El frente cambiario y sus mayores dificultades en 2023

Autor
Federico Vacalebre
Medio
TN
Mes/Año
5 de diciembre de 2022

OPINIÓN. El programa financiero en moneda extranjera será menos holgado que en 2022. Esto se explica principalmente por el cambio de signo en las operaciones con el FMI.

Para septiembre, la actividad económica tuvo un retroceso mensual de tan solo 0,3%. Así, la actividad económica agregada acumuló un incremento del 6,2% en lo que va del año. Esto demuestra una desaceleración respecto del avance interanual de agosto (6,6%). A su vez, datos de comercio exterior, arrojaron que el intercambio comercial, en octubre, registró un superávit de u$s1.827 millones. El flujo de exportaciones fue de $7.901 millones, con un aumento interanual del 15% (que se explica tanto por una suba en precios como cantidades, +6,4% y +8,2% interanuales, respectivamente). El regreso al superávit de balanza comercial se explica en buena medida por el rezago en el registro de las exportaciones del dólar soja. El flujo de importaciones fue de u$s6.074 millones, con una variación interanual del 16%.

En lo comercial, el INDEC comunicó que, en septiembre, las ventas reales de supermercados registraron un aumento del 0,8% interanual. Probablemente en esta dinámica haya mediado la caída de la demanda de dinero en los últimos meses con un régimen inflacionario que corre por encima del 100% anualizado, impulsando a los consumidores a amparar sus ahorros en bienes durables y en divisas. Precisamente, el dólar blue registra un alza de más del 10%. A pesar de esto, todavía se ubica nominalmente $18 por detrás del máximo de fines de julio, con un nivel de precios agregado que en el mismo lapso aumentó al menos un 28%. Es decir, en términos reales, se ubica un 26% por detrás del pico de estrés en la crisis política y financiera de julio.

Dólar soja 2.0

En lo concreto, se lanzó el dólar 2.0 y quizás ese sea el dato más resonante. Con el dólar soja “anterior”, se abrió las puertas a un esquema aún más complejo de múltiples tipos de cambio diferenciales y terminó por quitarle cualquier tipo de atractivo remanente al dólar oficial. Tras la finalización del dólar soja 1.0, el avance de la comercialización sojera regresó a niveles anteriores recientes excluyendo años de sequía.

En un contexto donde las liquidaciones caen por motivos estacionales, entre el tercer y cuarto trimestre, el 2022 no fue la excepción. Pero el dólar soja agravó la dinámica, dado que mientras que la agroindustria liquidó u$s158 millones promedio diarios previo al dólar soja, las liquidaciones en octubre cayeron a u$s64 millones diarios y en las últimas 20 rondan los u$s46 millones diarios. Así, el dólar soja forjó los incentivos esperados. Un adelantamiento de liquidaciones futuras y, a posteriori, un corrimiento prácticamente total de la oferta.

A pesar de la profundidad que representó la compra neta de casi u$s5.000 millones en el mercado de cambios en septiembre, la situación empeoró rápidamente con una dinámica de ventas del BCRA muy acentuada en octubre y, particularmente, noviembre. Hasta el 25/11, el BCRA ya llevaba vendidos más de u$s1.500 millones desde que finiquitó el dólar soja I (35% de lo que logró comprar en la ventana anterior). Una persistencia en la dinámica cambiaria complicaría el cumplimiento de la meta de reservas netas del último cuatrimestre. No solo se agravó retrospectivamente la situación por las ventas actuales del BCRA en el MULC, sino también por un empeoramiento de las perspectivas de divisas de cara al 2023, especialmente en lo que respecta a la cosecha triguera.

Con respecto a la cosecha gruesa, tanto la soja como el maíz revelan un ritmo de siembra demorado como consecuencia de la falta de humedad en el suelo. La demora tendrá consecuencias en los rindes. Las consecuencias de la modificación del momento de implantación del cultivo sobre su crecimiento resultan de la incidencia de la temperatura y la radiación. Cuando la siembra se retrasa, las mayores temperaturas provocan caídas en los rindes esperados al momento de la cosecha. Sobre este escenario, si la sequía se dilatara durante los próximos meses, la producción podría sufrir más aún. Trigo, maíz y soja, entre diciembre 2022 y agosto 2023, podrían aportar unos u$s9.000 millones menos en comparación con la última campaña.

Cómo llegar a marzo/abril

En materia de reservas, todavía resta por precisar si se recibirán los desembolsos. Aun asumiendo que se cumplieran los desembolsos restantes estimados, faltaría que el BCRA acumule genuinamente por lo menos u$s1.200 millones. El interrogante es cómo se llegaría a marzo/abril, después de que la economía posiblemente cobre un rumbo distinto (más influenciado por la dinámica político-electoral).

Recordemos que en enero se deben afrontar pagos a bonistas privados por poco más de u$s1.000 millones, una cifra que se repite nuevamente en julio. Si bien los pagos al FMI entre enero y abril están 100% calzados con los desembolsos que se recibirán en diciembre y marzo 2023 (sujeto al cumplimiento de las metas), desde mayo en adelante las operaciones con el FMI dejan de significar un financiamiento neto positivo.

Por otra parte, si bien los valores pueden variar por diferencias cambiarias, en el lapso preelectoral (mayo-agosto 2023) tendremos pagos netos al Fondo por más de u$s2.200 millones. Una de las principales diferencias con el 2022. En el 2023, representarían un egreso neto de divisas por más de u$s3.500 millones, contemplando capital e intereses. Las exportaciones, por su parte, presentan riesgos a la baja por la situación agrícola local y por un frente externo de menor dinamismo en materia de actividad.

En pocas palabras, el frente cambiario presenta mayores dificultades en 2023. El programa financiero en moneda extranjera es menos holgado que en 2022. Lo que se explica principalmente por el cambio de signo en las operaciones con el FMI. Esto se da sin contemplar la compleja dinámica de la deuda comercial privada que en sucesivas ocasiones sufrió modificaciones normativas. En sí, los tipos de cambio diferenciales parecieran ser las soluciones cortoplacistas para no devaluar y poder llegar a marzo/abril, donde el escaso margen de maniobra de la macro definirán el sendero del restante 2023.