La inflación encadena su tercera baja al hilo, pero la inercia sigue siendo el enemigo más difícil de vencer

Autor
Federico Vacalebre
Medio
TN
Mes/Año
26 de julio de 2026

El dato de precios de junio trajo una confirmación que el equipo económico celebra, aunque con la cautela que impone un proceso todavía inconcluso.

La inflación del mes se ubicó en 1,9% y encadenó así su tercer descenso consecutivo, en una trayectoria de moderación gradual que se viene sosteniendo desde abril. Como en los dos meses anteriores, el motor de la mejora fue el componente que mejor refleja la tendencia de fondo, la inflación núcleo, mientras que los precios estacionales y los regulados empujaron en sentido contrario.

Al abrir el índice por rubros, el que encabezó las subas fue Recreación y cultura, con un avance del 4,2%, seguido por el capítulo que agrupa a la vivienda y los servicios de electricidad, gas y agua, con un 3,3%, y por Salud, con un 2,9%. Esos tres rubros explicaron cerca de la mitad del incremento del índice general. Sin embargo, la mayor incidencia sobre el resultado final la tuvo el rubro de mayor peso en la canasta, Alimentos y bebidas no alcohólicas, que pese a haber registrado una suba más contenida del 1,3% aportó por sí solo cuatro décimas al avance total.

El comportamiento de las categorías especiales muestra un contraste interesante. Tanto los precios estacionales como los regulados presionaron al alza, con incrementos del 3,4% y del 2,3% respectivamente. El dato alentador está en los regulados, que vienen moderando de manera notable su ritmo de aumento, ya que pasaron de subir un promedio del 4,7% mensual entre febrero y abril a un 2,3% en los últimos dos meses. Esa desaceleración de las tarifas de servicios públicos es una de las razones que ayuda a explicar la mejora del índice general.

La inflación núcleo

El corazón de la buena noticia, de todos modos, está en la inflación núcleo, que excluye los precios más volátiles y los regulados. Esa medición volvió a moderarse hasta el 1,6%, tres décimas por debajo del registro de mayo, y marcó su menor variación desde julio del año pasado. Puesto en perspectiva histórica, se trata de un valor destacado, ya que desde comienzos de 2017 el núcleo solo mostró un registro más bajo en siete oportunidades. Detrás de ese resultado vuelve a aparecer un protagonista conocido, el precio de las carnes, que apenas subió un 0,1% en el mes, muy por debajo de los fuertes aumentos que había mostrado a comienzos del año.

Precisamente para aislar ese efecto, resulta útil observar una medida de inflación núcleo depurada del comportamiento de la carne. Esa medición también volvió a desacelerarse y se ubicó en 1,8%, frente al 2,1% de mayo. La moderación por tercer mes consecutivo refuerza la idea de que el salto de las carnes registrado a comienzos del año fue transitorio y está perdiendo incidencia. Sin embargo, el promedio de los últimos tres meses todavía se mantiene por encima del mínimo alcanzado a mediados del año pasado, lo que demuestra que la inercia continúa siendo el principal desafío de la política antiinflacionaria.

Desde mediados de 2025, la inflación subyacente descendió a la zona del 2% mensual, pero no logró perforar ese piso de manera sostenida. Los precios parecen haber encontrado un escalón difícil de bajar, una resistencia que la experiencia internacional asocia a los tramos más avanzados de todo proceso de desinflación, cuando la dinámica de precios se vuelve pegajosa. Vale recordar que los procesos de estabilización no son lineales y que llevar la inflación de nuevo a un solo dígito anual, desde el 33,5% en que se encuentra hoy la medición interanual, es una tarea que suele demandar años.

Hacia adelante, el consenso de los analistas espera que la moderación continúe, aunque de manera muy pausada, con una inflación que cerraría el año en torno al 30% anual. Habrá factores que jueguen en ambos sentidos. Del lado de las presiones al alza, aparecen una eventual recuperación de los salarios, un posible ascenso del dólar y la aparición de algún shock externo que reactive los precios estacionales. Del lado de la contención, en cambio, operan un consumo interno que sigue débil y un menor ritmo de ajuste en las tarifas reguladas, en línea con lo ocurrido en los últimos meses.

El frente financiero

El Tesoro llevó adelante su primera licitación de deuda de julio con un resultado holgado. Frente a vencimientos por 2,97 billones de pesos, la Secretaría de Finanzas recibió ofertas por 8,45 billones y adjudicó 5,43 billones, lo que arrojó una renovación del 183% y un financiamiento neto positivo.

La colocación mostró, además, un claro sesgo hacia la extensión de plazos, con lo que el Tesoro volvió a estirar el perfil de vencimientos en moneda local y prolongó la vida promedio de su deuda en cerca de un año, en línea con la estrategia que viene aplicando en las últimas subastas.

La gran novedad de la licitación fue el estreno de un nuevo bono en dólares bajo legislación local, el tercero de este tipo emitido en lo que va del año. El objetivo oficial es captar hasta 2.000 millones de dólares con ese instrumento en las próximas semanas, y en su debut el Tesoro adjudicó 470 millones pese a recibir ofertas por más del doble, una demanda que superó holgadamente el monto finalmente colocado.

En la reapertura de la rueda siguiente, la adjudicación acumulada llegó a 611 millones, alrededor de un tercio del objetivo total, a una tasa promedio del 8,29%. El dato más significativo es que el nuevo bono se colocó prácticamente en línea con los títulos soberanos de duración similar, sin que el mercado exigiera un premio adicional por tratarse de una emisión nueva, lo que constituye una señal favorable para la estrategia oficial de financiarse a tasas razonables.

El mercado de cambios

El movimiento más llamativo, sin embargo, se dio en el mercado de cambios. El Banco Central concretó la mayor compra diaria de divisas desde el inicio de la actual gestión, con una adquisición de 532 millones de dólares en una sola jornada. Con ese impulso, la autoridad monetaria acumuló compras por 1.445 millones en lo que va de julio, un contraste notable frente al mismo período del año pasado, cuando las adquisiciones habían sido prácticamente nulas. Aun así, esa mejora en la acumulación de reservas no alcanzó para reactivar la baja del riesgo país, que continúa estabilizado alrededor de los 410 puntos básicos. El deterioro del clima financiero internacional y la suba de las tasas largas en los Estados Unidos ayudan a explicar esa lateralización.

El balance deja una lectura de cauteloso optimismo. La inflación sigue cediendo, el financiamiento en pesos no presenta mayores sobresaltos para lo que resta del año y la acumulación de reservas atraviesa un buen momento. La gran incógnita, como en tantos otros frentes, se traslada al año próximo, cuando las necesidades de financiamiento serán mayores y su cobertura dependerá de que la demanda del mercado por los instrumentos en dólares se sostenga en un contexto condicionado por la actividad económica, la liquidez del sistema y el nivel del riesgo país. Por ahora, los indicadores acompañan, pero la película recién entra en su tramo decisivo.

(*) Federico Pablo Vacalebre es profesor de la Universidad del CEMA.