“Más difícil que dolarizar sería intentar ir contra esa decisión individual”

Autor
Diana Mondino
Medio
Infobae
Mes/Año
5 de junio de 2022
Diana Mondino

La economista, profesora de Ucema, alertó en diálogo con Infobae por la fuerte descoordinación de las variables macro: la devaluación es muy inferior a la tasa de inflación y persiste el atraso de las tarifas

El Gobierno, desde el Presidente hasta su ministro de Economía, parece haber ingresado en modo campaña 2023, habida cuenta de que desde la firma del acuerdo de refinanciamiento de la deuda con el FMI no ha producido hechos ni tomado medidas de política que conduzcan a revertir la aceleración de la inflación a un nuevo escalón próximo a los tres dígitos porcentuales al año, y por tanto evitar el rápido enfriamiento de la actividad económica agregada, con muy pocas excepciones.

Ya en septiembre 2021, cuando todavía el ritmo de los precios se movía a una velocidad que parecía controlable, en torno a 50%, Diana Mondino alertaba en una entrevista sobre los riesgos de la dominancia fiscal, por el ritmo de aceleración del gasto público, y hoy a apenas nueve meses de entonces se está transitando por un sendero con doble tasa de inflación, desaceleración a la mitad del ritmo de actividad, y con acuerdo con el FMI de por medio, inquietante suba de la tasa de riesgo país.

Ahora, con un escenario más complejo, la economista profesora y directora de Relaciones Institucionales de la Universidad del CEMA, alertó en diálogo con este medio que se ha caído en un “círculo vicioso: El Estado se siente en la obligación de paliar esa situación y aumenta más el gasto y los impuestos”.

— En una entrevista anterior, en septiembre 2021, me dijo que aumentar el gasto público es echarle leña al fuego. El ministro Guzmán dejó que abril 2022 se expandiera a un ritmo de 87% al año ¿Qué efectos generará sobre el resto de la economía?

— Tanto el nivel como el crecimiento del gasto público en Argentina son un problema. Por el elevado nivel o monto del gasto es necesario mantener una muy alta presión impositiva que ahoga a familias y empresas. Así, no hay crecimiento y no mejora el empleo. El Estado se siente en la obligación de paliar esa situación y aumenta más el gasto y los impuestos. Un círculo vicioso. Recordemos que los impuestos no alcanzan a cubrir el gasto público y por lo tanto tenemos déficit primario, al que hay que sumar otros dos montos muy importantes: los intereses de la deuda y el déficit del propio BCRA. No podemos olvidar que Argentina tiene que pagar sus gastos y honrar sus deudas, o como mínimo los intereses.

— ¿Es un fenómeno que se puede encasillar entre las causas o las consecuencias de la emisión de deuda y pesos por parte del BCRA?

— Justamente, el aumento del gasto que no se puede pagar con impuestos se cubre con aún más deuda o emisión, y la situación dista de mejorar. Con la deuda ya sabemos que tenemos problemas y la emisión del BCRA más temprano que tarde trae aparejada más inflación. Soy de los economistas que creen que la emisión causa inflación, pero aún para aquellos que creen que es un elemento neutro les pregunto: si así fuera ¿porqué el BCRA intenta “esterilizar” o reabsorver esos pesos, emitiendo deuda (Leliq) y pagando tasas de interés cada vez más altas? A su vez, como el BCRA no tiene fuentes propias de fondos, necesariamente deberá emitir para pagar su propia deuda. Es lo que llamamos déficit cuasi-fiscal.

— Como destaca, una de las consecuencias de ese proceso es el constante aumento de la deuda del BCRA con el sistema financiero a través de Leliq y Pases, que ya equivale a un 10% del PBI ¿Cuál cree que es el punto crítico?

— Si hay un punto crítico, nos vamos a enterar cuando los Bancos no compren más Leliq a pesar de estar casi forzados, o cuando la gente encuentre alguna forma de preservar el valor de sus depósitos. Más que el porcentaje del PBI, lo que importa es la dinámica. Es cierto que crece menos que la inflación, pero lo mismo es futura emisión. El BCRA está manejando con razonable prudencia esta bola de nieve, lo que no es nada fácil. Lamentablemente hay cada vez más restricciones y cepos varios para lograr que ese dinero se mantenga en Leliq y no se vaya al dólar o a bienes, con el consecuente aumento de precios. Podría decirle: ¿se imagina lo que sería la inflación si no tuvieran esta política de “absorber” el exceso de pesos con Leliq? El drama es la la necesidad de financiar el gasto, ahí es donde hay que focalizarse en forma urgente.

— A poco más de dos meses de haber firmado un nuevo acuerdo con el FMI con metas de contención del gasto público real, revertir el atraso cambiario, y tender hacia tasas reales positivas, se avanzó en la dirección opuesta, y se elevó ostensiblemente el déficit fiscal, pero los técnicos auditores del Fondo guardaron silencio ¿Qué piensa de ese escenario?

— ¿Está seguro qué los auditores guardan silencio? Todavía no ha transcurrido el trimestre para la revisión formal. Las buenas intenciones en el papel no se están viendo en las medidas de política económica. El contexto internacional puede servir de paraguas: hay demasiados problemas en el mundo para que el FMI se ponga firme con Argentina. Los que tenemos que ponernos firmes somos los ciudadanos y ayudar al Gobierno a reducir gastos. Hoy es evidente que hay fuerte descoordinación de las variables macro: la devaluación del dólar oficial es notoriamente menor que la inflación, lo que aumenta la presión de los importadores, que quieren aprovechar la brecha actual. A pesar de aumentos en los costos las tarifas suben poco, lo que a su vez genera otro tipo de presiones adicionales: subsidios con escaso control (más gasto!!) y lo más obvio: las tarifas algún día deberán subir, e impactarán en la inflación.

Tenemos un descalabro de precios relativos, es decir, no tenemos una inflación de libro donde todos los precios van subiendo más o menos parejito. Es indispensable que haya cierta lógica en precios relativos, y correjirlo a su vez fomenta más inflación. Creo que a eso es a lo que llaman “multicausal” en el gobierno. Cuando querés arreglar un entuerto, aparece otro. ¡No es fácil nadar para arriba en una Catarata! Para coordinar las variables fiscales y monetarias haría falta que realmente se comparta este diagnóstico y distinguir entre efectos instantáneos y en el largo plazo. La prueba que no comparten este diagnóstico es que las tarifas que estaban razonablemente en línea luego del esfuerzo (para algunos) o abuso (según otros) hasta 2019, se abandonó. Es como ir al supermercado, pasar por caja y no llevarse el carrito. Ya habíamos pagado gran parte del costo.

Otro elemento vital es el salario real. Con productividad que no mejora -por decirlo elegantemente- y esta inflación, hay serios problemas. Recomponer mínimamente salarios inevitablemente termina en un aumento de precios. Otro círculo vicioso que es indispensable romper.

— Otro efecto de esa descoordinación de las variables macroeconómicas fue el notable aumento del impuesto inflacionario que el Gobierno intenta atenuar con bonos suplementarios para jubilados y perceptores de planes asistenciales; y ahora, a instancias del presidente de la Cámara de Diputados, del aumento del mínimo no imponible de Ganancias sobre la Cuarta Categoría, pero deja indefenso a la mayor parte de los trabajadores ¿Esa discriminación anticipa un aumento de la conflictividad laboral y social?

— Si para mitigar los efectos de la inflación sobre jubilados y planes se emite más, se complica más el tema. Es como seguir bebiendo cuando hay resaca por la borrachera de anoche. Claro, los que cobran quieren un aumento, pero más efectivo sería permitir que puedan insertarse en algún tipo de trabajo y en el caso de los jubilados no seguir fomentando gastos de Anses no vinculados con sus funciones. Aquí está clarísimo una de las tragedias de nuestra política económica: no hay fuentes de financiación genuina para pagar buenas prestaciones, como corresponde.

El caso del Impuesto a las Ganancias es sorprendente. Cada nueva revisión deja intactos los problemas de base: hay saltos en la escala, las deducciones no se mueven, algunas categorías como autónomos son castigadas, etc. Está lejísimos de ser un sistema fiscal armónico y olvídese que fomente ahorro e inversión. Todos deberíamos pagar Ganancias pero en porcentajes muchísimo menores.

— Frente a semejante desbarajuste y resistencia del Gobierno a presentar un plan económico, al punto que la falta de reelaboración del rechazado legislativamente Presupuesto 2022 fue la primera meta incumplida del ministro Martín Guzmán, crece el debate sobre que una de las formas de “ordenar” la economía es cambiar el régimen monetario. ¿Usted que piensa, dolarización si, o no?

— Cambiar la balanza no me hace más flaca. La política monetaria no puede reemplazar los problemas fiscales ni los desequilibrios comerciales ni las dificultades sectoriales. Pero sí puede servir para obligar a realizar muchos cambios vinculados con la productividad y flexibilidad de la economía. No se puede dolarizar y tener un régimen impositivo y laboral radicalmente distinto que otros países. Lo que sí se puede hacer es definir libertad de contratación, reducir restricciones, acomodar los precios relativos acomoden y después tal vez no sea necesario dolarizar. O sí, por la pasión insensata de nuestros gobiernos de varias décadas de gastar más que lo que ingresa. Si no flexibilizamos, el costo será inmenso, y terminaremos dolarizados a niveles de una economía pauperizada. Sería el peor de los mundos, que haría aún más difícil que el gobierno pudiera cumplir sus compromisos. No confundamos un mensaje con un objetivo político con todo lo que es necesario para poder llegar a ese objetivo. La economía ya está dolarizada o con precios en alguna otra variable (litros de leche, por ejemplo) y más difícil que dolarizar sería intentar ir contra esa decisión individual.

— Hay amplio consenso entre los economistas en que el sistema tributario argentino es un mamarracho, plagado de defectos e ineficiencias, que se manifiestan en más de 160 impuestos, incluyendo tasas y contribuciones, nacionales, provinciales y municipales, pero apenas 10% explican más del 90% de la recaudación y no aparece en la agenda de preocupación de los partidos políticos. ¿Cree que la sociedad se ha acostumbrado y resignado y por tanto sigue pagando?

— La sociedad sigue pagando… ¡pero sólo algunos de esos impuestos! Hay un fenomenal grado de evasión. Al mismo tiempo, hay empresas que pagan muchísimo más que sus ganancias. Es fácil: si tenemos 50% de pobres que pagan pocos impuestos y la recaudación total ronda el 40%, quiere decir que hay gente que paga muchísimo más. La sociedad está cada día menos resignada o comprometida con el pago de impuestos. El que paga no tiene premio, el que demora o evade no tiene castigo.

— La Encuesta de Indicadores Laborales del Ministerio de Trabajo ha detectado un creciente aumento de la tasa de vacancia de profesionales en las empresas, y no pareciera que se deba a un exceso de demanda ¿Puede leerse como que en la Argentina el “saber no ocupa lugar” y por tanto se lo desalienta con elevadas cargas tributarias, como la diferenciación negativa que se advierte entre los asalariados de la Cuarta Categoría de Ganancias y los trabajadores Autónomos?

—— Muchos trabajadores prefieren eludir algunos impuestos (organizar sus actividades de manera que legalmente no deben pagar). No son sólo los profesionales, abundan las cooperativas que tienen grandes ventajas frente a un trabajador registrado. También es sumamente importante la posibilidad de trabajar para el exterior, con salarios más altos y/o “olvidándose” de contarle al fisco argentino. Las ventajas de trabajar fuera de la empresa son muy grandes para algunas profesiones, pero no todas. Eso también crea una tensión: hace 5 años había paridad entre personas, por ejemplo del sindicato de comercio, y hoy las ventajas de la venta por internet son grandes. Por lo menos, ¡mientras duren!.

— ¿Cuáles son sus principales preocupaciones sobre la realidad macroeconómica nacional?

— Hasta qué hora tiene para que charlemos? (Risas). Empiezo por lo micro: Creo que lo más importante es que no hay incentivos a trabajar, la productividad cae continuamente, es muy difícil innovar y la presión fiscal o sindical dificultan la creación de más empleo. Dicho esto, hay fuertes disparidad entre empresas que pudieran ser similares, pero según sea su situación financiera, o si tienen ingresos dolarizados, resulta que tienen grandes diferencias. No necesariamente crece o gana más dinero o duerme más tranquilo el que trabaja mejor, sino aquel que quedó del lado de la suerte de la taba.

— En los últimos 20 años se ha observado una importante renovación del cuadro político, pero también una enorme resistencia de la sociedad a validar reformas económicas sustanciales, las cuales difícilmente estén exentas de defectos en su implementación. ¿Con el “fenómeno Milei”, ve la posibilidad de que se esté frente a un cambio, habida cuenta que en la principal fuerza de oposición al Gobierno comparten muchas de sus ideas libertarias?

— Lo que llama “fenómeno Milei” ya es independiente de la persona. Son las ideas y conceptos los que le llegan a la gente y me parece que está ocurriendo muy rápidamente. No estoy de acuerdo en que todos en la la oposición compartan muchas ideas liberales, y aún menos las libertarias. Sin embargo, hay gente muy valiosa en el Congreso que está haciendo mucho esfuerzo. No los nombro para no olvidarme de alguno.

A pesar de este esfuerzo, lamentablemente se ha inclinado tanto la cancha que no sé si será factible hacer un reordenamiento de la economía desde una situación razonable. Si tenemos una crisis no tengo idea de lo que podría ocurrir. Sí sé, estoy convencida, lo firmo y certifico, que recuperar la confianza va a llevar mucho tiempo. Y sin confianza no hay crecimiento. Dejemos de pedir la perfección. Necesitamos mejorar o por lo menos, dejar de caer. Creo que muchas reformas económicas serán inexorables…pero no sé cuándo!

— ¿Qué opina de los cambios políticos que están ocurriendo en América latina, donde llegan a la presidencia nuevos líderes con ideas renovadoras, pero rápidamente ven caer su popularidad, porque las motivaciones que les sirvieron para llegar no resultan sólidas para sostenerse y avanzar en las propuestas de cambio para impulsar la economía y generar una sociedad con mejor calidad de vida general?

— Creemos que ser líder es hablar bonito y que prometer es fácil, pero cumplir requiere un esfuerzo y sobre todo, si las medidas son buenas suelen tardar en tener efectos positivos. En cambio, si son malas, se nota enseguida. ¿No le llama la atención que casi todos quieren ser presidente prometiendo, pero sin decir cómo lo van a lograr? No existen los atajos: la mejor calidad de vida se da con poderes independientes, justicia ágil y eficaz, equipos de trabajo, etc. y casi por definición eso llevará tiempo.

— ¿Qué espera para los últimos 18 meses de gobierno del Frente de Todos?

— Espero que no corran hacia el abismo, que controlen el déficit fiscal y bajen el gasto. Ojo, es sumamente difícil y no solo por presiones políticas.

— ¿Una reflexión final?

— Tenemos problemas macro, micro, familiares. Ni los chicos deberían irse ni sus padres resignarse a eso. La única solución es trabajar, trabajar y trabajar. No hay nada mágico. A eso hay que sumarle paciencia. Está en cada uno de nosotros hacerlo y también exigirlo.