Los accionistas echaron a la gerencia, dejan al CEO como figura protocolar y se hacen cargo de la empresa

Por Ignacio Labaqui

El Economista 1 de agosto de 2022

Massa convenció a los demás socios del Frente de Todos de su capacidad de salvar al gobierno: ahora deberá demostrarlo

El desembarco de Sergio Massa como superministro de Economía supone una intervención de los principales actores del Frente de Todos sobre el Gobierno de Alberto Fernández.

En cada recambio ministerial el Presidente ha venido sacrificando colaboradores convirtiéndose así en una figura cada vez más similar a la del jefe de Estado de un régimen parlamentario, que preside pero no gobierna.

La Presidencia en modo alguno ha sido vaciada de poder y más allá de que Fernández pierde gravitación aún conserva el poder de la lapicera. Que en el caso del Presidente es utilizada más por la negativa que por la positiva. Para demorar decisiones, antes que para ejecutarlas y ejercer de modo proactivo el cargo para el que fue elegido en 2019.

En otras oportunidades comparé al Frente de Todos con una sociedad por acciones en la que el kirchnerismo, con la vicepresidenta a la cabeza, es el principal accionista y en la que los gobernadores peronistas y Sergio Massa son accionistas mayoritarios. El presidente Fernández algo así como el CEO de esa sociedad. Utilizando la misma analogía puede decirse que el arribo de Massa al gabinete es producto del descontento de los accionistas mayoritarios y minoritarios con el funcionamiento de la gerencia.

En virtud de ello, los accionistas (Cristina, Massa, los gobernadores) han decidido echar a la gerencia, dejar al CEO como una figura protocolar y hacerse cargo ellos mismos del manejo de la empresa.

La falta de rumbo y la perspectiva del abismo político probablemente llevaron a que la vicepresidenta aceptara entronizar a Massa como cabeza de un súper ministerio de Economía. Aquello que ella misma rechazó hace casi un mes luego de la renuncia de Martin Guzmán, cuando junto a Fernández optaron por Silvina Batakis como una solución de compromiso.

Massa tendrá finalmente la oportunidad de relanzar una carrera política que desde el tercer lugar obtenido en la elección presidencial de 2015 venía en franco declive. Su llegada al ministerio es un premio a sus habilidades para la política de palacio o lo que comúnmente se denomina como rosca. No se trata con todo una apuesta de riesgo. Dado que quien nada tiene para perder, nada arriesga. Y ese es el caso de Massa. El presidente de la Cámara de Diputados tiene niveles de rechazo igual o más altos que los de Fernández y Cristina Kirchner.

A diferencia de Cristina, Massa no cuenta con un núcleo duro de votantes leales. Su partido, el Frente Renovador, cuenta con escaso poder territorial y un puñado de diputados. Para decirlo de forma sencilla con muy pocos recursos Massa logró convertirse en la figura más poderosa del gabinete. El superministerio de Economía es un premio a su audacia. Y como bien reza el viejo dicho, “la fortuna sonríe a los audaces”.

Pero en política sin audacia no se puede, y con la audacia sola no alcanza. Junto a la fortuna también hace falta la “virtud” como señalaba Maquiavelo.

Massa asume el Ministerio de Economía luego de un mes de turbulencias financieras, el que el riesgo país y la brecha cambiaria alcanzaron niveles récord y con una aceleración en el ritmo de aumento de precios. De momento su designación ha generado entusiasmo en el mercado financiero.

1 - ¿Cuál es el plan que Massa trae bajo el brazo?
2 - ¿Quiénes integran el equipo que acompañará a Massa?
3 - Si efectivamente Massa planea tomar medidas audaces ¿contará con el apoyo de la vicepresidenta?
4 - Y vinculado a eso, ¿por qué el kirchnerismo aceptaría que Massa lleve a cabo aquello que no le dejó hacer a Guzmán?

El nuevo ministro desplegó a lo largo del último mes una habilidad notable para convencer a los demás socios del Frente de Todos, y especialmente a la vicepresidenta, de su capacidad para salvar al gobierno, condición sine qua non para que el oficialismo llegue con chances a la elección presidencial de 2023. Su desafío ahora es demostrar esto en el campo de juego.

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Ignacio Labaqui