beneficios fiscales vinculados con la amortización acelerada en ganancias y la devolución anticipada de créditos fiscales de IVA. Busca fortalecer la productividad y competitividad al estimular la inversión en activos productivos que permitan mayor eficiencia, reducir costos y mejorar escalas operativas, incentivando procesos de tecnificación y capacidad instalada.

Focaliza en las pymes por ser el gran generador de empleo regional, pero es prudente comprender que el sector es muy heterogéneo y de alta variabilidad, con deficiencias históricas de management profesional, ausencia de financiamiento, elevada presión tributaria, volatilidad macroeconómica y dificultades para sostener inversiones de largo plazo. Como la normativa exige mínimos escalonados, esto aleja del mapa a las pequeñas, ya que necesitan diagnósticos particulares para evaluar su viabilidad y no pueden asumir sus costos fijos; los beneficios de flujos de caja futuros no contribuyen a darles respuesta. A su vez, existen casos donde la necesidad pasa por inversiones menores —actualización de equipamiento, pequeñas maquinarias o software de gestión—, donde el financiamiento tradicional es inexistente.

Conocer el mundo pyme implica segmentación para evaluar posibles reingenierías, ya que presentan carencias graves en su capacidad de análisis estratégico o esquemas de conducción aferrados a paternalismos obsoletos ante el cambio paradigmático. La capacitación limitada de sus cuadros, la baja adopción tecnológica, el elevado costo financiero, el crédito inaccesible y la informalidad continúan representando obstáculos estructurales para la inversión y el crecimiento.

Entonces, el éxito del RIMI dependerá no solo de los incentivos fiscales, sino también de la capacidad del sistema financiero y del mercado de capitales para canalizar recursos hacia la inversión productiva. Para ello es imprescindible promover nuevos modelos de dirección que generen un cambio cultural adaptado al nuevo paradigma. Por eso hay que aplicar políticas de faros largos, entendiendo las diferencias interpyme y desarrollando soluciones de capacitación a medida a través de establecimientos educativos, instituciones intermedias, colegios profesionales y asociaciones civiles, tanto desde el sector privado como mediante convenios con provincias y municipalidades. En este marco, el fideicomiso resulta una herramienta relevante para fortalecer la modernización de las PyMEs, explotando sus ventajas jurídicas y de negocios.

Un problema grave es la dificultad para acceder al financiamiento por carecer de un modelo profesionalizado en la toma de decisiones estratégicas, aun cuando existan incentivos fiscales adecuados. Si bien las tasas tienden a la baja, la transición es lenta y persisten niveles significativos, agravados por la suba de tasas de la segunda mitad de 2025 frente a la incertidumbre electoral.

Los fideicomisos se destacan como herramienta óptima para estructurar financiamiento y garantías en proyectos de inversión, securitizar créditos productivos, aislar riesgos patrimoniales y organizar fondos anticrisis y de riesgo laboral. En sectores como el agropecuario e industrial podrían diseñarse fideicomisos para riego, maquinaria, energía y mejoras tecnológicas en cadenas regionales, potenciados con grandes fideicomisos para atender la urgente necesidad de infraestructura civil, otorgando mayor transparencia, trazabilidad y seguridad jurídica. El desafío del RIMI no debe limitarse a beneficios fiscales, sino complementarse con instrumentos que movilicen el ahorro hacia la inversión productiva.

La experiencia argentina muestra que solo los incentivos tributarios no alcanzan para revertir problemas estructurales sin estabilidad macroeconómica, acceso al financiamiento y desarrollo del mercado de capitales, partiendo de un cambio cultural permanente que garantice la sostenibilidad. Los FID son la herramienta de salvaguarda para articular el financiamiento y el desarrollo productivo, contribuyendo no solo a mejorar la competitividad de las PyMEs, sino también a recuperar el empleo digno, la productividad y la capacidad de crecimiento económico sostenido para una mayor calidad de vida de todos los argentinos.